‘Diegolo’

diegolo1MARIO BECEDAS | A veces las guerras dejan héroes insospechados. Supervivientes a la tragedia que surgen como el mármol de entre la metralla y se convierten en protagonistas indeseados, que no indeseables, de un cometido que no era el suyo. Un día estás calentando el banquillo del Sánchez Pizjuán y al siguiente te llaman desde Madrid. El conflicto había estallado en la capital y Diego López era reclutado a filas con ilusión. El gigante de Paradela (Lugo) arribó al frente sabiendo lo que se iba a encontrar. Un polvorín diplomático y una mano de oro hecha pedazos corriendo sola por el suelo: fatuidades de Arbeloa. El adusto y sobrio meta gallego empezó a trabajar a la sombra, apartándose de los sables. Igual que era un instrumento de la nueva guardia, podía intuir los mil ojos de la vieja que se le posaban encima.

Sereno y abstraído, Diego iba cogiendo horma en el arco. Su buena actuación ante el Barça en los tres Clásicos del loco febrero y sus portentosas estiradas frente a un Manchester United venido a más le asentaron en un puesto del que iba a ser difícil echarle. Antes era común ascender en los ejércitos por méritos de guerra, y el lucense siempre se mostró firme en la línea de tiro. Todo fruto del trabajo. Incansable en la parcela más aburrida del fútbol, el reemplazo en los tres palos no cejaba en su puesta a punto. Quienes lo han entrenado saben lo obstinado de sus sesiones de preparación. Incluso 24 horas antes de un partido encuentra aspectos que mejorar. Sus preparadores hasta le han llamado “pesado”. Cada detalle acababa en un vídeo para ser corregido. Su enorme morfología de 1,96 metros tenía que paliarse de algún modo. La falta de potencia en los cuádriceps se acabó solventando con un minucioso y agotador trabajo de pies.

Estas cualidades más trabajadas que adquiridas ya habían hecho a Diego López ser un puntal básico del Villarreal que maravilló en los tiempos en los que se quemó a Luis Aragonés. Incluso España llamó a la puerta de un meta que ya conocía la ‘casa blanca‘ por dentro. Capello había suspirado por él. Su interminable estatura de portero sólido había conquistado al técnico italiano, capaz de imponer el catenaccio hasta en el baloncesto. Pero aquella vez no pudo ser. Casillas estaba tocado por el destino. Es casi lo mismo que le pasó a César Sánchez, pero al revés. El extremeño desbancó al ‘ángel de Móstoles‘ y cautivó a Del Bosque, pero una lesión le hizo caer en el ostracismo. Pasó de rezar novenas a implorar por no abrasarse en los descensos. Un aprendizaje que ha sido inverso para Diego, que vio naufragar al Submarino. “Cuando te vas del Madrid tienes la sensación de que vives al filo de la muerte”, dijo César en una entrevista. Por eso Diego, a su vuelta, se enfundó los guantes y no escuchó nada más. Ni besos esquivos en el túnel de vestuarios ni caterva mediática.

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Solitario, concentrado y creciendo. Una labor imparable que le ha hecho apostar por quedarse en el Real Madrid tras este verano. Un envite arriesgado. Como en el capítulo de ‘Los Simpson’ en el que se celebra la enésima vuelta a la realidad de la amarillenta familia tras un alocado episodio, el aterrizaje de Ancelotti hacía pensar en una vuelta al establishment. Casillas a la puerta y el ‘otro’ al banco. Iker ya podía empezar a olvidar el día en que por un hechizo de Setúbal se levantó convertido en escarabajo, como Gregor Samsa, y su familia, la blanca, le empezó a tirar manzanazos a la chepa. Siempre le pesará aquella llamada a Xavi. Es curioso que sea la horda centralista la que no le perdona que apuntalase la Selección pactando con un catalán. Pero ’Carletto’, buen italiano, sabe que todo tiene que cambiar para que nada cambie; y por eso no se quemó los dedos a la hora de esbozar la lista. Diego sería titular en el primer partido de Liga. Toda una declaración de intenciones. El nuevo emperador de la ceja arqueada bajó el pulgar hacia ‘el Santo’ sabiendo que el respetable ahora admira más la sufrida mueca del Cristo de Paradela.

El sacrificio y el oficio derrochados tras esos oscuros ojos de pesadumbre han hecho que el Bernabéu compre y se fije en el descastado protomártir que ha vuelto a casa. Son tiempos de crisis y el pueblo valora el esfuerzo más que el talento. El graderío soberano va quemando las reminiscencias de Mourinho mientras que, tras el atragantamiento inicial al oír el primer once serio de Ancelotti, los ‘piperos’ escupieron la cáscara y guardaron un tenso silencio. Con la barba de varios días siempre pintada en el rostro y un pelo ensortijado que no esconde las entradas de la edad, ‘Diegolo’ es el nuevo ídolo de los niños. Como le tituló su tocayo Diego Torres, es “el portero que se fabricó a sí mismo”. Los cesantes de la ‘Yihad’ ya le ponen en su Comunio. Y es que, aunque los acólitos de Concha Espina ya no escuchen cantos de sirena desde Lusitania, Johannesburgo parece condenado a ser un eco lejano. Glasgow, un olvido.

22/08/2013

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