Luis

luis-aragonesMARIO BECEDAS | La cátedra en el Olimpo del fútbol español ya la tiene asegurada de por vida el genio castizo por antonomasia prolijo en el arte del ‘bigote de una gamba‘ e institución del ‘culo pelao‘ estatutario. Luis Aragonés se acoge al retiro definitivo de un deporte rey que no le ha devuelto el pase de gol. En su cuarto año sin equipo el longevo pisaverde de Hortaleza se aleja como el general romano Cincinato al calor de la huerta, cansado de excepcionales y triunfantes servicios a la patria. Como a Espartero, le implorarán que vuelva a sacar el espadón cuando ya sea demasiado tarde.

Nació el ‘Sabio’ bajo el justiciero sol de julio en medio de una Guerra que no dejó dos hermanos en pie. Pataleando el cuero entre los faldones de los jesuitas de Chamartín Luis recibió el soplo tonalidad ceniza de un Real Madrid que ponía el blanco a una España sin color. Las columnas del Plus Ultra vararon su desparpajo en las verdiblancas franelas del Betis. La casualidad quiso que las aguas le devolvieran a su galdosiano Madrid peinándose ya para siempre el ampuloso tupé en el reflejo del Manzanares, previo pique de ficha en el asueto del Metropolitano.

Sin bajarse las medias y en impoluto homenaje a la manga larga, Aragonés colocó al Atlético de Madrid en lo alto de la copa a base de zapatazos. Tras aprenderse el nombre de pila de los linieres para facilitar el repiqueteo y acoso en los partidos, el ingenio sopló la tiza y se apoderó de la pizarra sin haberse quitado unas botas con las que ya había elegido morir. Las faltas lanzadas a las telarañas de la Villa y Corte tras esa mirada de estadounidense cabreado de los años cincuenta pusieron la alfombra a la madre ciencia del contragolpe.

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Sin renunciar a la hispánica y ancha patilla los meandros de los 80 pillaron a Luis sorteando depresiones que le impedían entrenar con visos de totalidad a sus escuadras. Hasta que un día sacó la cabeza ya nevada del banquillo y comenzó a ser el ‘abuelo‘ de nuestro balompié. Todavía sin los retrógrados y coruscantes anteojos, pero forrado de ‘tweed‘, el madrileño de pura cepa se encontró salvando a José Luis Núñez de la revolución en un Barça tectónico. El atrabiliario vaivén de canas ya no iba a detenerse hasta el zarandeo al ‘nieto‘ negro Samuel Eto’o y, a posteriori, al pícaro Reyes. También tuvo tiempo el gurú de la galopada para echarle una soga al descendido Glorioso. El “Volveremos” quedó cosido a su ya obligatorio chándal con anorak. Ni los reproches de ludopatía tumbaron al Ferguson más similar que hemos paseado en el ruedo ibérico. Artista del burle y un mago en la tipología de la peineta que rumiaba las verdades de su sin par ciclotimia.

La última empresa del ultrahéroe fue auparse el saco de España a las costillas. Era ‘La Roja‘ una fea con la que nadie quería bailar y Luis apagó la luz de la habitación hasta que se enamoró de ella. En la plateada bandeja fraguada para el reposo de su cabeza puso él la de Raúl, amputando cuello y brazalete al mismo tiempo. El escrutinio televisivo en el ‘Tengo una pregunta’ dejó la respuesta del cascarrabias en un “Para usted”. Siguiendo el ritmo reggae de Frank Rijkaard el viejo fue recogiendo todos las colillas que tiraba el holandés hasta armar el cigarrón con el que fumarse un tango a la salud de los bajitos. Xavi e Iniesta tuvieron a su Busquets preindustrial en la pulida estatua de Marcos Senna. Para terminar de obrar el milagro, la adusta mueca de ‘Zapatones’ se tejió de payaso obligando a Villa y los camaradas a carcajearse de los cuartos y de Italia. El resto ya forma parte de ese material con el que están hechos los sueños.

Repudiado antes del Génesis, el ‘Sabio’ se puso más tarde bravucón y con 100 cañones por banda lanzó las maletas al Bósforo. El fracaso turco le postró bien pensionado y pendiente del próximo bar y la consecuente partida. Asqueado de un olvido infecto y malogrado tras confeccionar la eternidad en pos de un balón, Luis Aragonés no llegó a poner el garabato en ningún contrato de la Primera División. El respeto ganado asustó tanto al respetable que la libreta y el banquillo han quedado reemplazados por el mondadientes y el cubilete del azar. El ‘Sabio de Hortaleza’, aparcado por la caterva mediática y oscurecido por “esos cabrones del cotarro académico”, anuncia en la clandestinidad que lo deja definitivamente habiéndonos grabado ya para siempre que la sublimidad no está reñida con el “ganar, ganar y volver a ganar”. Y tal.

03/10/2013

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