Arda Turan, la sangre de Estambul

Arda-Turan-Atlético-de-MadridDAVID LÓPEZ PALOMO | “Tiene mucho de historia, de cruce de caminos y de demasiados errores cometidos. Muchos de ellos ajenos a sus habitantes, a los que ninguna mente, individual o colectiva, puede enfrentarse con un sólo talante”. Como bien sabe Arda y refleja el griego Petros Márkaris con esta frase en su libro ‘Muerte en Estambul. Una ciudad inmensa a los ojos del visitante de occidente, donde los niños siguen jugando en las calles, ajenos al ruido de las ligas europeas, y la magia se pule en botas compradas en tiendas de segunda mano. La única fábrica de talento que queda para los nacidos en la periferia, como el propio Turan, natural de Bayrampasa, uno de los barrios humildes de la parte europea de la ciudad. Donde nació el llamado ‘Beckham turco‘ y uno de los goleadores en el 5-0 ante el Rayo.

Arda, como su ciudad, como dice Márkiaris, tiene mucho de paciencia, de resignación filosófica. Tiene mucho de Estambul en la rapidez y en la pausa, pero también en lo imprevisible, en lo genial, en lo inusitado. Partiendo como interior, extremo e incluso mediapunta, el turco se ha convertido en uno de los chicos importantes de Simeone. Tras las marchas de Diego y Falcao sólo queda él. Eso sí, a su mejor nivel, mejorando cada día, como bien ha declarado en más de una ocasión: “Ahora entiendo mucho mejor el juego. En mi rol en el Atlético es importante no perder balones. Tenemos muchos jugadores con velocidad, pero mi rol es aguantar el balón, pasar, asociarme, organizar… Porque para arriesgar ya están ellos. Y luego, en lo defensivo, he aprendido mucho de Filipe Luis. Es un ’10’ en cuanto a carácter. Nos compenetramos a la perfección. Nos escuchamos y sabemos cuándo tenemos que cubrirnos”.

Poco a poco, pero siempre aportando algo. Ya desde que comenzara en el Galatasaray supo que era su única baza. El mirar a corto plazo, conociéndose a sí mismo. Bajito y sin mucho físico, ‘el Cabezón’, como le apodaban los chicos de su barrio, asistió a clases en la banda del viejo Estadio Sami Yen, cuando todavía era recogepelotas. Aprendió de Hagi a frenar y recortar antes de mirar, su maestro y entrenador durante gran parte de su carrera en el Galatasaray.

No obstante, su salto de calidad, su doctorado, lo está haciendo en el ‘Atleti‘. Siempre apareciendo cuando más se le necesita, como en la ida de la Supercopa de España ante el Barcelona, poniéndole el balón a Villa para que éste adelantara a los de Simeone. O ante el Rayo, anotando el tercer gol. Siempre certero, con esa sonrisa que tanto le caracteriza. Preciso, sin demasiados aspavientos, pero vital en el Atlético. Más completo junto al ‘Cholo’: “Si tengo que regatear, regateo: si tengo que defender, defiendo; si tengo que pasar, paso; si me tengo que sentar en el banquillo; me siento”.

Arda, como Nazim Hikmet, escribía en Estambul para que le leyeran con los ojos, en el Calderón lo hace para que le escuchen en voz alta. Así como el poeta que encabeza este párrafo hacía en Anatolia, con sonoridad y rima. Con la sangre de la antigua Constantinopla.

26/08/2013

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