De la ‘Mannschaft’ a Al Qaeda

Burak Kanan OKÁLVARO MÉNDEZ | Si hiciéramos una encuesta a pie de vestuario a la inmensa mayoría de los jugadores de élite del balompié mundial me atrevo a confirmar que obtendríamos un amplio consenso en un tema muy concreto. Desde muy pequeños casi todos vieron en el fútbol la meta de su vida, el fin último por el cual merece la pena robar horas de sueño, entrenar hasta la saciedad, sacrificar estudios y carrera o decir adiós a la amada familia y a los amigos de la infancia. Dejando a un lado las verbenas y las orgías de las que el sensacionalismo barato intenta sacar tajada, el ‘sí, quiero‘ al profesionalismo supone un compromiso de una exigencia extraordinaria. Por todo ello, cuesta trabajo creer que por encima del balón pueda existir un ideal superior para quienes se han entregado en cuerpo y alma al terreno de juego. Sin embargo, el dramático conflicto en Siria ha revelado la historia de uno de los jóvenes más prometedores de Alemania, que colgó las botas para servir a Alá en la yihad contra el Gobierno de Al Asad.

De familia turca, Burak Karan nació un 11 de septiembre en la teutona Wuppertal, en la industrial cuenca del Ruhr. Como le ha ocurrido a muchos otros hermanos de sangre, su alma otomana pronto quedó teñida por los colores de la ‘bundesflagge‘ con el transcurrir de los años en el país centroeuropeo. Creció con un esférico atado al zapato y, fruto de esta romántica pasión, se encontró cara a cara con su primera gran oportunidad. Con 16 años, el joven Burak ingresó en las categorías inferiores del Bayer Leverkusen, tras lo cual recaló en el Hertha de Berlín. Sus habilidades para el corte y la distribución en el centro del campo no pasaron inadvertidas para los técnicos y ojeadores de la ‘Mannschaft‘, que no dudaron en escogerle para los compromisos de las selecciones sub-16 y sub-17. Fue en estos años dorados cuando compartió convocatorias, entrenamientos y sufrimientos con otros jóvenes que ya apuntaban maneras por aquel entonces y que hoy son realidades absolutas como Sami Khedira o Kevin-Prince Boateng.

Pero su nombre fue quedando en un segundo plano. Karan no encontró su sitio con ninguna de las elásticas que vistió en los años siguientes. Hamburgo, Hannover 96 y Alemannia Aachen apenas pudieron disfrutar de aquella prometedora luciérnaga que se apagó antes incluso de echar a volar. Su rendimiento en caída libre hizo que pusiera fin prematuramente a su carrera en 2008, con sólo 20 años. Aunque, tal y como cuentan muchos miembros de su familia, la razón a semejante bajón físico puede explicarse con las doradas grafías del sagrado Corán.

“Burak me dijo que el dinero y su carrera no eran importantes para él y, en vez de eso, comenzó a buscar continuamente vídeos en Internet sobre zonas en guerra. Estaba desesperado y se sentía profundamente identificado con las víctimas”, explicó su hermano a un conocido medio de comunicación alemán. El entonces imberbe Karan fue gradualmente cambiando su modo de vida mientras quedaba seducido por el fanatismo islámico. Un sospechoso y puntiagudo vello facial fue inundando su mandíbula al tiempo que las zamarras desaparecían de su armario para dejar hueco a las amplias túnicas. Como un hijo pródigo que vuelve a su patria preparado para el combate, regresó a su Turquía natal y contactó con el islamista radical Emrah Erdogan para ponerse al servicio de la yihad.

Debido a su acercamiento a planteamientos más extremos, las fuerzas de seguridad germánicas empezaron a vigilar muy de cerca sus movimientos. Karan huyó entonces a Pakistán, donde inició su adiestramiento militar en los campos de entrenamientos de Al Qaeda de las inhóspitas montañas Toba Kakar. Culminada ya su metamorfosis en un auténtico ‘muyahidín‘, partió en 2011 rumbo a a Siria con el firme objetivo de combatir codo con codo con los rebeldes para dinamitar el laicista régimen de Al Asad. Sin embargo, su aventura guerrillera con el Islam como bandera apenas duró año y medio. El 11 del pasado mes de octubre, el comando de Karan fue sorprendido por la aviación siria mientras patrullaba por las afueras de la localidad de Azaz, a escasos dos kilómetros de la frontera con Turquía. Se desató un cruento intercambio de disparos entre los dos combatientes que acabó con la vida del otrora brillante mediocentro de las categorías inferiores de la Selección alemana.

Nadie sabe cuál hubiese sido el destino futbolístico de Burak Karan si hubiera continuado dando patadas a un balón en lugar de haberse entregado de lleno al kalashnikov. Lo que sí es cierto es que sólo una de esas dos opciones le habría permitido al mártir de Alá poder vivir y regalar a sus hijos una pelota de fútbol por sus cumpleaños.

22/11/2013

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2 thoughts on “De la ‘Mannschaft’ a Al Qaeda

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