Hojas muertas

ramiMARIO BECEDAS | El incendiario otoño sigue cubriendo de dorado la huerta valenciana de gota fría mientras la tramoya ‘ché‘ presenta en cada función semanal un programa de varietés improvisado hasta la beldad. La naturalidad con la que se asumen las catástrofes cotidianas de la institución del murciélago pone en el lienzo el sometimiento del aficionado a una continua expiación fruto de la cultura del pelotazo y el hormigón.

Como a un árbol al que los vientos autumnales le van asesinando las hojas, el Valencia ha presenciado en los últimos trienios cómo el poderoso caballero don Dinero ha arrancado de sus ramas las mejores brácteas. Al principio fueron las promesas más jugosas, más tarde los cimientos y, por último, los restos de la pelona idiosincrasia. Pronto será el murceguillo quien se eche a volar desprendiéndose del resto del escudo.

Cuando Villa ya empezaba a naufragar en alta mar y Silva se difuminaba con el dibujo del horizonte, la maleta de Mata ya esperaba sentadita en el muelle. Una condena más por la paleta asesina y los desmanes monetarios del milagroso Levante español. La ‘balsa de la medusa‘ proseguía su viaje a la deriva esperando no perder el rumbo y acabar así llegando a ninguna parte. El cuitado olfato de Soldado adivinaba las corrientes de un barco salvador al que sólo él se iba a subir. Con los dos pies en la cubierta, tan sólo pudo lanzar una bomba de la verdad a los restos de la chalupa.

A base de jirones se remendaba el traje un equipo que en lo deportivo nunca quemó más naves de las que construyó. Para la postrera confección, cuando de la tela asoma la carne y de ésta el hambre, el escaso peculio dominante se estableció para la partida del sastre. Los enjambres contables picotearon el papel y sólo se pudo contratar a un eficaz operario de la excavadora. Voluntarioso y reservado, el esculpido en sacrificio Djukic se ha encontrado con que el caos le ha atrapado con los hilos y le pincha con las agujas. No daban dedales a la entrada.

Fue el serbio alquimista de la pobreza en Valladolid, pero no de la miseria. Sufría todavía la pelota con los silbidos de los corifeos de la Mestalla predicante y los aceros han seguido afilándose entre bastidores. Con aires de machorro desenvainó el mandoble Rami y se erigió protagonista de una tragedia griega sabiendo que su libreto es más propio del cine de serie B. En vez de matar al padre y sacarse los ojos, el fibroso Edipo francés actuó a la forma contraria y pretendió acechar las córneas de Djukic mientras se pegaba el disparo de gracia.

Por cada ‘pelotas‘ que el zaguero destinaba al vestuario, una mancha de sangre brotaba en la Normandía del Turia y una vela se encendía en torno a la santa paciencia de Djukic. Con mirada de mártir y pómulos de portero de discoteca, el entrenador ha seguido cambiando engranajes a base de carboncillo en el plano, encogiéndose de hombros y mirando para otro lado. El fusilamiento del galo felón quedó firmado con su expulsión ante el Swansea con la gomina aún fresca. La alta burocracia valencianista ha ejecutado la sentencia contra el bastión de dudosa calidad técnica. Henchido el rostro de desprecio, Rami emprende ya su marcha calculada de la zozobra. No deja de ser otra hoja muerta que cae de un árbol que nunca expira en el invierno, pero que jamás sale del otoño.

10/10/2013

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