Triscaidecafobia

ballackMARIO BECEDAS | Tamaño palabro el del título. Significa miedo al trece. Más que un síndrome en la última década para el balompié tudesco. La culpa la tiene ese ya ex futbolista germano con cara de actor de serie estadounidense llamado Michael Ballack. Su recuerdo colige que es este deporte ingrato en el medio plazo, si bien es harto generoso en el corto y en el largo. Hartas de publicar cada semana el enésimo choque entre España y Alemania, dos divorciados condenados a entenderse, las rotativas ya han olvidado al pivote sobre el que giraba la galaxia de la Mannschaft y algo más.

La última referencia a Ballack la encontramos cuando hace unos meses pasaba por las extremeñas tierras de Pizarro, quizá buscando inspiración conquistadora después de su flácida retirada de los campos. A más de 200 sobre la moto se topaba con dos señores de verde oliva y montera que le dijeron que en España sólo corren los ladrones. El chiste de dos guardias civiles parando a un alemán en la carretera tenía todas las anotaciones de ópera de Bizet.  El hijo de la patria germana vio que al sur de la vieja Europa ya no hay barra libre ni para los dueños del cotarro continental. Aunque no lo pretendiera, la piel de toro fue su principio del fin y su final del principio.

Al igual que un día Hans Castorp llegó a Davos sin saber a dónde se metía, Ballack se encontró estrenando centuria con una remera rojinegra y metiendo goles sin darse cuenta. Llevaba la manija del equipo de la aspirina. El Leverkusen dio más de un dolor de cabeza por el mapa y presentó sobre los más variados tapetes del continente la llegada feroz al área de todo un fuera de serie. Una especie de Lothar Matthäus con la testa más grande, la cara de más mala hostia y un dorsal trece en el envés que acabaría siendo mal presagio.

El terrible caso de triscaidecafobia se empezaba a gestar en la primavera de Centenariazo y Novena que tan intenso fue en la capital de nuestro reino. Después de arramplar con media Champions dejando sudosos en el suelo a los viejos gloriosos de la competición, el Leverkusen se plantó aspirante a todo adelantándose en el tiempo a Guardiola. El boche de mirada profunda, trece en ristre, cómo no, presentaba cifras de goleador que en su posición de centrocampista harían tenerlos de corbata a más de un ilustre retirado. Pero la debacle llamó con los nudillos a la puerta cuando el mago marsellés asestó una plástica puñalada al pequeño Milan germano. ¡Qué volea de Zidane! La vitola de subcampeón segundón ya no iba a dejar vivir a Ballack. Hasta que le cedió el testigo a ese holandés de entradas terribles tanto por la banda como por su cabellera, Arjen Robben.

Ante la gran caída, nuestro atribulado héroe entonó el ‘Deutschland über alles’ y se dio los 100 días de rigor para demostrarle al mundo que su poder no se quedó en Glasgow. Con un juego a trompicones, un ojo morado y una competición llena de cenicientas favorecidas por los colegiados, Alemania fue el único país con código de fútbol que acompañó a Brasil en la final de ese Mundial de 2002.  El de Helguera, sí. El hijo del Rin sacó sus trece garras y eliminó a pequeños correosos, coreanos inclusive, hasta plantarse en la final con una canarinha más parecida a un álbum de cromos que a una selección. Pero la superstición no abandonó al número maldito, ni al amarillo, color de los brasileiros y de la cartulina que dejó al centrocampista sin disputar la final. Ese partido que sólo él podía haber ganado en vista de que a Kahn  le dio  por desmayarse ante el tupé de Ronaldo, el hermoso.

Ballack-Ovrebo

Para la historia quedan los aspavientos de Ballack ante Ovrebo.

Criar melena no le funcionó al decimotercer alemán, que tuvo el dudoso honor de ser el primer crack teutón repelido en el Bayern. Los bávaros no quisieron darle ni las orejas ni el rabo, a pesar de sus buenos pases. La testa del fútbol alemán tuvo que hacer las maletas a ese equipo azul hecho a base de dinero y petróleo recién llegado a la élite y dirigido con mano de hierro por aquel entonces, y casi por éste, por el comendador de Setúbal. Ni qué decir tiene que pese algún gol espectacular, el fracaso en el Chelsea fue notorio. Mourinho, que había arrebatado al sempiterno Gallas su trece para motivar al espigado aspirino, se arrancó los ojos de rabia al ver, ya por la tele en 2009, que lo único que podía hacer el probe Michael era una bonita danza gutural alrededor de Ovrebo aquel día del “escándalo de Stamford Bridge“, fecha que ha hecho que muchos periodistas deportivos patrios conserven su empleo.

Pero la puntilla para el líder más gafado que ha tenido la Mannschaft se la ha dado el país de la filigrana, ese que antes de retirarle el carnet de conducir ya le hizo soplar y resoplar en Viena. La Roja de Aragonés, el equipo que mejor fútbol ha hecho en la historia hasta que Pep preparó un cocido con Rijkaard y el Sabio, le enseñó a Ballack  lo que de verdad era la triscaidecafobia. El capitán blanquinegro vio cómo se desvanecía un sueño que no podría volver, porque, más de 600 días después de aquello, y debido a que un ghanés muy teutón le destrozó el pie, hubo de presenciar por televisión cómo un tiburón melenudo humillaba a su segunda casa y la apartaba de la final con otro trece fuera de las pistas, el joven efebo Müller. La maldición del fútbol germano ya era un clamor. Curioso que a los inicios del Mundial de Sudáfrica ya fueran trece los años que llevaba el gran Reich sin ganar un título de selecciones.

Tanto despropósito hizo que Ballack buscara los orígenes y volviera a Leverkusen para finalizar su carrera. El escaso éxito en este ocaso le dio la razón a Wagner con lo del crepúsculo de los dioses. Apartado el mito, y pese al encontronazo con Ballotelli, el fútbol alemán parece haber roto el embrujo una vez el sempiterno trece ha batido para siempre sus alas. El gran momento de los equipos punteros de la Bundesliga en Europa es la muestra y un botón. España humillada incluso, la vuelta a la tortilla, justo en la campaña siguiente a su retirada. No se extrañen si al echar la cuenta calculan que hace doce años que un equipo teutón no levanta la orejuda. Ya pueden respirar tranquilos, no van a ser trece.

24/05/2013

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2 thoughts on “Triscaidecafobia

  1. Hola Mario, qué interesante esto que escribes; es la primera vez que te leo, y creo que eres un experto del fútbol y algunos temas más. Llegué aquí porque escribí un post sobre la despedida de Michael Ballack, esta semana en Leipzig y quería saber lo que estaban escribiendo otros, sobre él. Mi blog es de viajes, pero si quieres pasarte para leerlo, eres bienvenido. ¡Saludos!

    • De parte de Mario, te agradecemos la visita y que te haya gustado el artículo, alguien como Ballack se merece algo así y más. Desde luego que no te quepa ninguna duda de que visiteramos tu blog de viajes. Un placer conocerte en la blogosfera alvarezap. ¡Mucha suerte!

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