Tigres asiáticos

conca21ÁLVARO MÉNDEZ | Cuenta la leyenda china que un día los rayos del sol desaparecieron y bajó de los cielos una criatura extraordinaria para dominar la Tierra. El monstruo combinaba las virtudes de nueve de los animales de nuestro mundo: ojos de langosta, cuernos de unicornio, hocico de buey, olfato de perro, bigotes de siluro, melena de león, cola de serpiente, escamas de pez y garras de águila. A todos los efectos se trataba de un ser todopoderoso que albergaba en su interior la perla de la sabiduría. A pesar de su terrorífico aspecto, la presencia de esta deidad producía el bien y transmitía tranquilidad, sosiego y armonía a quienes lo vislumbraban. La mitología explica que precisamente la infinita inteligencia de los dragones dio a luz a los primeros emperadores de la historia. Frente a ellos, el tigre representaba el valor, la valentía y la astucia. En definitiva, una increíble e inagotable fuente de energía que completaba las carencias dinámicas de los dragones. Tigre y dragón, ying y yang.

No es una casualidad que el tigre sea justo la figura totémica que preside el escudo del Guangzhou Evergrande. Es el club cantonés el ejemplo más palpable de todas las cualidades que marca la milenaria tradición china. Con cuatro títulos ligueros en las últimas cuatro temporadas, el equipo que hoy dirige el eterno Marcello Lippi gobierna con puño de hierro el imperio del balompié nacional desde su sede central en el estadio Tianhe, la particular ‘Ciudad Prohibida‘ del Guangzhou, donde muy pocos consiguen hacerse con un botín en forma de puntos.

Y es que la férrea dictadura que ha establecido el conjunto asiático se cimienta sobre dos robustos pilares. Por un lado, el ritmo, la velocidad y el hambre de goles de los brasileños Muriqui y Elkeson. Por otro, el toque, la precisión y el ingenio del que en 2011 se convirtió, con un sueldo de 10’6 millones de euros anuales, en el séptimo futbolista mejor pagado del planeta: el menudo mediapunta argentino Darío Conca. Tres tigres que muy poco tienen de tristes y que despliegan un juego vertiginoso y letal bajo las órdenes del ‘Paul Newman de la Toscana‘, un experto domador de bestias curtido en los mejores circos italianos.

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Un grupo de seguidores del Guangzhou Evergrande da la bienvenida a Darío Conca.

Ahora bien, el esplendor deportivo de la entidad cantonesa no se puede entender sin tener en cuenta su solidez económica. Evergrande, la inmobiliaria propietaria del club y que le da su distintivo apellido, es una de las diez compañías más pujantes del país. A día de hoy posee cerca de 50 millones de metros cuadrados en 22 ciudades chinas e interviene en el desarrollo de las sobredimensionadas ciudades que se levantan mayoritariamente a orillas del Pacífico. Como casi todo en el gigante comunista, Evergrande pertenece al Estado, lo que favorece enormemente los intereses financieros del Guangzhou. ¿Dejaría el presidente Xi Jinping que una de las empresas más prósperas corriera algún tipo de peligro? Es bastante improbable, sobre todo si tenemos en cuenta que su boyante economía es la herramienta fundamental mediante la cual China determina la agenda internacional y somete a sus propios intereses a Europa y Estados Unidos.

Ahora bien, no es oro todo lo que reluce en el Guangzhou Evergrande. Si, tal y como reza la mitología china, los dragones eran capaces de encerrar y conservar todos y cada uno de sus tesoros, los tigres carecían de esa innata cualidad. Así, al igual que le ocurrió al vecino Shanghai Shenhua, incapaz de retener en sus filas a Didier Drogba y Nicolas Anelka durante más de un año, el Guangzhou apenas pudo disfrutar del fútbol de un Lucas Barrios que, ante la irrelevancia internacional del balompié del sudeste asiático, migró al Spartak de Moscú en busca de portadas de revistas y anuncios televisivos.

La intrascendencia es precisamente el mal que aqueja al fútbol chino. Mientras sus clubes sigan sin levantar ningún trofeo en cualquier otro punto del continente asiático y la Selección continúe relegada al ostracismo, la constante fuga de estrellas será prácticamente inevitable. Tal y como contamos hace unas semanas, el Gobierno está en ello. Pero si las medidas no surten efecto a corto plazo, la Super Liga China corre el riesgo de transformarse en el destino idóneo para que las figuras europeas y sudamericanas encuentren una plácida jubilación anticipada. Y lo que ahora es un bosque de tigres se convertirá en un cementerio de elefantes.

08/11/2013

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