Profeta y chorizo

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SERGIO MENÉNDEZ | La de San Isidro es quizá la fiesta con más solera de Madrid, una cita que junta a propios y extraños en la margen derecha del Manzanares para disfrutar de un paseo por el folclore capitalino entre chalecos de pata de gallo, mantones de manila y el renquear de las ruletas con que los barquilleros invitan a jugarse unas perras. Manda la tradición y la gente aprovecha para mostrar su vena castiza: los piropos bajan el andamio, se calan la parpusa, hacen al safo un nudo y toman el camino hacia la ermita; reina en el ambiente un dulce aroma a rosquilla tonta y las conversaciones adquieren un lenguaje propio que hace de cada frase un mensaje encriptado, indescifrable para la moza de turno si no se entona con el preciso donaire, echando el cuerpo adelante y recorriendo con la mirada, de pies a cabeza, el vestido de chiné. Llega el 15 de mayo y la chulapa no se llama, ‘se titula‘, todos se creen manolos y @PostureoMadrid desafía las leyes del tráfico de datos.

Fieles a la costumbre, es frecuente ver por la pradera del santo labrador a turistas del mundo tratando, en vano, de mimetizarse en el entorno, pues dicen que si ser español es un orgullo, el de madrileño entra en la categoría de título, un honor para el que no basta con colocarse un clavel en la solapa. El foráneo que desee disfrutar del privilegio de ser considerado parte de la camada necesita ofrecer lo que sea a cambio. El modo de hacerlo es algo que queda al libre albedrío del candidato, pero podemos tomar como ejemplo el de un portugués nacido en Montijo que supo ganarse el derecho a merodear por los aledaños del Vicente Calderón con la tranquilidad y la melancolía de quien se siente y se sabe en el hogar, que si al otro lado de la M-30 se rinde culto a un labrador, la parroquia rojiblanca tiene en Paulo Futre su Makinavaja particular: el último chorizo que queda, el último profeta.

Paulo Jorge dos Santos Futre, al igual que los Figo, Simão, Cristiano Ronaldo, Miguel Veloso, João Moutinho o Nani es producto de la inagotable cantera de talentos que la Academia de Alcochete nutre hoy las filas del Sporting de Portugal. Algo de lírica debieron de ver los ojos del técnico y poeta Artur Jorge en los movimientos del extremo izquierdo que, una vez cumplida la mayoría de edad, se lo llevó consigo para convertirlo en emblema de los dragones azules del Oporto, club con el que conquistó dos Supercopas de Portugal, otros tantos campeonatos de Liga y una Copa de Europa ganada en 1987 al (siempre) todopoderoso Bayern de Múnich de Matthäus. El papel estelar que desempeñó durante estas tres campañas en la desembocadura del Duero le sirvió para fichar ese mismo verano por el Atlético de Madrid, convertirse en el niñito mimado de Jesús Gil y obtener durante su primera temporada de colchonero el Balón de Plata, sólo superado por ese admirador de Nelson Mandela con olor a desodorante que es Ruud ‘Tulipán Negro‘ Gullit.

Venía la ya sufridora afición de un ejercicio convulso en el que pasaron por el banquillo hasta tres entrenadores, tónica que se repitió en el debut de Futre en Madrid, primero con César Luis Menotti, con el que el crack luso compartía la afición por la nicotina, luego con el legendario Ufarte y finalmente con Antonio Briones dirigiendo al equipo las seis últimas jornadas. Y no sería hasta la temporada 91/92, tras una ristra donde figuran Ron Atkinson, Javier Clemente, Joaquín Peiró o Tomislav Ivić, cuando conoció al sabio por antonomasia, cuyas broncas resuenan todavía entre las paredes del Colegio Amorós, ilustre embajador del distrito Hortaleza. ¡La de cosas que aprendió Paulo de Luis! Desde plantar un defensa en el espacio que ocupa un chotis a reeditar la Copa obtenida contra el Mallorca el año anterior, ahora frente al vecino rico y eterno rival, en un encuentro por el que miles de madrileños le hubiesen ofrecido al de Setúbal la llave de la ciudad; un partido que para el míster supuso ver realizado el “ganar, ganar y volver a ganar” que tomaría después como consigna.

Fue, por tanto, aquel 27 de junio de 1992 en el Santiago Bernabéu el momento y el lugar que confieren a nuestro símil todo el sentido. ¿A quién sino a Futre cabría hacer responsable del zurdazo que batió a Paco Buyo por la escuadra derecha de su portería? Bastante hizo Chendo tirándose. ¿Acaso no certificó el gol el triunfo del Atlético sobre el Real Madrid en el más reciente de cuantos choques han disputado ambos equipo en una final de Copa del Rey?  Precisamente, el hecho de que la acción tuviese lugar en casa ajena y con el dueño presente lo corroboran. Porque Schuster hizo las veces de Popi dando un primer golpe, pero él remataría luego el negocio, dejando a Ramón Mendoza en bragas y huyendo con el botín hacia Neptuno. Paulo Futre, ya lo ven, es Makinavaja. El último chorizo que queda, el último profeta.

15/05/2013

2 thoughts on “Profeta y chorizo

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