Garoto Playboy

ronaldo_playboy.jpgSERGIO MENÉNDEZ | Son tantos los recuerdos que piden paso en nuestra memoria cuando se nos pregunta por el momento que mejor define la carrera deportiva de Ronaldo que casi resulta imposible quedarse con una única jugada. La mayoría de los aficionados españoles, no importa de qué condición, guardan con celo en lo más hondo de su retina su cabalgada de 50 metros en Santiago de Compostela, zafándose de varios rivales y dejando tras de sí una estela de jugadores celestes a los que no les quedó otro remedio que sentarse y disfrutar de una jugada para la historia de nuestro fútbol.

Igual de memorables son también su grito desgarrador tras encarar a Fernando Couto y hacerse trizas la rodilla por segunda vez en seis meses o la noche del 30 de junio de 2002, en el estadio de Yokohama, luciendo flequillo de media luna y dos tantos que confirmaron su flamante y definitivo retorno al escaparate balompédico. Y cómo olvidar el caño a Simeone y posterior gol frente al Atlético de Madrid con el que abrió el marcador de un partido del que sólo se habían cumplido algunos segundos. No hace falta siquiera decir qué camiseta vestía en cada momento.

Corinthians supuso la antesala de su retirada, el club donde el astro brasileño decidió esparcir las últimas gotas de su mágico elixir y el escenario que le vio convertirse en un crack de talla mundial, aplicando en este caso a la expresión el más literal de los sentidos. La imposibilidad de deshacerse de los kilos sobrantes condujeron a principios de 2011 al anteriormente conocido como Fenómeno’ a la irremediable decisión de colgar las botas definitivamente. Detrás dejaba un currículum envidiable, tanto en el plano colectivo como en el individual (dos Mundiales, otras tantas Ligas y Copas América, un total de cuatro títulos de Copa conseguidos en Brasil, Países Bajos y España, una UEFA, otra Intercontinental, tres FIFA World Player y dos Balones de Oro). Si algo quería reprocharse tras media vida compitiendo de manera profesional fue no haber llegado jamás a conquistar la Copa de Europa.

Desde entonces, exceptuando las ocasiones en que sus amigos y los de Zidane se han juntado para combatir la pobreza con algún bolo, el nombre de Ronaldo ha sufrido un trasvase desde las páginas de los diarios deportivos al papel couché’. Un periplo que comenzó durante su etapa como deportista, gracias a la boda con Daniella Cicarelli celebrada por todo lo alto a las afueras de París en una ceremonia que a efectos legales tuvo la misma validez que la de Lauren Postigo por el rito zulú. El cambio que supuso protagonizar los anuncios de la casa Pirelli por relaciones donde lo más neumático residía en los atributos de sus compañeras, los supuestos deslices con mujeres que escondían sorpresas bajo el tiro de sus faldas o su participación en realities’ que buscaban sacar partido de su hipotiroidismo y ganar audiencia a costa de una reducción de estómago terminaron por relegar a un segundo plano toda una trayectoria jalonada de titulares encumbrando sus dotes para el mano a mano, la facilidad con que tumbaba porteros a golpes de cintura y su fútbol explosivo en beneficio de planos robados en las playas de Ibiza decorados con flechas directas a su ombligo y un enorme ‘¡Aargh!’ al otro lado.

Pero lo que hoy nos lleva a hablar del delantero con diastema es su penúltima aparición en prensa, aunque en esta ocasión la lleve a cabo desde los despachos, lejos de los objetivos de las cámaras y de los micrófonos de las retransmisiones deportivas, gracias a un negocio al que poco le falta para ser considerado obra filantrópica, pues constituye un gesto totalmente desinteresado para los pocos compatriotas que a día de hoy siguen decorando las paredes de sus habitaciones con los desplegables de las páginas centrales de la cabecera pornográfica con más solera de cuantas existen en el mundo. La última de las empresas que Ronaldo viene desde hace algún tiempo pensando en incorporar al entramado compuesto por una compañía que promociona la imagen de talentos nacionales como Neymar y la gestión de una cadena de gimnasios, una clínica deportiva, una discoteca y la adquisición de un edificio donde hoy funciona una universidad, no es otra que la adquisición de Abril, el grupo editorial responsable de Playboy Brasil.

Tras una época dorada a principios de la década de los años 90 en la que llegó a vender más de un millón de títulos mensuales, la edición local de la célebre revista masculina atraviesa a día de hoy una serie de problemas económicos que, unidos a una cifra de ventas que apenas supera a los 250.000 ejemplares en la actualidad, amenazan con su desaparición. Normal, por otro lado, si atendemos a la evolución que ha sufrido el traje de baño desde la irrupción del tanga y el resto de minimalismos que tanto gustan al público nativo, así como el enorme culto al cuerpo que impera en las playas de Copacabana e Ipanema, hechos ambos que contribuyeron a salpicar el malecón de Rio de Janeiro con la dosis de sexualidad que en el pasado solían proporcionar los quioscos.

¿Quién se lo iba a decir al bueno de Ronie’? El hombre que hace no mucho abandonaba los terrenos de juego probablemente tenga que cambiar las bermudas color natillas que luce junto a su actual compañera de fatigas nocturnas y pasar en breve a presidir el lugar que merece todo gran conocedor del mayor de los placeres de la vida. De momento todo queda en casa, pero puede que a no mucho tardar se vea obligado a calzarse las pantuflas, encender su pipa de jabón, anudarse el cinturón de un batín de raso color burdeos con sus iniciales bordadas y emigrar al centro de operaciones que la mancheta del conejo con pajarita tiene en la soleada California. Quizás el mejor fichaje de este verano sea el que sacuda los cimientos de la Mansión Playboy. Tiembla, Hugh Hufner. Si hasta ahora siempre habías creído tener mejores cosas en las que invertir tus madrugadas que durmiendo, Ronaldo puede darte ahora motivos que de verdad te impidan conciliar el sueño. Motivos de peso.

23/07/2013

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