“¿Por qué a Guinea?”

62167-944-550ÁLVARO MÉNDEZ | Seguramente sea ésta la pregunta que se formulen muchos de los integrantes de nuestra Selección. Desde hace unos cuantos años, las decisiones que emanan de las altas esferas de la Real Federación Española de Fútbol suelen estar rodeadas de un halo de surrealismo tan extremo que, en ocasiones, han rozado el esperpento. Sus cuestionables designaciones de árbitros, sus oscuros destinatarios de subvenciones, los absurdos horarios para los partidos de Primera división y las excentricidades del pintoresco Ángel María Villar podrían figurar en cualquiera de las obras del eterno Ramón María del Valle-Inclán.

El último acto de este grotesco sainete ha sido la organización de un partido amistoso contra la Selección nacional de Guinea Ecuatorial en Malabo, capital de esta antigua colonia española. Así, directamente, ¿qué pinta ‘La Roja‘ enfrentándose a un combinado que ocupa el puesto 119 en el ránking de la FIFA, que jamás se ha clasificado para un Mundial y que apenas si ha disputado una Copa de África? La respuesta oficial dice que el partido contra Gabón se tuvo que suspender y que, por esto mismo, hubo que buscar un nuevo destino en esta zona del continente con el que llenar el hueco antes de partir hacia Sudáfrica. La mejor alternativa que encontraron las cabezas pensantes de la RFEF fue Guinea Ecuatorial, un equipo que tiene la gracia de estar entrenado por Andoni Goikoetxea y por cuyo banquillo han pasado viejos conocidos del balompié patrio como Quique Setién o Vicente Engonga. Fácil e improvisada, esta trastabillada decisión supone una torpeza sin precedentes que ha dejado al descubierto la ignorancia y la poca prudencia con que se organizan los compromisos de la Selección española de fútbol.

¿De dónde procede la rotundidad con la que me he expresado? Exótico y fecundo a primera vista, el país se configura en el plano político como una férrea dictadura en la que Teodoro Obiang aglutina todos los poderes. Desde el momento mismo en que el ahora Presidente llegó al poder en 1979 tras encabezar un golpe de Estado contra su propio tío, la represión y las torturas se convirtieron en algo habitual en el pequeño país africano. Durante los meses siguientes, Obiang mandó ejecutar al gobernante Francisco Macías Nguema y eliminó cualquier rastro de oposición. Se calcula que cerca de un 10% de guineanos perdieron la vida en los años en que el presidente reafirmó el autoritarismo de su régimen.

Los informes de organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional detallan la falta de libertad de expresión y la censura a la que se ven sometidos los medios de comunicación, Internet y las redes sociales. Buena prueba de ello es que la radio más importante del país está controlada por el hijo del presidente y más que probable sucesor suyo en el cargo, Teodorín Nguema, celebérrimo prófugo de la INTERPOL que tiene la entrada prohibida a varios estados occidentales.

La versión oficialista, no obstante, habla de democracia en Guinea Ecuatorial debido a la existencia de comicios periódicos y de una conspiración mundial para deslegitimar al actual Gobierno. Ahora bien, las crónicas de las ONGs que han podido trabajar sobre el terreno señalan que las sucesivas reelecciones de Obiang son fruto de la continua manipulación de los resultados. Sólo así se explica que en 2009 el dictador obtuviese un más que sospechoso 95,8% de los sufragios.

Paradójicamente, Guinea Ecuatorial no es un Estado al que podamos calificar como pobre a pesar de su enclave geográfico. Al tratarse del tercer mayor productor de petróleo de África, los millonarios ingresos que recibe la economía nacional permiten que el país goce de un PIB per cápita de 26.000 dólares —una cifra superior incluso al de Grecia, Eslovaquia, Portugal, Polonia, Hungría o Chile—. Sin embargo, esta bonanza hidrocarburística no se traduce en un bienestar de las familias guineanas, sino en una fuente de corrupción y de elitismo que impregna a la inmensa mayoría de cargos políticos. Mientras los miembros del Gobierno de Obiang se desplazan en lujosos coches y habitan ostentosos palacios, el 66% de la población vive en situación de extrema pobreza y los barrios populares de las grandes ciudades carecen de agua potable.

Partidos políticos tan diversos como IU, UPyD, PNV y ERC han llamado a boicotear el encuentro. Y es que no son pocos los que consideran que el evento supondrá un balón de oxígeno para un Obiang que sacará pecho y presumirá de haber traído a la campeona del Mundo y de Europa a los campos de su querida nación. Poco importará lo que puedan hacer Emilio Nsue, Iván Bolado, Rodolfo Bodipo o Javier Balboa ante los pupilos de Del Bosque. Cuando los medios deportivos se ceben con la más que posible goleada española y el foco informativo se desplace hacia Sudáfrica, el dictador ya estará vendiendo el acontecimiento como una auténtica prueba de reconocimiento internacional. Algo que, por simple decencia moral, no se debería permitir. Al fin y al cabo, estamos en deuda con quienes hasta 1968 fueron nuestros hermanos.

15/11/2013

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