Huyendo del narcotráfico

chicharito 900x300ÁLVARO MÉNDEZ | Hace unas semanas tuve el inmenso placer de tomar un café con un joven misionero mexicano al que, tras una larga estancia en una parroquia de Madrid, le tocaba hacer las maletas para volver a su patria. Un nuevo destino con aroma conocido. Como hombre comprometido con su nación, sus hermanos y su Dios, me vi obligado a preguntarle por la lacra que mantiene a su país inmerso en una inestabilidad permanente: el narcotráfico. No dejó de resultarme sorprendente que, a pesar del pesimismo radical con el cual me aproximé a tan espinoso tema, en ningún momento cerrara ninguna puerta a la esperanza, a la valentía y a la integridad de las personas.

Curioso. Quizás haya realmente muchas razones que inviten a creer que exista un futuro de luz detrás de este túnel de sogas, fusiles, fardos y jeringuillas. Y puede que el fútbol sea precisamente la que más poder de unión pueda conceder al pueblo. La Selección de México, como triunfadora indiscutible de la Copa de Oro 2011, llega a la Copa Confederaciones de Brasil dispuesta a dar la sorpresa y a olvidar de una vez por todas el cartel de ‘eterna aspirante‘ que ha supuesto un lastre en los últimos campeonatos mundiales.Chicharito‘ Hernández, Andrés Guardado, Guille Ochoa y Giovani dos Santos son motivos más que suficientes para creer que la orquesta que dirige José Manuel De la Torre puede hacer algo grande y repetir el título logrado en 1999 ante la Brasil de Ronaldinho.

Cierto es que la sombra del narcotráfico siempre ha planeado sobre el balompié azteca. Muchos han intentado hacer del balón una filial de su empresa de crimen organizado donde blanquear dinero y establecer relaciones con el poder. Hace tan solo dos años, Jorge Hank Rhon, propietario del Club Tijuana y ex alcalde de la ciudad homónima, fue sorprendido en su domicilio en posesión de 88 armas que iban a ser repartidas entre la decena de narcotraficantes que en ese momento se encontraban con él. Además, mantenía contacto con distintas organizaciones que traficaban con droga desde Estados Unidos y Colombia. Toda una red del narcotráfico que utilizaba el fútbol como una tapadera perfecta.

Sin embargo, cada vez son menos los que se dejan seducir por los cantos de sirena que llegan desde el narco y más los que despejan a bocajarro la violencia y la corrupción. Jesús Molina, mediocentro de la Tri’, nació y creció en Hermosillo, al noroeste de México, una región controlada por el Cártel de Sinaloa en la que, por desgracia, los secuestros y las ejecuciones selectivas dominan el día a día. Sin embargo, el joven medio del Club América nunca cayó en la tentación de dejarse querer por el imperio del crimen.

Está claro que la gloria sólo se consigue a base de esfuerzo, trabajo y, por qué no, batacazos. Para llegar al impoluto derechazo de Iniesta antes hubo que pasar por los caóticos trompicones de la carrera de Navas y el desafortunado centro de Torres. Y así México está consiguiendo salir de su propio infierno personal. Con la meta dibujada en la mente y con el fútbol como nexo de unión de todos los ciudadanos de buena fe que se atreven a hacer oídos sordos de las suculentas ofertas que les llegan en forma de maletín y pistola.

Mi buen amigo sacerdote añadiría algo —y a Alguien— más. Seguro. Pero eso es otro cantar. De momento, que resuene el Mexicanos, al grito de guerra’.

13/06/2013

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