Anemia vital

Gary SpeedJULIÁN CARPINTERO | El reconocimiento médico de rigor que todos los futbolistas han de superar tras las vacaciones no siempre resulta ser un simple formalismo. Nadie más mediático que Neymar para enterrar el mito, puesto que los análisis a los que se sometió en Barcelona tras regresar de la Copa Confederaciones revelaron que padece un leve déficit de hemoglobina en la sangre que, seguramente, no tardará en ser corregido. Gareth Bale, la otra estrella mediática del verano, hace año y medio que sufrió en tercera persona las consecuencias de una variante de esta afección sanguínea invisible a ojos de cualquier prueba y que se llevó las ganas de vivir de Gary Speed.

Ha sido una sorpresa enorme. No creo que nadie pensara nunca que podía suceder algo así”, exclamaba el todavía hoy jugador del Tottenham al enterarse del suicidio del seleccionador de Gales en noviembre de 2011. ‘El expreso de Cardiff’ –como cariñosamente apodaron los aficionados de White Hart Lane al ‘11’ de los ‘spurs’– se había convertido en la estrella emergente de un ‘Dragón Rojo’ que, por primera vez en mucho tiempo, se veía con posibilidades reales de clasificarse para un Copa del Mundo, hito que ha conseguido una vez en toda su historia, cuando alcanzó los cuartos de final en el Mundial de Suecia de 1958. Bélgica, Croacia, Serbia, Escocia y Macedonia no parecían rivales lo suficientemente temibles como para evitar pensar en, como mínimo, la repesca.

Sin embargo, la potencia y la velocidad de Bale dentro de un conjunto férreo y solidario encontraron sentido gracias a la aplicación de la lógica y al criterio que desde la banda había imprimido Gary Speed, toda una leyenda en los terrenos de juego británicos, al que siempre le fue más fácil visualizar un pase entre cinco defensas que encontrar motivos para ser feliz. El por aquel entonces técnico galés había sido un talentoso centrocampista que inició su carrera en el Leeds con apenas 19 años, donde formó una medular de lujo junto a Batty, McCallister y Strachan. Sus buenas actuaciones en Elland Road no tuvieron recompensa en forma de títulos, al tiempo que en su país empezaba a verse eclipsado por un ciclón llamado Ryan Giggs, quien amenazaba con marcar una época en los campos del sur del Reino Unido. Su siguiente parada sería el Everton. En la margen derecha del Mersey permaneció únicamente dos temporadas, siendo este el lugar en el que empezaría a evidenciar que algo no iba bien cuando se desataba las botas. A pesar de todo, en Cardiff no perdían la esperanza de que Speed cogiera el testigo, como líder de la selección verdirroja, de mitos de la talla de Ian Rush o Mark Hughes.

En el mercado de invierno de 1998, para sorpresa de propios y extraños, Speed abandonaba el Everton y fichaba por el Newcastle debido a que la relación con el técnico Howard Kendall era insostenible. Speed, por aquel entonces capitán ‘toffee’, se despidió de la afición de Goodison Park con un mensaje encriptado en el diario local Liverpool Echo: “Vosotros sabéis porqué me marcho, pero no puedo explicarlo públicamente porque podría manchar el buen nombre del Everton y no estoy preparado para ello”. Los enigmas comenzaban a amontonarse en su cabeza y hasta su propia madre era consciente de que Gary no iba sobrado de optimismo. Ni siquiera su boda con Louise en 1996 ni el nacimiento de Tommy y Eddie, sus dos hijos, parecieron avivar las ganas de vivir de un hombre al que, a ojos de la opinión pública, no deberían faltarle los motivos para sonreír.

Seis años en el Newcastle –nutriendo de pases a Alan Shearer–, otros cuatro en el Bolton y un par más en el Sheffield fueron el epílogo de una carrera con muchas luces en lo que a actuaciones individuales se refiere, pero sin títulos reseñables a nivel colectivo y la desazón de no haber escuchado el himno galés en una gran competición. Entonces, en el momento en que todo parecía enderezarse, cuando Gales había encadenado tres victorias de forma consecutiva en menos de un año y el grupo estaba convencido de que Brasil había que sentirlo y no verlo por televisión, Speed fue encontrado ahorcado. Igual que Robert Enke, se quiso quitar del medio ante la ausencia de una salida. Y es que, a veces, ni los Caballeros de la Orden del Imperio Británico son capaces de vislumbrarla.

La noticia de su muerte conmocionó el mundo del fútbol por lo, a priori, inesperado del suceso. En este sentido, su asistente Raymond Verheijen comentó que “cada vez que entraba en el vestuario transmitía energía; los jugadores le adoraban”. Una vitalidad que desaparecía nada más abandonar el campo y que le absorbía cualquier contratiempo del día a día, como la discusión que tuvo con Louise la tarde antes del suicidio y por la que pasó la noche en su propio coche. Gales ya no se clasificará para el Mundial de 2014 como tampoco el fútbol pudo salvar a Gary Speed, pero, como expresó Gareth Bale, “intentaremos mantener su honor lo más alto posible”.

08/08/2013

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