Caín y Abel

Caín y AbelMARIO BECEDAS | Prolija es la Sagrada Biblia en fábulas y parábolas con las que poder ilustrar los devenires cotidianos. Por si algo le faltaba al catecismo de Florentino Pérez y no fueran bastante los milagros de la Selección, la serpiente portuguesa enroscada al paraíso madridista durante tres años ha dejado a la libre interpretación de los feligreses el sagrado texto con el que se empieza a poner de relieve en la historia de la humanidad qué es el bien y qué es el mal.

La más grotesca forma de maniqueísmo echó a andar el día en que Caín dejó en el sitio a Abel por serle este último más simpático a Dios. Mal asunto, no había casi arrancado el Pentateuco y ya se había inventado el rencor, convirtiéndose éste en la fuerza motriz que empuja al odio y a las más inusitadas acciones. El deseo de venganza ha movido a los hombres desde que cayeron del útero de Eva. A pesar de que se envía a apóstoles como Del Bosque para arreglarlo, no siempre es posible evitarlo. Las zarpas del mal numerosas veces se imponen. Y en este caso ha sido Mefistófeles one’ quien ha regalado el oído lo suficiente para que su pupilo Arbeloa haya cogido del suelo un canto en dirección a Casillas.

Ni la marcha de Mourinho a Londres ni el sagrado halo que desprende ‘La Roja’ cada vez que sale de toriles han podido esconder la carnicería del vestuario del Madrid y, por extensión, la de un 25 % del combinado nacional. Las rotativas explotaron anunciando a los cuatro vientos y los cinco “¡Extra, extra!” que el guardameta de los días felices no se hablaba con el enjuto habitante de la diestra merengue. Pocos días antes habíamos asistido al tour de force de Arbeola defendiendo él sólo al míster antes los medios cuando las huestes de Concha Espina se dejaban quitar la venda por un impaciente piperío. Su foto en el banquillo rodeado de portugueses no hubiese quedado mejor orquestada por Francis Ford Coppola. Alvarito estaba con la Costra Nostra’ lusa y el denostado gran capitán lo sabía de antemano.

Con salir a la palestra para defender que a Mourinho le partieron la cara para echarle, Arbeloa únicamente consiguió que se la arreglaran a él. No tanto por el golpe como por el jeto que se le queda a uno cuando se retrata a sí mismo. Para practicar el vampirismo y el perdonavidismo’ en el mundillo balompédico hay que tener un guante en las botas o en la libreta, no una patata atada a la zapatilla. Esta inmolación pública será de los gestos más entrañables que recuerde el Bernabéu. Le sucede al defensa madridista eso tan típico de cuando la lías y tienes que llevar la bola hasta el final. Y si hay que arramplar con Casillas y sus vitrinas, se hace. Por la yihad hacia Mou o por Mou hacia la yihad. Todo vale, y es que mala de guardar es la casa en la que conviven la excelencia y la mediocridad.

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Ya escribió Nietzsche algo sobre este tipo de conflictos. ‘La moral del esclavo’ lo llamaba, el resentimiento. El pensamiento del pobre de querer destruir al rico, al bueno, al ultrahombre. Sea con los medios que sea. Aun a costa de sí mismo. Quizá fuera difícil ver al compañero levantar los trofeos y comandar un plantel repleto de culés mientras la grada comparaba sus paradones con esos centros del zaguero a la altura de la entrepierna del defensor rival. Que el balón circulase por la banda derecha del Madrid podría ser una temeridad, con España un sacrilegio. Arbeloa entendió que no iba a poder ocultar su poco fútbol con casta o entrega. Tampoco partiendo tibias en los Clásicos. La solución ya pasaba forzosamente por la psique.

¿Quién no vende su alma al Diablo cuando está desesperado? Para hacer dinero hay que vendérsela a Milhouse. Con este contrato, Mourinho adquirió todos los derechos de adhesión del lateral. Un pacto tácito para destruir a los “disfrazados”, esos que recogían un Príncipe de Asturias con el de Tarrasa. La hinchazón de odio pobló esa cabeza. Caín no quería, pero terminó deseando el final de Abel. Ahora resulta que hace meses que no se hablan. A veces la vida es tan puñetera que quien partió la mano en Mestalla a Iker fue el propio Arbeloa confundiendo su guante con el balón. Visión de juego y gran marcador, dicen. Nadie dice que fuera a propósito, el destino suele ser más juguetón en esos lances.

Y así, con la canícula y la troika amenazando al país, el polvorín de Chamartín se ha trasladado a la Confederaciones. Algunas sedientas bocas del periodismo deportivo son capaces de demoler a Del Bosque después de lo que ha logrado. Ahora es un pecado alinear a Casillas. Y pocos quieren darse cuenta de que el salmantino intenta emular al Señor en todo lo posible, porque a pesar de su calidad estática e invisible, Arbeloa sigue de titular a la diestra del Hijo. Invariablemente. Choque de trenes o convivencia hasta el final. Ya poco hay que demostrar, la ausencia de luces deja en eterna oscuridad a la caverna suceda lo que suceda. La cuestión es que, tras sonar el himno patrio, y aun a riesgo de ganar, todos podemos contemplar cómo a estos hermanos el fútbol les cría y también les junta. Todo quedará para septiembre, cuando cada domingo vuelva a interpretarse el texto sagrado o el libro de Saramago, como prefieran.

14/06/2013

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