“Stop bombardeos”

FotoSketcher - mijatovicÁLVARO MÉNDEZ | Ni el fugaz paso del tiempo podrá borrar aquel balón muerto en el área ‘bianconera‘, la astucia del engominado dorsal 8 de la escuadra merengue, su regate a Peruzzi y el posterior disparo blandito al fondo de las redes. Han pasado ya más de 15 años desde que el Real Madrid lograra la ansiada Séptima de la mano de Pedja Mijatovic, la Champions que ponía fin a más de tres décadas de sequía europea.

Un año después, el ariete de Titogrado (actual Podgorica) volvió a ser protagonista, pero por un motivo bien distinto. En marzo de 1999 las fuerzas de la OTAN sospechaban que Serbia estaba cometiendo una brutal limpieza étnica contra la población kosovar y decidieron bombardear, con todas las consecuencias, los proncipales enclaves serbios. Ante semejante brutalidad, el fútbol serbio reaccionó en los campos de fútbol y el propio Mijatovic, Dejan Savicevic y Dragan Stojkovic —por entonces los tres capitanes de la Federación Yugoslava— animaron a todos sus compatriotas a no jugar con sus respectivos equipos en señal de protesta y duelo por las víctimas causadas por las hostilidades de la OTAN. Los entonces jugadores de Primera división como Djukic, Ongjenovic, Jokanovic, Stankovic, Nadj y Djorovic se declararon en huelga.

La llama prendió a otros países europeos, donde varios futbolistas lucieron brazaletes negros en recuerdo de los desaparecidos. A pesar de las numerosas muestras de solidaridad que se vieron en los estadios del continente, los clubes amenazaron con multas estratosféricas a sus jugadores y no tuvieron otra opción que retroceder a la jornada siguiente. Merece la pena, aun así, preguntarse hasta qué punto estuvieron justificadas las protestas de los ‘plavi‘.

Esta particular controversia balcánica venía de lejos. En 1995, tras finalizar la guerra de Bosnia, surgió el problema de la independencia de Kosovo, una región que nunca fue una República de la Federación Yugoslava y que, por ende, no tenía derecho alguno a la independencia según la Constitución de 1974. Al contrario que Serbia, Montenegro, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia, Kosovo era sólo una provincia más de la República de Serbia.

El Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) llevó a cabo una campaña propagandística sin igual para captar la atención de la OTAN, que vio en los Balcanes una oportunidad ideal para autorreinvindicarse. Amparándose en las amenazas de Serbia y en el vuelco poblacional en una zona con 80% de albanokosovares musulmanes y 20% de serbios ortodoxos, sedujeron con astucia a la comunidad internacional al tiempo que los nostálgicos de la gran Yugoslavia se rasgaban las vestiduras. Entre ellos Mijatovic, Savicevic y Stojkovic.

La operación militar en Kosovo supuso la puntilla para una Yugoslavia que sufrió en exceso la hipocresía y el egoísmo de Europa y Estados Unidos. Y en el terreno deportivo, un adiós inmerecido a la honorable tradición ‘plavi en decenas de disciplinas, incluido el noble arte balompédico.

15/08/2013

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