El final de GH13

guus_hiddink_recortadaSERGIO MENÉNDEZ |La reinauguración del curso futbolístico en España supone la puesta en marcha de la gran liga europea que faltaba por comenzar junto a la Serie A italiana. A falta de que la competición doméstica trasalpina eche a rodar el balón este fin de semana, los dos alumnos más aplicados del viejo continente, Bundesliga y Premier, han dejado ya pildoritas sobre lo que nos espera de cara a la nueva temporada. Tras el baile veraniego de contrataciones, llega el momento de empezar a comprobar quién se presenta con los deberes hechos en materia de fichajes y ver también los que han decidido copiarse de Zubizarreta y lo han dejado todo prácticamente para la tarde anterior.

En esta ocasión, muchos de los alicientes pasan por saber qué ocurrirá en los banquillos. La llegada de Pep a Baviera, el feliz retorno de Mourinho al Chelsea, la travesía de Benítez por la costa de Amalfi o los resultados de Carlo Ancelotti en el Real Madrid y un inesperado Tata’ Martino con el Barcelona son tareas marcadas en fosforito en la agenda escolar. Fuera del foco principal hay un técnico al que ya no le aprieta el nudo de la corbata y los bajos de la camisa se le han salido antes de tiempo del pantalón. Sus zapatos perdieron el lustre demasiado pronto. El fantasma que amenaza a la profesión con impedirles saborear las mieles del turrón desde la banda le sobrevino cuando apenas había tenido la oportunidad de comprarse un cucurucho de su versión helada. Hablamos de Guus Hiddink, un rockero de los de siempre.

Durante su etapa de jugador debutó a nivel profesional bajo las órdenes de Piet de Visser, el entrenador con vocación de scout al que se le suele atribuir el descubrimiento de talentos emergentes de la talla de Romário o Ronaldo, una de las personas más decisivas en determinadas fases de su carrera como preparador. Lo hizo en las filas del modesto De Graafschap, un club situado en una localidad neerlandesa cerca de Varsseveld, el pueblo donde Guus vivía junto a su familia. Cuatro años después de su estreno, y tras un paso efímero por el PSV Eindhoven con billete de vuelta, ambos consiguieron el ascenso a la máxima categoría de fútbol en los Países Bajos. Por vez primera en su historia, los habitantes de Doetinchem verían al equipo de la ciudad jugando en la Eredivisie, hito que representa el mayor logro de Hiddink con las botas puestas.

Porque si por algo se le conoce es, precisamente, por los éxitos obtenidos pizarra en mano. El más tempranero, un señor triplete en 1988 con Copa de Europa incluida dirigiendo al PSV de Ronald Koeman.  Aquí en España, por ejemplo, su nombre constituye para las aficiones de Valencia, Real Madrid y Betis el de un viejo conocido. Particularmente en el caso de los dos primeros, gracias a un total de tres campañas a la brisa de la Malvarrosa y la Copa Intercontinental de 1998 que hizo aguanís las bocas de la parroquia blanca.

Comenzó entonces una etapa en la vida de Hiddink marcada por los contrastes, sobre todo en lo referido a su papel como seleccionador. Tras una experiencia previa en el banquillo de Holanda, corroboró las sospechas de los que le creían ‘Mago‘ y se sirvió de la inestimable ayuda del repudiado Gamal Al -Gandhour para llevar al combinado surcoreano a las semifinales del Mundial 2002. Seis veranos y muchas maldiciones contra el trencilla egipcio transcurrieron hasta cobrarnos la revancha con ocasión de la Eurocopa celebrada en Austria y Suiza, cita a la que Hiddink llegó comandando a Rusia tras repetir en la disciplina patrocinada por Phillips y probar suerte durante un año con Australia. La victoria de los chicos de Luis Aragonés, de nuevo en semifinales, apeó a la Federación del torneo pero supuso para Guus el inicio de un período en que el país situado al este de los Urales ha cobrado una gran importancia en su pasado reciente.

En primer lugar, a la hora de convertirse en entrenador del Chelsea en 2009, después de que un mencionado Piet de Visser le presentara al magnate ruso y propietario de los verdes campos de Stamford Bridge, Roman Abramovich. Un contacto que le valió un puesto privilegiado cuando le tocó sustituir a Luiz Felipe Scolari al frente de los blues y hacerse famoso por celebrar los goles levantándose del asiento como un resorte y propinando al aire su mortal gancho de derecha. Y segundo, pero fundamental, en la posterior firma como preparador  del Anzhi, el club de la República de Daguestán liderado (no se sabe hasta cuándo) por Samuel Eto’o y el decimotercero en el currículum del ‘Holandés Errante‘. Allí ha recalado los dos últimos años, tiempo en el que ha completado su trayectoria con una medalla de bronce en la Russian Premier League, unos octavos de final de Europa League en 2012 y el amago con la retirada definitiva. Ahora, la consecución de un único punto en las dos jornadas iniciales del campeonato ha motivado la dimisión de un hombre que lleva bordando en la sudadera unas siglas tan sólo reconocibles para buena parte de los españoles por las aventuras entre fundas nórdicas de varios trincadores en una casa de Guadalix. ¡Ah, si George Orwell levantara la cabeza!

21/08/2013

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