Honvéd mágico

PA-489889ÁLVARO MÉNDEZ | Corren tiempos modernos. La crisis económica ha obligado al viejo continente a reinventarse a sí mismo y a asumir la manida consigna de ‘renovarse o morir’ ante el amenazante auge de las potencias emergentes. A la vez, se ha abierto la puerta a nuevos actores internacionales en el mundo oriental que luchan por hacerse un hueco en las mesas en que se toman las decisiones que rigen la actualidad. Este nuevo panorama geoestratégico ha encontrado su fiel reflejo en el mundo del fútbol. Hoy es prácticamente imposible concebir una competición europea sin grandes clásicos de la Europa del este como el CSKA de Moscú, el Legia de Varsovia o el Steaua de Bucarest. A la vez, una nueva horda de clubes como el Shakhtar Donetsk o el Zenit de San Petersburgo se han instalado en la élite balompédica. Adiós al Telón de Acero.

Sin embargo, los más nostálgicos siguen echando de menos una segunda edad de oro del fútbol húngaro. Y es que antaño, aunque parezca mentira, los clubes de Budapest eran unos invitados habituales de los torneos europeos. Todavía hay quien recuerda al Ferencváros que se hizo con la Copa de Ferias en los años 60 y que diez años después llegó a la final de la Recopa de Europa de 1975. O a aquel Ujpest subcampeón de la UEFA en 1969. Imágenes en blanco y negro que evocan un pasado de esplendor. Eso sí, si dejamos que el balón ruede hacia atrás en nuestra memoria siempre quedará un lugar en el corazón de todo amante del buen fútbol para aquel mítico Honvéd de los años 50.

Durante sus primeros años de vida a principios del siglo XX, el entonces Kispesti FC apenas logró rivalizar con los más importantes clubes de la Primera División húngara. Una solitaria Copa de Hungría conseguida en los años 20 criaba telas de araña en las vitrinas. Pero, tras la Segunda Guerra Mundial y la división de Europa en dos zonas de influencia capitalista y comunista, el club pasó a manos del Ministerio húngaro de Defensa, se convirtió en el equipo del Ejército húngaro y adoptó la nomenclatura por la que se le conoce hoy en día. Así, el Honvéd de Budapest nacía para competir al más alto nivel y demostrar a Occidente que los valores del obrero, del soldado y del futbolista eran mucho más poderosos que los del patrono opresor. Hoz y martillo, fusil y balón. El club encontró a su ‘mecenas‘ en la figura del seleccionador nacional Gusztáv Sebes, que potenció la cantera y la adquisición de grandes figuras del fútbol nacional.

En pocos años coincidieron en la plantilla figuras como Ferenc Puskás, Sándor Kocsis y József Bozsik, de cuyas botas nacieron cinco torneos ligueros y una nueva dictadura futbolística a nivel nacional. Además, tal y como deseaba Sebes, el club defensor de la patria formó la columna vertebral de los Magiares Mágicos, aquella histórica Selección de Hungría campeona olímpica y subcampeona del mundo que fue capaz de humillar a Inglaterra y a Brasil. Mezcla de toque, calidad, verticalidad y acierto de cara a la portería, el mítico combinado húngaro sentó las bases del fútbol total.

Sin embargo, el imperialismo del Honvéd —y, por extensión, de los ‘Magiares Mágicos‘— poco tardó en llegar a su fin. Y no fue precisamente por motivos deportivos. En 1956 surgieron las primeras críticas al sistema comunista de partido único que regía Hungría y a la influencia política que ejercía la Unión Soviética. Cada acto de represión encendía la llama de la revolución. Tras días de intensa lucha en las calles, el Gobierno títere de András Hegedüs fue derrocado y el Ejército soviético movilizó a 30.000 soldados y 1.000 tanques para invadir Budapest y otras regiones del país. Más de 2.500 húngaros murieron en las distintas batallas que se libraron y cerca de otros 200.000 huyeron del país. El cuento de una Hungría libre no tuvo un final feliz y, en enero de 1957, el nuevo Gobierno títere del prosoviético János Kádár consiguió reinstaurar el régimen comunista a imagen y semejanza de la URSS.

Durante los días más feroces de la revolución, la plantilla del Honvéd se encontraba en Bilbao disputando su eliminatoria de la Copa de Europa. Viendo la trágica sucesión de acontecimientos en su tierra, muchos de sus jugadores decidieron no regresar nunca más y quedarse en Europa Occidental, abandonando a su amado club y a la Selección de Hungría. Czibor marchó a la Roma; Kocsis emigró a Suiza para terminar recalando en las filas del FC Barcelona; y Puskás aterrizó en el Real Madrid.

Con el último disparo de los tanques soviéticos en Budapest y la certificación de la fuga de estrellas del Honvéd se inició el declive del todopoderoso equipo del Ejército. Tras décadas de shock y miseria, los años 80 trajeron nuevas ilusiones al Bozsik Stadium, aunque el hundimiento de la URSS y la crisis de los países del este del Telón de Acero se cebaron de nuevo con el club. Hoy, el Honvéd de Budapest intenta encontrarse a sí mismo. Con un ojo puesto en su glorioso pasado y con el otro mirando con esperanza hacia el futuro. Y es que la historia sigue esperando su vuelta.

20/09/2013

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3 thoughts on “Honvéd mágico

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