“Estos días azules y este sol de la infancia”

Sol infancia

FIRMA DE HÉCTOR PECO CALERO | Desde la ventanilla del AVE veo llegar nubarrones desde lejos. Llegan las rezagadas tormentas de verano cargadas de agua fría para que despertemos de la borrachera de sol, que ya queda negociando con nuestra melanina el pacto de no agresión para los próximos meses.

Escucho desde lejos al fútbol, engalanado, con aires de postín renovado, alzando la voz, como miembro de la comisión que se niega a desaparecer del panorama, siempre presente, siempre protagonista. Todos hablan de él. Enciendo el transistor y ahí están, hablando de sus últimas hazañas, de sus goles, de sus primeras lágrimas ligueras. Y cuando no se sabe qué ocurrirá, esos benditos periodistas se convierten en herederos de los hermanos Grimm y escriben cuentos bajo el título de ‘Culebrones de verano’, al que irán añadiendo entregas cuando falten protagonistas con empaque. Y en todos los medios se repite la misma historia. Televisiones, prensa, Internet. Si lo de Pinocho sucediese en la realidad, con tanta nariz de madera kilométrica no harían falta los vuelos transatlánticos para hacer las irrisorias giras veraniegas.

Luego vendrá el tiempo, el eterno capitán de nuestras vidas, “el que casi nunca hace nada” que diría Manolo Lama de Raúl González Blanco, para volver a dejar cada cosa en su correspondencia. Miro atrás y pienso en aquellos que pudieron ser y no fueron. Trezeguet, Benzema, Ribéry… (por hablar de franceses, que están de moda) que iban a ser blaugranas y nunca llegaron. O aquellos Marcelos Salas, Pirlos o Thiagos Alcántaras, que tampoco aterrizaron nunca en el eterno rival y que cebaron alineaciones ficticias que se adaptaban a ellos durante el trasiego estival.

Inverosímil, imposible, repetitivo, pero cuánta vida me dieron/dan estos ‘pufos de verano’ mientras llega la música de la Champions y el verdadero desafío hasta la gloria que pondrá a uno entre todos los soñadores en los laureles del Olimpo griego.

Antes habrá que desvencijar a futbolistas que años atrás eran ídolos y el tiempo, más que la realidad, nos ha ido haciendo envejecer a fuerza de temporadas. “A Xavi le quedan dos temporadas”, “Casillas no le llega a Diego López a las suelas”, “Lampard se va arrastrando”, “Giggs se retiró hace años”, incluso Messi no es el que era. Qué irrespetuosos nos hace la vejez. Eso sí, confiemos en los niños maravilla y los canteranos que huelen a perlas y que todavía no son ni efímeros recuerdos de bombín y chaqué de los días de gloria.

Tiempo atrás parafraseaba alguien que suele escribir por aquí una frase de David Trueba, que me recordaba que ya éramos un poco seniles por culpa de las despedidas. “Cuando otros ídolos de ahora han nacido después que tú es que nos estamos haciendo viejos”. Y puede ser que nos estemos haciendo veteranos, pero también olvidadizos. Deberíamos cuidar más al ídolo y darle más memoria al fútbol, que el tiempo ya se encargará de ir empolvando lo mundano y ensalzando lo magnífico. Yo diré a mis nietos que vi jugar a la mejor selección de la historia (la española), al mejor equipo de todos los tiempos (Pep Team) y al mejor futbolista que entre los mortales ha existido (Leo Messi) y vosotros ya decidir si queréis hablarle de Lewandowski o cosas así para eruditos.

¿Qué más da lo que diga ‘France Football’ o Platini en diciembre si no siempre se ha hecho justicia? Muchas leyendas no golpearon nunca un balón de oro. Totti, Del Piero, Raúl, Butragueño, Maldini, Henry, Baresi… y mintiendo un poco Pelé, Di Stéfano o Maradona tampoco lo hicieron (hasta 1995 no empezaron a tener cabidas los jugadores no europeos para su concesión). Angoy tampoco atrapó semejante concesión. ¡Qué barbaridad!

Me temo que muchos otros se quedarán sin hacerlo. ¿Xavi, Iniesta, Puyol, Casillas? Eso sí, que vayan empaquetando el de Ribéry que es francés y los últimos años no dárselo a Messi hubiese sido un sacrilegio. Perdónenme todos ustedes lectores, pero déjenme que vaya perdiendo mis ganas de creer en todo lo que rodea al fútbol. Sentimiento por un escudo, galardones, movimientos de fichajes y un largo etc. Eso sí, que empiece a rodar el balón, porque la vida puede ser maravillosa. Y las tardes invernales, ni te cuento.

Mientras tanto, saborearé un refresco en estos días azules, mientras recuerdo aquel sol de mi infancia en los que me hice adicto al fútbol y vendí mi alma a sepa Dios que diablo vestido de azul y grana.

01/09/2013

Héctor Peco Calero es periodista y director de Discvarios  en Onda Puertollano

 

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