Muammar Al-Clemente

Cameroon-s-head-coach-Javier-C_54251877495_54115221152_960_640ÁLVARO MÉNDEZ | En ocasiones nos encontramos historias tan cargadas de surrealismo que hasta el mismísimo André Breton sudaría tinta china para poderlas describir en forma de verso. Cuando muchos creíamos acabado a aquel innombrable seleccionador que tanto hizo sufrir a toda una generación, a principios de semana saltó la gran noticia en los principales medios de comunicación: Javier Clemente ficha por la Selección de Libia. Y es que siempre vuelve. Clemente siempre vuelve. Porque, aunque lo intentemos olvidar, nunca se ha ido.

No hace falta repasar en este escrito la larga trayectoria del técnico vasco. Quizá sí merece la pena recalcar lo más obvio. Poco queda ya de aquel exitoso jóven que consiguió dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa en los banquillos del antiguo San Mamés a mediados de los 80. O de aquel contestatario entrenador que protagonizaba broncas y titulares desde las salas de prensa de todo el país. Al contrario, en los últimos años ha sido frecuente verle irse por la puerta de atrás de los despachos de Real Murcia, Real Valladolid y Sporting de Gijón después de que quedara desmontado el mito de que sus equipos nunca descienden. ¿Y a nivel de selecciones? Después de su experiencia rojigualda, Clemente se enfundó el chándal de Serbia y el de Camerún —y a punto estuvo de entrenar a Irán—. Pero en ambos sitios sembró únicamente indiferencia y recelo con pobres resultados y un estilo de juego que haría vomitar a Del Bosque o a Guardiola.

La llegada de Clemente a lo que en su día fue la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista liderada por Gaddafi supondrá un soplo de aire rancio donde todo huele a nuevo. Tras la ejecución pública del ‘Hermano Líder‘ y el colapso del régimen, Libia se lanzó a poner los cimientos de una futura democracia. El Consejo Nacional de Transición, responsable del Gobierno durante la guerra civil de 2011, estabilizó el país y convocó elecciones legislativas al año siguiente. Al contrario que en sus vecinos Egipto o Túnez, los liberales islámicos se hicieron con la mayoría de los asientos y sentaron las bases de una República moderada, tanto en el terreno de la ideología como en el de la religión.

Aun así, no es oro todo lo que reluce. El Gobierno sigue sin controlar la mayoría de un territorio en el que las milicias repartidas por las ciudades continúan sembrando el caos. Además, la ley tribal mantiene su vigencia en algunas zonas ante la inacción de un Ejecutivo demasiado verde, algo que choca frontalmente con un aspecto muy característico de la gestión de Gaddafi en el pasado. A pesar de mostrarse tirano y absolutista en determinados terrenos, el Presidente siempre supo ofrecer abrigo y una relativa comprensión a la diversidad étnica que poblaba el país.

Claro. La sombra del coronel es alargada. En todos los sentidos. De ahí que Libia siga siendo un exótico país que puede dar cierta publicidad al fichaje del tradicional técnico de Barakaldo, una figura venida a menos y ya sin apenas caché futbolístico. Sin embargo, que no piense Clemente que va a gozar de los privilegios y los lujos de los que presumía el difunto Gaddafi. Que no crea que va a alojarse en una lujosa jaima, que va a estar protegido por 200 amazonas vírgenes expertas en artes marciales y en el manejo de armas de fuego, o que va a poder irse de ‘bunga-bunga‘ con Silvio Berlusconi. Al contrario, el pueblo le va a exigir resultados. Y rápido. La milagrosa clasificación de Libia para la Copa África 2012 lograda mientras las bombas y los fusiles resonaban en todas las esquinas del país creó una fiebre balompédica que a día de hoy todavía perdura. La ilusión trasciende lo meramente deportivo para un equipo que, tras la caída del dictador, es el espejo en el que se mira la afición y el único escaparate de la nación en el resto del mundo.

Que se prepare Clemente, porque no lo va a tener precisamente fácil. Ni mucho menos. Que respire hondo y que se tome un Txakoli antes de partir hacia hacia su nuevo destino. Porque Trípoli no es, ni mucho menos, Barakaldo.

27/09/2013

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3 thoughts on “Muammar Al-Clemente

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