99 latigazos

IránÁLVARO MÉNDEZ | En ocasiones escuchamos noticias que llegan desde el lejano Oriente y que, por mucho que nos fiemos de la fuente de procedencia, dudamos en darlas toda la veracidad que se merecen. Inconscientemente, evaluamos estos hechos desde nuestro prisma esculpido cuidadosamente con los valores propios de la civilización europea y lanzamos un inocente ‘es imposible‘ cuando nos enfrentamos a ellos. Pero, por mucho que parezca mentira, aún existen sociedades —y muchas— que encuentran sus cimientos en prácticas que podríamos calificar incluso como medievales. Irán es un buen ejemplo de ello.

Es justo en ese exótico pero hermético país asiático donde tiene lugar la dramática historia de Mojahed Khaziravi. Forjado en las categorías inferiores del Sanat Naft, el veloz y desequilibrante extremo derecho pronto comenzó a despuntar en las bandas de los terrenos de fútbol iraníes. La gran oportunidad llegó cuando el Esteghlal de Teherán, uno de los dos clubes hegemónicos de la capital, se fijó en él y le fichó en el año 2000. Rápidamente se hizo un hueco en el once inicial y empezó a levantar pasiones en las gradas del Azadi Stadium. Su juego agresivo pegado a la línea de cal y sus centros envenenados se convirtieron en dos armas fundamentales para un Esteghlal que se alzó con la Liga y con la Copa en dos años consecutivos. Con sólo 21 años, Khaziravi se había convertido en el nuevo héroe del equipo. Además, su incansable trabajo, su papel vital y su carisma de ganador nato no pasaron inadvertidos para Miroslav Blažević, seleccionador de Irán, que le llamó para vestir la elástica nacional junto a otras estrellas veteranas como Ali Daei o Javad Nekounam.

Sin embargo, todo se torció en el cálido verano persa de 2002. En el transcurso de una noche de junio Khaziravi fue cazado por la policía de Teherán en un burdel clandestino. La Justicia, implacable en Irán, le declaró culpable de delitos sexuales y de mantener relaciones fuera del matrimonio y castigó al futbolista con una pena inhumana de 99 latigazos y suspensión de cinco años. Y es que la sura 24:2 del Corán no deja lugar a dudas: “Flagelad a la fornicadora y al fornicador con 100 azotes cada uno. Por respeto a la ley de Alá, no uséis de mansedumbre con ellos, si es que creéis en Alá y en el último Día. Y que un grupo de creyentes sea testigo de su castigo”. Claro y explícito.

Dejando a un lado sus aspiraciones nucleares, éstas son precisamente las prácticas que la inmensa mayoría de las ONGs y las organizaciones insisten en condenar. Desde el momento en que el ayatolá Jomeini llegó al poder en 1979, Irán se convirtió en una república teocrática de inspiración chií con la sharia como la única norma vigente. Las lapidaciones de homosexuales y prostitutas, las detenciones arbitrarias de sospechosos de colaboracionismo con la oposición o las reclusiones de mujeres por el mero de hecho de caminar solas por la calle se convirtieron en algo usual. Todo ello regulado por la policía moral, que vigila cada uno de los sectores de la sociedad para que se cumpla a rajatabla la voluntad de Alá.

Esta constante paranoia es la que está detrás de la obligatoriedad del uso del velo para las mujeres y que hizo, por ejemplo, que la Selección femenina quedara fuera de los Juegos Olímpicos de 2012. Mientras que el reglamento FIFA especificaba que “el equipamiento básico obligatorio no deberá tener mensajes políticos, religiosos o personales”, el combinado iraní pretendía lucir un traje de cuerpo entero y un pañuelo que les cubriera la cabeza por sumisión a la sura 33:59 del Corán: “¡Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es lo mejor para que se las distinga y no sean molestadas. Alá es indulgente, misericordioso”. Ésta es la respuesta correcta en Irán.

En el caso de nuestro protagonista, la privación de jugar al fútbol quedó reducida finalmente a 20 meses. Sin embargo, la carrera de Khaziravi quedó truncada para siempre. La falta de competición y el verse señalado por las fuerzas puritanas de orden público hicieron mella en su estado de forma y, a partir de ese momento, rindió muy por debajo de su nivel en el Ahvad FC y en el Foolad. Dentro de una semana, el joven futbolista que tanto prometía cumplirá 33 años, y lo hará con la camiseta del equipo que le vio crecer como futbolista. En el ocaso de su carrera, le tocará esta vez soplar las velas en la segunda división del fútbol iraní, una categoría impropia de un jugador de su talla, un cruel destino consecuencia de su temeraria aventura sexual. En definitiva, el latigazo número 100 que tantos y tantos fanáticos del Islam esperaban con ansiedad.

13/09/2013

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2 thoughts on “99 latigazos

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