Soldados y artistas

dinamomoscuJULIÁN CARPINTERO | Fue el pasado 7 de agosto cuando Suleyman Kerimov, el extravagante dueño del Anzhi de Makhachkala, hizo pública su decisión de poner a la venta a toda la constelación de estrellas que había reunido en la República de Daguestán. Dos semanas después de verse obligado a aceptar la dimisión del nómada Guus Hiddink y cansado de invertir en un ‘juguete’ que le genera más pérdidas que beneficios, el magnate ruso rompió la baraja y le enseñó la puerta de salida a los Eto’o, Lass Diarra y Willian. Bien es sabido que ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’, por lo que el marino que más peces ha prendido en sus redes durante esta marejada ha sido un equipo en el que militares e intelectuales han convivido a lo largo de la historia, juntos y revueltos.

Cuando Magomed-Sultan Magomedov fundaba el Anzhi en 1991, el Dinamo de Moscú ya contaba en 68 sus años de existencia. En esas casi siete décadas de trayectoria en el balompié de la URSS el decano del fútbol ruso había atesorado 11 ligas y seis Copas, además de un subcampeonato de la Recopa en 1972, el mayor éxito europeo en la historia de un club con mucha mística al oeste de los Urales. En la antigua organización del fútbol soviético la mayoría de los equipos estaban vinculados a un organismo del régimen comunista; así, por ejemplo, el Lokomotiv era el conjunto de los ferroviarios y el CSKA el del Ejército. El Dinamo de Moscú, por su parte, fue la escuadra del MVD, el vetusto Ministerio del Interior, tras nacer como un anhelo deportivo del impronunciable Feliks Dzerzhinski, a su vez ideólogo de la Cheka, la temible policía secreta de los bolcheviques. Con estas credenciales, su vinculación con el poder fue una constante durante toda la etapa comunista, y a los títulos antes mencionados se suma el hecho de ser el único equipo que, junto al Dinamo de Kiev, nunca descendió a la segunda división del campeonato soviético.

No obstante, el hecho de que su fundador fuera un sangriento y cruel ejecutor de los enemigos de la Revolución de 1917 no quiere decir que todo lo que rodeara al club en esos años fuera lúgubre y sombrío. Sin ir más lejos, el lema de la institución, ‘Energía en movimiento’, fue propuesto por el escritor Máximo Gorki, autor de obras tan representativas como  ‘Los bajos fondos’ y ferviente activista en el nacimiento de la sección futbolística de un Dinamo que en sus inicios se concibió como un ente polideportivo –hockey sobre hielo, baloncesto, fútbol sala, voleibol masculino y femenino y waterpolo–. Por si el guiño del epígono de Tolstói y Chéjov supiera a poco, es necesario resaltar que las victorias del equipo se celebran a ritmo de ópera. De Tchaikovski, concretamente. En la cultura popular rusa probablemente no exista un elemento con unos tintes patrióticos tan marcados como la ‘Obertura 1812’ que compuso el músico de Vótkinsk por encargo del Zar Alejandro I para conmemorar el triunfo del ‘General Invierno’ sobre las tropas de Napoleón en la campaña de Rusia. De tal modo, cada vez que el Dinamo suma tres puntos como local, la afición blanquiazul vibra con el sonido de los cañonazos, el trote de la caballería, los tambores, las tubas y las bayonetas transportándose a una hazaña que identifican como propia.

Sin embargo, todo ese halo de misterio no le ha servido al Dinamo para ser el equipo más popular en el país de las matrioskas y el caviar. Pese a contar con un gran número de seguidores, Zenit de San Petersburgo, CSKA y, sobre todo, Spartak –catalogado como el ‘equipo del pueblo’ debido a la capacidad de su fundador Nikolai Starostin de conectar con la gente– están en disposición de mirarle por encima del hombro en lo que a masa social se refiere.

No en vano, hace ya varias décadas que el equipo cuya portería defendió el gran Lev Yashin durante toda su carrera no saborea las mieles del triunfo. Desde la caída del muro de Berlín la grada ‘dinamiki’ sólo ha podido festejar una Copa que la pasada primavera se hizo mayor de edad. Es por ello que la inyección de capital del banco público VTB, que en 2009 compró el 74% de las acciones de la entidad moscovita, ha permitido el desembarco de tres primeros espadas de la Russian Premier League 2013/14. Daños colaterales de ese ajuste de Kerimov para no infligir el fair-play financiero que propone la UEFA, Zhirkov, Denisov y Kokorin cambian de esta forma, millonada mediante, la desértica Makhachkala por la cosmopolita Moscú.

Este trío de ases se une a una plantilla en la que sobresalen la inusitada madurez del portero Shunin, la potencia del extremo húngaro Dzsudzsák, el criterio táctico del ecuatoriano Noboa y el instinto rematador del germano-brasileño Kurányi. Desde la banda los dirigirá Dan Petrescu, antiguo lateral del que se dio a conocer en el Mundial de Estados Unidos y cuya meteórica carrera en los banquillos ha llamado la atención de varios grandes de Europa. A priori, parecen mimbres suficientes para que el Dinamo ponga fin a una sequía que ha durado demasiado tiempo y que no puede enquistarse más en la mente y las tripas de una hinchada fría como un soldado y visceral como un artista. Tchaikovski está en condiciones de volver a sonar.

20/08/2013

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