Fontanarrosa, Poy y una palomita

rosariocentralJULIÁN CARPINTERO | No ha sido éste un fin de semana fácil para Gerardo Martino. El ‘Tata’ tuvo que ver cómo Osasuna ponía a prueba la supuesta infalibilidad de su polo pistacho haciendo que el Barça se quedara sin el récord de victorias consecutivas en un arranque liguero, el cual continuará en posesión del Real Madrid de ‘los Yé-yé. Al técnico argentino, además, se le avecinan unas jornadas de duro trabajo en las que Messi, Neymar y compañía tendrán que visitar San Siro para, cuatro días después, recibir a un Real Madrid que parece haber recuperado las sensaciones de la pretemporada. Por si todo esto fuera poco, su equipo de toda la vida, Newell’s Old Boys, perdía el domingo por la noche ante Rosario Central en el derbi de Santa Fe, uno de los más especiales de todo el planeta, paradigma de partidos que salvan temporadas mediocres y sirven para levantar la barbilla todo lo que sea pueda por si acaso en el siguiente no queda más remedio que agachar la cabeza.

No hay nada más poético en el universo del fútbol que el gol. Objetivo y fin principal, ningún estilo se atreve a renunciar a él como medio para alcanzar la victoria. Exceptuando los arqueros –que para eso caminan con ese aura solitario e incluso se atreven a vestir de forma diferente– todos los técnicos y jugadores buscan llegar a él, ya sea con el pie, la cabeza o intentando engañar al árbitro con la mano. Sin él existe la opción de no perder, pero la certeza de que jamás ganarás. Por todos estos motivos, el gol ha inspirado canciones como la que El Potro Rodrigo dedicó al tanto que Maradona le marcó a los ingleses en 1986; ha dejado fotografías inmortales, como la de un Tardelli en éxtasis tras marcar el 2-0 para Italia en la final del Mundial de 1982; o ha sido plasmado en cuadros, como el lienzo que la semana pasada le entregaron a Iniesta en el que se recrea el momento en el que aquel Jabulani tocaba las redes de la portería holandesa haciendo estallar a España en un grito de emoción. E incluso hay goles que trascienden el ámbito de la cultura para convertirse en verdaderos movimientos sociales.

Es probable que en Argentina sólo haya un tanto más famoso que el que convirtió en inmortales, al mismo tiempo, a Maradona y a Víctor Hugo Morales, el relator de la maravilla que presenció el Estadio Azteca. Su protagonista es Aldo Pedro Poy, un delantero no demasiado prolífico que desarrolló la totalidad de su carrera defendiendo la camiseta ‘canalla’ de Rosario Central. Cuenta la leyenda que, al estar cuestionado por la grada del Gigante de Arroyito, el club rosarino llegó a un acuerdo para traspasarle al Club Atlético Los Andes en el verano de 1969, pero que como Poy amaba tanto los colores auriazules pasó una semana escondido en las islas del Paraná hasta que la directiva de Central se vio obligada a rechazar la oferta y la venta no pudo concretarse.

Así las cosas, dos temporadas después Rosario Central llegaba a las semifinales de un Campeonato Nacional Argentino en el que se tenía que ver las caras con Newell’s, su eterno rival, quien también ansiaba un puesto en la gran final. A los diez minutos de la segunda parte de aquel trascendental choque, celebrado el 19 de diciembre de 1971 en el Monumental de Buenos Aires, el lateral centralista Jorge José González puso un potente centro desde la derecha que Poy remató en plancha adelantándose a De Rienzo, su marcador, y con el que superaba al portero ‘leprosoFenoy. Central ganó por 1-0, accedió a la final del torneo y lo acabó ganando por primera vez en toda su historia. ‘La palomita de Poy’, como así se denominó al tanto, acababa de entrar en la historia del fútbol mundial.

Desde aquel día, los hinchas de Central y Aldo Pedro Poy se reúnen cada 19 de diciembre para recrear el histórico tanto con el que su equipo derrotó a Newell’s. En esa línea, ‘la palomita’ ha viajado a países como Estados Unidos, Chile, Uruguay o Cuba, donde Poy cedió su puesto de rematador a Ernesto Guevara, hijo del mítico Che, personalidad rosarina e hincha de Central; e incluso presentaron una candidatura –que no prosperó– al Libro Guinness de los Récords como el gol más celebrado de toda la historia. No obstante, si el gol de Poy tiene arraigo en la cultura popular es gracias al escritor rosarino y aficionado ‘canallaRoberto Fontanarrosa, que escribió su celebérrimo cuento ’19 de diciembre de 1971’, en el que narra las peripecias de un grupo de supersticiosos seguidores centralistas para acudir al partido.

A día de hoy, Aldo Poy tiene 68 años y, desde 2011, desempeña su cargo como concejal del Ayuntamiento de Rosario representando al Partido Demócrata Progresista. Sin embargo, el domingo disfrutó como un hincha más del triunfo de Central ante ‘La Lepra’, a la que no se enfrentaban desde hacía tres temporadas, cuando descendieron a la B en un periodo que Newell’s aprovechó para hacerse campeón de la mano del ‘Tata’ y a la que ganaron 2-1 gracias a los tantos de Donatti y Encima. Ninguno de ellos aspira a disputarle el cetro a Poy, pero a buen seguro que Fontanarrosa y el viejo Casale, el protagonista de su cuento, se abrazaron en el cielo.

22/10/2013

Anuncios

3 thoughts on “Fontanarrosa, Poy y una palomita

  1. Pingback: Vidas perras | Falso 9

  2. Pingback: ‘Macanudo’ | Falso 9

  3. Pingback: Campeonar | Falso 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s