‘Copa pra quem?’

ÁLVARO MÉNDEZ | Aunque parezca mentira, hubo en Brasil quien apartó la vista del televisor en el partido inaugural de la Copa Confederaciones cuando Neymar cazó aquel balón perdido y lo colocó donde palo y larguero se juntan. También quien no se dejó seducir por la exquisita exhibición de Iniesta y compañía ante Uruguay. Incluso quien no se alegró con el histórico gol de Tahití ante Nigeria. Y es que, muy a pesar de la historia común que comparten la sociedad y el balón en el país de la samba, parte de los brasileños parece haber pedido el divorcio al que hasta ahora había sido su amante incondicional, la fuente de sus alegrías y sus penas, el omnipresente compañero de viaje y la motivación para vivir. El todopoderoso fútbol.

Basta ver lo ocurrido durante las primeras jornadas del torneo. Mientras los equipos se preparaban para saltar a la cancha y los aficionados se acomodaban en sus asientos, miles de ciudadanos marchaban en las proximidades de los estadios protestando por el alto coste de organización de los campeonatos que Brasil va a acoger. El Gobierno de Dilma Rousseff se comprometió en su día a gastar 26.600 millones de reales —unos 12.300 millones de dólares— en infraestructuras, aeropuertos, seguridad y telecomunicaciones para la Copa del Mundo —y para su hermana pequeña, la Copa Confederaciones—. Todo, por supuesto, dinero público. ‘Copa pra quem?’, se pregunta indignado un importante sector de la ciudadanía.

Se teme, además, que muchos de los estadios terminen convirtiéndose en edificios inutilizables que acarreen deudas sin remedio y que nunca se pueda recuperar la inversión inicial. “¡Un profesor vale más que Neymar!”, se podía escuchar en las manifestaciones que se sucedieron en Fortaleza, junto al Estadio Castelao. “Mientras usted ve televisión, yo cambio el país. ¡Fútbol no! Queremos educación”, sentenciaba una de tantas pancartas. El pueblo comienza a sospechar que, en lugar de continuar la labor de Lula da Silva y luchar contra la desigualdad social, el Ejecutivo parece haberse pasado al pan y circo’ del deporte rey. Otra vez.

Así, las últimas medidas llevadas a cabo por el Ejecutivo lograron sacar a las calles de Río de Janeiro a unas 100.000 personas. Otras 65.000 abarrotaron el centro de São Paulo. El desencadenante fue el anuncio de una subida drástica de los precios del transporte público a pesar del cuestionable funcionamiento del mismo. Este incremento —variable según las ciudades— choca con el salario mínimo, que en Brasil ronda los 237 euros. Mientras, las inversiones en salud y educación caen como nunca había ocurrido en la última década, la corrupción se afianza en todos los niveles de la Administración y la conflictividad social se agudiza. La cuestión a dilucidar es si la tensión existente será capaz de desestabilizar los firmes cimientos bajo los cuales se ha edificado a lo largo de los años el gran becerro de oro que es hoy en día el balompié brasileño.

¿Está garantizada la seguridad de cara a lo que resta de la Copa Confederaciones y al próximo Mundial? En las últimas horas, el Gobierno parece haber hecho suya la primera de las dos cualidades que reza la auriverde: Orden y progreso’. Ante los manifestantes, firmeza e inmovilismo al más puro estilo de Nicolás Maquiavelo. Sin embargo, todavía está por ver si la militarización del torneo constituirá efectivamente un nuevo leitmotiv para futuras concentraciones.

Ahora bien, no descubrimos nada si afirmamos que si la canarinha avanza con paso triunfal en el campeonato las protestas se acallarían sensiblemente. En caso de que los pupilos de Scolari se alzasen finalmente con la ansiada Copa en el histórico Maracaná, los disturbios quedarían a un lado y su espacio lo llenarían las celebraciones a ritmo de samba en las calles de todo Brasil. Quizás entonces se podría responder a la pregunta que se hacen todos los manifestantes: ‘Copa pra quem?’. Para todos. Para una nación que recuperaría el honor balompédico perdido tras el funesto Maracanazo’ de 1950 en el mismo lugar de la tragedia.

Quizás sea cierto que el fútbol es la caipirinha del pueblo. Lo sé. Nadie se hará rico por muchos defensas que caigan al suelo tras bicicletas y elásticas ni por balones que perforen la red. Pero, en ocasiones, el deporte rey tiene el poder de ofrecer dar más alegrías que la política y la economía juntas. Y eso, en España, lo sabemos muy bien.

20/06/2013

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4 thoughts on “‘Copa pra quem?’

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  4. Exhibición de fútbol de nuestra selección con una decena de goles marcados a los débiles tahitianos. ¿Copa pra quem? ¿Qué opinarán en las favelas, a escasos quinientos metros del apoteósico Maracaná?

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