‘Neverkusen’, un estado de ánimo

bayer-leverkusenJULIÁN CARPINTERO | Mike Figgis estrenaba en 1995 ‘Leaving Las Vegas’, la historia de Ben Sanderson, un guionista de Hollywood cuya vida se tuerce cuando su mujer le abandona justo en el momento en que creía acariciar el éxito con la punta de los dedos. Lo que el perdedor por excelencia de la historia del cine moderno no sabía es que veintitantos tipos trasladarían a la realidad, años después, la misma historia de autodestrucción sobre un campo de fútbol y en apenas una semana. Al ‘Neverkusen’ no le quedó más remedio que abrazarse a una botella.

Siete días y tres títulos. 168 horas en el horizonte para conseguir un récord que, en ese momento, sólo estaba en posesión del Celtic del 67, el Ajax del 72, el PSV del 88 y el United del 99. Equipos de leyenda, todos ellos, que habían sido capaces de levantar en una misma temporada Liga, Copa y Copa de Europa. Así las cosas, el recién estrenado Siglo XXI no conocía ninguna escuadra que hubiera sido capaz de encadenar una victoria tras otra en cada una de dichas competiciones, pero el Bayer Leverkusen se encontraba en condiciones de mirar a los ojos al destino y asentir a la pregunta de si aceptaba o no tamaño desafío.

Probablemente fuera Jorge Valdano, aquel psicólogo con alma de filósofo que perforaba redes en las décadas de 1970 y 1980, quien dijera aquello de “el fútbol es un estado de ánimo”. Y no le faltaba razón, si es que fue él el autor. No hay mejor caso que ejemplifique esta máxima que la derrota que el equipo de la Bayer sufrió en la penúltima jornada de la Bundesliga 2000/01, cuando marchaba líder de la misma. El cuadro de Klaus Toppmöller caía por 1-0 en el campo de un Núremberg que se jugaba la permanencia, lo que, unido a la victoria del Borussia Dortmund ante el Hamburgo despojaba a los rojinegros del primer puesto y les obligaba a esperar un milagro en la última jornada. Ese fue el cambio de rasante del equipo renano, que sufrió el mal de altura permitiendo que el vértigo se apoderara de las cabezas y las piernas de sus futbolistas.

Sin embargo, el 11 de mayo de aquel 2002, sólo una semana después del tropiezo en Núremberg, el equipo de Toppmöller tenía la oportunidad de brindar el primero de los tres títulos a los que aspiraba a una afición que en sus 98 años de historia únicamente había festejado una Copa de la UEFA —ganada al Espanyol de Clemente— y una Copa. Pero el miedo a decepcionarla fue más fuerte que la ilusión y el Schalke acabó haciendo trizas las esperanzas de un Bayer que se había adelantado en el marcador pero que acabó perdiendo por 4-2. No obstante, los aficionados löwen que abarrotaban el Olímpico de Berlín lo entendieron como un mal menor, pues sabían que cuatro días después podían convertirse en eternos en el caso de ganar la Champions League.

Con las medallas de subcampeones todavía en el cuello, los futbolistas de Toppmöller se subieron a un avión con destino a Glasgow, donde cuatro días más tarde se enfrentarían al Real Madrid galáctico en el que, seguramente, sería el partido más importante de sus vidas. Bütt, Sebescen, Lúcio, Zivkovic, Placente, Ramelow, Ballack, Schneider, Brdaric, Bastürk y Neuville. Esta retahíla de nombres que para los neófitos al fútbol podría ser entendida como una llamada oscurantista a Belcebú fue el once que saltó al césped del Hampden Park para intentar derrotar a los Figo, Roberto Carlos, Solari y compañía. Los mismos que habían eliminado al Manchester United en semifinales y que habían dejado por el camino a equipos de la talla del Arsenal, el Deportivo de La Coruña o la Juventus. Lo inexplicable del fútbol hace imposible encontrar una razón a porqué una defensa fiable falló en el gol tempranero del siempre perspicaz Raúl, a cómo Zidane enganchó esa volea imposible que entró sin llamar por la escuadra de un portero que lanzaba penaltis o cómo Casillas empezó a labrar su fama de santo parando todo lo que se pueda imaginar al búlgaro Berbatov. Las lágrimas de Ballack bajo la fina lluvia que caía sobre Escocia no eran sino el preludio del descalabro del Bayer Leverkusen, epílogo que llegaría unos días después en la última jornada de la Bundesliga. Los de Toppmöller hicieron los deberes ganando al Hertha en el BayArena, pero el Borussia de Mathias Sammer no fallaría y remontó el gol del Werder Bremen para consagrarse campeón de Alemania.

Siete días y tres títulos. 168 horas en los que el sueño de un triplete tan inesperado como merecido se había difuminado como un espejismo en el desierto. Precisamente por ese infierno de arena y desesperación es por donde tuvo que caminar una hinchada que vio cómo aquel equipo que fue un angustioso y constante ‘casi’ se desintegraba como el personaje al que había dado vida Nicolas Cage siete años antes. Pero si de algo adolece el fútbol es de presente, por lo que, como en la oscarizada cinta de Figgis, al final acaba apareciendo una figura femenina que nos recuerda que el sol vuelve a salir. En Las Vegas, en Leverkusen o donde sea.

21/05/2013

Anuncios

6 thoughts on “‘Neverkusen’, un estado de ánimo

  1. Pingback: El cometa Arshavin – Visiones

  2. Pingback: Palop | Falso 9

  3. Pingback: El exorcista | Falso 9

  4. Pingback: Mañana nunca será como ayer | Falso 9

  5. Pingback: De la ‘Mannschaft’ a Al Qaeda | Falso 9

  6. Pingback: Triscaidecafobia | Falso 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s