Der Hipster

jurgen_klopp_2_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | Ninguna sección que se precie de incluir la palabra hipster’ en su pestaña justificaría su razón de ser, el porqué de su existencia, sin abordar el caso del sujeto que, hoy por hoy, mejor representa el espíritu de la tribu urbana que, al igual que le sucedería a Romario con Marquês de Sapucaí o a Miguel Brito con la sede de Phillip Morris, tiene en las calles de los Soho su particular Meca. Nueva York, Londres, París y hasta ese reducto de lo castizo que hasta hace no mucho era Madridno han podido sino rendirse ante el proceso de gentrificación que ha transformado en un abrir y cerrar el Mac sus barrios más tradicionales, sinónimos en ocasiones de marginalidad, en los hervideros de la cultura contemporánea y paradigmas de lo bohemio que hoy son Malasaña y Lavapiés, o como viene ocurriendo de un tiempo a esta parte, la ciudad de Berlín.

En su enésimo intento por mantenerse ajenos a la corriente mainstream y,  atraídos por el espíritu alternativo que fue conquistando la capital alemana desde la caída del muro, hordas de inconformistas han emigrado en masa hacia Fiedrichshain y otros barrios imposibles de nombrar para hacer del eclecticismo su forma de vida. Resulta extraño, por tanto, que el fútbol, una disciplina que tiene en la bicicleta, icono de lo hipster, una de sus principales manifestaciones artísticas, haya permanecido hasta hace bien poco inmune al hechizo de nuestro tudesco protagonista.

Lejos de lo que cabría pensar, Jürgen Klopp nació en Sttutgart, totalmente ajeno a la influencia artística de Berlín. De ahí que su etapa como futbolista no fuese especialmente brillante. Tras un efímero paso por las categorías inferiores del Eintracht de Frankfurt, acabaría fichando en 1989 por el discreto Mainz 05, donde realizó su debut profesional jugando en punta, y que le vio colgar las botas doce temporadas después convertido en central y todo un símbolo entre los nüllfunfer’. Tanto es así que, ya con el título de Ciencias del Deporte bajo el brazo, los directivos del Mainz decidieron otorgar a Kloppo’ las riendas del equipo nada más anunciar su retirada y demostrar así que, si bien la fortuna le había sido esquiva dentro del campo, conseguiría el ascenso a la Bundesliga desde el banquillo.

Tres años invirtió Klopp en completar su objetivo y hacer de Maguncia una afición de primera, llegando incluso a finalizar su primera campaña en la máxima competición del balompié germano en puestos UEFA. El éxito deportivo, unido al entusiasmo y la pasión que había demostrado en su faceta como comentarista durante la retransmisión de la Copa del Mundo de Alemania, jugó en su favor a la hora de que el Borussia de Dortmund  le eligiese en 2008 para refundar la institución y devolverla con los años a la élite del fútbol. Comienza entonces una revolución que tiene en el lema ‘Yo no sólo quiero ganar, ¡también quiero sentir!’, un juego directo, la variedad táctica y, sobre todo, el descubrimiento de nuevos talentos como Subotić, Piszczek, Bender, Gundöğan, Götze, Reus o Lewandowski como sus principales consignas; un concepto balompédico que ya se ha materializado en dos Bundesligas, una Copa de Alemania y la posibilidad de recuperar frente a su gran rival el título continental por el que la Südtribüne lleva suspirando 16 años. Una corriente, en definitiva, personificada en la figura de un vanguardista con gafas de pasta y barba de dos días, cuyas dotes para la provocación y el gusto por alternar traje y chándal ponen de manifiesto un auténtico hipster.

Por acabar con un apunte cultural, dice Javier Marías que el fútbol es el deporte que mayor grado de similitud guarda con el cine, que no hay lugar como el terreno de juego que más se le parezca a un rodaje, nada que le recuerde mejor a Sergio Leone como el Atlético de Madrid. Razón no le falta, y hay incluso quien ha creído ver en Jürgen Klopp un cierto parecido a Michael Caine de joven. Pero no al mayordomo de Bruce Wayne, sino al de las lentes grandes y el aire intelectual. Llevado a la ficción, su papel este sábado será el del capitán John Colby, pues le tocará liderar a su equipo en un encuentro que casi todos le dan por perdido desde que se conoció su rival. Es el partido de la muerte. Cara o cruz. Evasión o victoria’.

22/05/2013

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