Muniain, del barrio a La Catedral

Muniain Athletic Bilbao DAVID LÓPEZ PALOMO | Tiene pinta de quinqui de barrio. De tomar litronas en la plaza del pueblo, liar porros en la puerta de la uni y ser el primero en salir el viernes por la noche. Su media cresta, la mirada perdida y algún que otro piercing le delatan. Le hacen normal. Como a cualquier chico de 20 años al que le guste jugar al fútbol. O ver Los Simpson, como Bart‘ Muniain. Goleador ya en la primera jornada y vital en la victoria del Athletic ante el Valladolid.

Ha sido el primer zarpazo del navarro en este curso. Antes de que se dude de él, como ocurrió la temporada pasada, en la que tan sólo anotó un tanto. Un registro muy pobre, el peor de su carrera desde que llegara a Lezama desde el pueblo, con 12 años recién cumplidos. Rubio, pequeñito y con cara de pillo; de jugador pícaro, rápido y con talento.

Muniain no ha perdido ninguna de esas virtudes que llamaron la atención del Athletic desde el comienzo. Cuando el niño que idolatraba a Ronaldinho y miraba a Yeste de reojo se hacía grande poco a poco. Antes de que Joaquín Caparrós le llamara para formar parte de la primera plantilla. Todavía sin cuerpo, acelerado en sus primeros partidos, pero con mucho que aportar desde el principio.

Ya en sus dos primeras temporadas disputó 35 y 38 partidos, anotando seis y cinco goles, respectivamente. Para seguir engordando sus estadísticas con Bielsa, en el mejor año del navarro en el Athletic. Muniain sumó nueve goles en 58 partidos, siendo clave para llegar a la final de la Copa del Rey y de la Europa League. Su mayor éxito.

Evidentemente, su gran campaña llamó la atención de los grandes clubes. Y si Javi Martínez y Llorente se resistieron a seguir fieles a La Catedral, él sí que lo hizo. A pesar de los problemas que vivió el año pasado, visto el primer partido de Liga ante el Valladolid, parece que Iker ha vuelto a reencontrarse.

Y lo ha hecho sin cambiar un ápice de su forma de ser. Con su pinta de quinqui. Sin esconder que copiaba en los exámenes en el colegio, que se escondía en la habitación de Ander Herrera a montarla en los tiempos en que el Athletic era envidiado por Europa y que su perro, a pesar de llamarse Kun, prefiere sus goles a los del argentino. Siendo, al fin y al cabo, un tipo normal, que sigue yendo a la peluquería de Iñaki a cortarse el pelo. Y que, si nada cambia, le dedicará los goles después de cada corte. Como lleva haciendo toda la vida.

18/08/2013

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