Vacas sagradas

blatter2MARIO BECEDAS | De la ubre mandataria ha salido descarado a fuer de bien alimentado el superior capo del balompié mundial y todo un experto en la sospecha de la prebenda consecuente. Esperó con paciencia Joseph Blatter la postrera jubilación del carroza predecesor en la FIFA para hacerse con toda la leche de la vaca sin perder una pizca del fatuo gracejo que a cada fase lunar vuelve a sacar a la palestra.

Quiso hacer gala el bueno de ‘Sepp‘ de sus archiconocidos requiebros de fácil humor europeo y rozó el fuego del infierno más por ser pecador que por el pecado en sí. En un alarde de ingenio sin precedentes, la oval testa del Fútbol Asociación desplegó sus artes robóticas en pos de una sin par imitación de Cristiano Ronaldo. Rememoró de este modo, y delante de los birretes de Oxford, las mejores hazañas de Mister Bean. Consiguió así el ‘Chiquito de los Alpes‘, o el ‘Blatter de la Calzada‘, como gusten, los segundos de gloria mediáticos que su buen gusto por el reparto de canonjías no suele ocupar.

Entregado defensor de los ligueros femeninos en los progresivos 70, el ultrahombre helvético se quedó con esas reminiscencias del lobby contra el antierótico panti para propulsar la idea más autocelebrada que se le recuerda en su legado legislador: tejidos más ceñidos para el fútbol femenino. No quiso el tiburón del business futbolero y prócer de la lencería femenil rematar este festival ‘berlusconiano‘ sin elegir a dedo a una entrenadora de delfines un cuarto de siglo menor como tercera esposa. El rápido desengaño fue una puñalada para los amantes del retro sport. Ya sólo tendría ojos para su “prometida de más de cien años”: la FIFA.

Alcanza la telaraña de Blatter cualquier mosca que se atreva a revolotear por el universal esférico sin su aquiescencia. “No soy un villano de Bond que acaricia un gato persa en su despacho, matizó el suizo en el acto de marras. Heterodoxa manera de excusar las redes de flujo e influencia constituidas desde la palma de su mano que conforman una hermética familia fuera de la cual el frío puede ser mortal. Quizá por eso el agudo ‘Sepp haya clavado la mirada en el cálido desierto catarí para el probado dispendio de un Mundial de fútbol. La fantasía de verse montado en el dólar del jeque pertinente le ha hecho aniquilar a una oposición que no quería romper el invierno europeo o, en su defecto, levantar la Copa del Mundo entre el ‘modo swing del aire acondicionado y filas de cadavérica mano de obra asiática.

Sólo cuando el daño ya está hecho tira de las bridas y recula sibilinamente sin tocar la puntita de la disculpa el hombre que empezó a crecer en la sombra del inocuo hockey suizo. Su propensión a los idiomas y su fracaso en la prensa anglosajona lo depositaron a orillas de un fútbol de despacho en el que iba a cocinar la venganza de no haber podido llegar al estrellato en la cancha. Aposentado en el imperial trono, Blatter escupe sin parar ademanes acordándose del día en que, muy cerca de las vacas suizas, su padre le obligó a estudiar privándole de la disciplina profesional. Empezó así su carrera por aprovecharse de una jungla en la que nunca faltaron las vacas gordas para convertirse en la más sagrada de todas. Y es que con ‘Sepp‘ ya son demasiadas las que pastan en este mismo césped.

31/10/2013

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