Golpe de Estado al Levski

Golpe de Estado al LevskiÁLVARO MÉNDEZ | Pocas veces se han visto escenas más lamentables en una sala de prensa de un estadio europeo. A principios de semana, el Levski de Sofía se disponía a presentar oficialmente a su nuevo entrenador, Ivaylo Petev. El joven técnico de 38 años llegaba al segundo club más laureado de Bulgaria con un prometedor bagaje de resultados bajo el brazo. En 2012 condujo al modesto Ludogorets de Razgrad hacia su primer título de Liga y al año siguiente fue capaz de repetir éxito. Sus dos títulos consecutivos le convirtieron en el técnico más prometedor de los Balcanes y la directiva del Levski no dejó pasar la oportunidad de hacerse con sus servicios para corregir la errática deriva de los ‘blues‘ en los últimos tiempos.

Sin embargo, la ceremonia de presentación tuvo un desenlace que nadie podía esperar. En mitad del acto, un grupo de hinchas radicales del Levski irrumpieron en la habitación y comenzaron a increpar a un Petev que, impasible, aguantaba el tipo en su asiento. “Quítate la camiseta o te la quitamos nosotros“, gritaban violentamente los encapuchados sin que ningún miembro del equipo de seguridad del club se lo impidiera. Ante la incredulidad de los periodistas que cubrían la rueda de prensa, los bárbaros pasaron del cruel insulto a la acción directa y se abalanzaron violentamente sobre el entrenador para arrancarle la sudadera y la camiseta del equipo. Nadie movió un dedo ante semejante muestra de fanatismo y totalitarismo. Ni siquiera los accionistas del club que allí se dieron cita. Con el torso desnudo, cabizbajo y abatido, el bueno de Petev abandonó la habitación herido de muerte en su dignidad.

¿Cuál fue su pecado? Al parecer, Petev se había declarado en el pasado seguidor del CSKA de Sofía, el archienemigo del Levski desde hace décadas. La noticia de su fichaje no sentó nada bien en las gradas del Sector B del estadio Georgi Asparuhov, donde se reúnen cada domingo los más violentos ultras del equipo. Al igual que los ‘camisas negras‘ de Mussolini marcharon sobre Roma en 1922, así entraron los radicales en la sala de prensa para expresar violentamente su opinión e implantar un nuevo orden balompédico en la capital búlgara. En otras palabras, todo un golpe de Estado al Levski de Sofía orquestado por la división más agresiva de la afición.

Y todo ello, con el permiso del club. Porque ningún miembro de la directiva se atrevió a detener la humillante vejación a la que fue sometida el entrenador que ellos mismos habían fichado. Lógicamente, horas después del dramático altercado, Ivaylo Petev presentó su dimisión. Ya hay quien especula con que el presidente Todor Batkov le ha forzado a dejar su puesto con el objetivo de que los violentos no le culpen por su fichaje. Puede ser. O puede que no. Ahora bien, ya sea porque el club quiere curarse en salud y no arriegarse a ser devorado por su propias fieras o porque el pobre Petev no quiere poner en peligro su vida, lo cierto es el que el gran perdedor de todo este escándalo sin precedentes es el deporte rey. Lamentablemente, el ganador está bastante claro.

Por desgracia, no es la primera fechoría cometida por el Sector B del Levski. En los últimos meses, el club ha sido multado con hasta 33.000 euros por exhibir pancartas y carteles con simbología nazi en las gradas del Georgi Asparuhov y por entonar cánticos racistas en diversos partidos de la Europa League. Sin embargo, el club no parece que vaya a implementar medidas para acabar con el radicalismo en su afición. Pero, ¿para qué? Los ultras son un elemento primordial, un grupo social fuertemente cohesionado que ofrece seguridad al club y potencial de conversión de aficionados. Su poder para crear un clima de miedo, presión y terror ha sido utilizado hasta la saciedad por los directivos de toda Europa para manejar a las masas con mayor facilidad. Su figura se asemeja a la de un ansioso doberman que amedrenta al resto de las ovejas del rebaño.

Pero ojo. Los fanáticos no tienen por qué manifestarse siempre a favor del amo. Si, por ejemplo, Petev no hubiera dimitido, se habrían apresurado a exigir responsabilidades a la directiva por haber contratado un técnico ‘traidor‘. Igualmente se encabritarán si el Levski de Sofía no obtiene resultados en las próximas semanas. Y es que no sería la primera vez que un doberman muerde a su dueño.

11/10/2013

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