El último samurái

Zacheronni japónSERGIO MENÉNDEZ | Corría el año 1983 cuando aquel joven de apenas seis lustros de edad, natural de la pequeña localidad de Medola, en la provincia de Forlì-Cesena, hacía sus pinitos en el banquillo. Y como suele ocurrir con los comienzos el suyo tampoco fue fácil, pues llegaba con el reto de mantener al modestísimo Cesenatico Chimicart en lo que entonces se llamaba Serie C2, equivalente a la Tercera división española. Un objetivo que Alberto Zaccheroni logró en dos ocasiones consecutivas.

Es entonces cuando el técnico decide ir en busca de nuevos retos que le transportarían a lo largo y ancho de Emilia-Romaña por ciudades como Rímini, Módena o Rávena. Cinco años tardaría en abandonar su región natal y dar el salto a Venecia, lo que supuso para él embarcarse en un viaje sin retorno, de un lugar a otro del país. Y, aunque hubo algo de prisa, pues nunca resistió más de tres temporadas seguidas bajo una misma disciplina, no le puso pausa. Bolonia, Cosenza, Udinese, Milán y Lazio completan la nómina de un hombre que, desde su debut como entrenador, hasta 2002, dirigió un total de diez equipos italianos sin solución de continuidad.

Finalizada la campaña se produjo la primera interrupción. Después de casi 20 años, casi se agradece. Transcurrirá un año y Zaccheroni volverá a entrenar, esta vez al Inter de Milán, pero no tardará en verse nuevamente forzado a cesar su actividad. La diferencia está en que ahora tendrá que esperar el doble de tiempo para que el Torino vuelva a depositar su confianza en un preparador al que le abrumaba la idea de pensar que podía estar quedándose sin opciones de trabajar en el futuro. Terminaba el curso y se confirman las sospechas. Vuelta a la cola del paro.

Llegamos, como quien no quiere la cosa, a enero de 2010, momento en que la Juventus decide prescindir de los servicios de Ciro Ferrara y recurre al bueno de Alberto para hacerse cargo de los futbolistas, mientras la directiva buscaba un sustituto definitivo que terminó hallando en la figura de Luigi Delneri. La decisión supuso un punto de inflexión en la carrera de un Zaccheroni que lo había sacrificado absolutamente todo, sin importar que se tratara de los mejores momentos de su vida, por labrarse una carrera digna como técnico; un Zaccheroni que no podía evitar la sensación de fracaso al verse reducido a un contrato de interinidad que ni siquiera cubría el resto de la temporada. Él, cuya pasión por el Calcio quedaba fuera de toda duda si tenemos en cuenta que jamás había dirigido otro equipo que no fuera italiano.

Se hallaba esta versión del Capitán Nathan Algren lamentando la forma en que se venía desarrollando los acontecimientos recientes, acusando la pérdida del respeto y los valores, recordando aquello que decía Jorge Manrique de que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando recibió una oferta. Al igual que le ocurriese al personaje interpretado por Tom Cruise en El último samurái’, es Japón quien le reclamó con vistas a la profesionalización de su ejército nacional, aunque en el caso de nuestro protagonista, el arsenal de las huestes resultan un tanto precarias si las comparamos con las de la película de Edward Zwick. Aquí no hay katanas, ni arcos ni flechas ni arcabuces. Sólo balones.

Reflejándose quizá en la Irlanda de Giovanni Trapattoni, la Asociación Japonesa de Fútbol quiso que Alberto Zaccheroni aportase a su selección de fútbol las dosis de disciplina y organización que un combinado con la juventud y el potencial de los nipones requiere. Porque no existe nadie mejor a la hora de canalizar las estupendas cualidades físicas y el sacrificio que sus jugadores traen de serie que alguien que ha permanecido en contacto con una forma de practicar este deporte donde la táctica juega un papel fundamental. Sirva como prueba la Copa de Asia cosechada por los futbolistas del Yatagarasu’ en la pasada edición de 2011, tras imponerse a la República de Corea en semifinales y a la selección de Australia en la final, tras un partido muy trabajado que Tadanari Lee decantó del lado de Japón con un gol en los últimos minutos y que daba al país su cuarta corona y la clasificación directa para la Copa Confederaciones 2013.

Si en el pasado fueron Kazuyoshi Miura, Shunsuke Nakamura o Hidetoshi Nakata los que ejercieron de emperadores futbolísticos en el país de Sol naciente, gente como Keisuke Honda, Yuto Nagatomo, Shinji Kagawa, Atsuto Uchida o Makoto Hasebe tienen en Zeccheroni un buen maestro para convertir la cita de Brasil en su particular Rebelión de Satsuma y emprender una ofensiva mortal contra el poder establecido. Bromas aparte, ojito con ellos.

12/05/2013

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