La leyenda de Duckadam

duckadamJULIÁN CARPINTERO | ‘Carletto’ tiene fama de conciliador. Sin ir más lejos, el gran Hernán Crespo dijo hace sólo unos días que “Ancelotti es como Del Bosque”. No obstante, tiene más personalidad de la que muchos le presuponen. Es por ello que ni el gran estado de forma de Diego López, que hizo un partido de escándalo el pasado sábado ante el Villarreal, ni las declaraciones de mitos de la portería blanca como García Remón, quien explicó que la alternancia bajo palos no hace bien a ninguno de los arqueros, van a hacer que el técnico italiano cambie de parecer: Casillas será titular ante el Galatasaray. Pese a todo, si hay un meta que durante esta jornada de Champions tendrá que soportar una presión inusitada ése no será el capitán del Real Madrid, sino Ciprian Tătărușanu, un desconocido rumano que luchará por evitar los goles del Schalke 04 y el inevitable recuerdo de un mito en Bucarest.

Han tenido que pasar cuatro años para que el Steaua regresara a la máxima competición continental. En su última participación, el equipo entonces dirigido por una leyenda del club como Marius Lacatus, pasó con más pena que gloria por el Grupo F, en el que, encuadrado con Bayern de Múnich, Olympique de Lyon y Fiorentina, únicamente pudo sumar un pírrico punto. A partir de ese momento, al equipo del excéntrico Gigi’ Becali no le quedó más remedio que doblar la rodilla frente a rivales que tiempo atrás eran meras comparsas en la Divizia A –la competición nacional rumana–. CFR Cluj, Oţelul Galaţi o Unirea Urziceni usurparon un trono del que el Steaua siempre se había creído en posesión por obra y gracia de Dios. O de Ceaucescu, que en la Rumanía de la segunda mitad del siglo XX venía a ser lo mismo.

Y es que siete años sin levantar una liga son muchos para una escuadra acostumbrada a coleccionar títulos, tanto dentro de las fronteras caucásicas como en las del viejo continente. Así, el gigante capitalino puede jactarse de ser, junto al Estrella Roja de Belgrado, el campeón de la Copa de Europa más ‘underground’ de la historia desde que Gabriel Hanot y Jacques Ferran idearan su existencia. La hazaña se produjo en mayo de 1986, con Sevilla como testigo y un Barça aún sin desvirgar en el papel de víctima.

Ni los más agoreros podían imaginar que el conjunto que entrenaba Terry Venables dejaría escapar la oportunidad de levantar su primera ‘Orejona’ después de haber remontado el 3-0 encajado en la ida de las semifinales ante el IFK de Göteborg en aquella mágica noche de Pichi’ Alonso. Para más inri, el hecho de que la final se disputara en Sevilla y que el Gobierno rumano impidiera salir del país a los aficionados del Steaua convertía al Sánchez Pizjuán en una pequeña réplica del Camp Nou, en la que todos los espectadores daban su aliento a los Víctor Muñoz, ‘Lobo’ Carrasco y ‘Migueli’. Nada podía fallar, aunque el fútbol, en su versión de predicador de la democracia, tenía otros planes. A pesar de las ocasiones, el balón no entraba y Venables, en una decisión todavía incomprensible, retiró del campo a Schuster cuando el partido se dirigía irremisiblemente a la prórroga como paso previo a la tanda de penaltis. Fue entonces cuando emergió él.

De nada sirvió que el malogrado Urruti detuviera los dos primeros lanzamientos del Steaua, ya que Helmuth Duckadam se convirtió en un gigante inexpugnable al que ni Alexanco ni Pedraza ni ‘Pichi’ Alonso ni Marcos consiguieron batir con sus disparos. Su bigote, su equipación verde, su expresión de incredulidad y su confusa carrera por el césped todavía forman parte de las peores pesadillas culés. El Steaua de Belodedici, Bölöni y Pițurcă sucedía a la Juventus como nuevo rey de Europa con el incorregible Schuster ya en el hotel, ya que ni siquiera esperó a que terminara el partido para ducharse y abandonar el estadio.

Nacía la leyenda de Duckadam, el hombre cuyas redes no podían ser perforadas. En torno a su figura se crearon muchos mitos que, a día de hoy, no se sabe cuánto tienen de real y cuánto de ficción. Se dijo que Ramón Mendoza, que ya era presidente del Real Madrid, le regaló un Mercedes como acto de agradecimiento por sus paradas. También contaron que se negó a entregar el coche al régimen de Ceaucescu y que, como represalia, el Gobierno ordenó que unos sicarios le partieran las manos. Lo único cierto es que el héroe de Sevilla tuvo que retirarse meses después a causa de una enfermedad y que, aunque regresó en 1989 para vestirse de corto, nunca volvió a ser el mismo.

El Steaua de Bucarest visita mañana el moderno Veltins Arena de Gelsenkirchen, donde se medirá a un Schalke en el que no estará Huntelaar, lesionado en los ligamentos de la rodilla. Sin duda, todo un alivio para Tătărușanu, que tratará de dejar su portería inmaculada para que el Steaua pueda soñar con repetir los éxitos de antaño. No en vano, en el palco habrá dos ojos que miren con atención todos sus movimientos: los de Helmuth Duckadam, quien desde 2010 es el presidente de un club al que puso en los libros de historia.

 17/09/2013

Anuncios

3 thoughts on “La leyenda de Duckadam

  1. Pingback: Antón Meana: “El fútbol no necesita a José Mourinho” | Falso 9

  2. Pingback: Rómulo y Remo | Falso 9

  3. Pingback: Honvéd mágico | Falso 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s