Bad Boy Barton

joey_barton_3_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | “La educación es algo admirable, pero está bien recordar de vez en cuando que nada que merezca la pena saber se puede enseñar”. Lo que en un principio podría parecer el típico mensaje extraído de las galletas de la suerte que sólo aparecen en los restaurantes chinos de las películas, está sacado de Twitter. Y no de @ifilosofia, precisamente, aunque tampoco iríamos desencaminados.

Así nos da Joey Barton la bienvenida a un perfil que cuenta con más de dos millones de ‘seguidores‘, aficionados y detractores de un hombre singular, representante de esa estirpe de futbolistas que, siguiendo el ejemplo de tipos duros como Vinnie Jones, tomaron la determinación de forjar a su alrededor una leyenda a base de carácter; los mismos que un buen día prefirieron engrosar la lista de frases célebres de Wikiquote antes que su propio palmarés.

Natural de Huyton, localidad inglesa perteneciente al distrito de Knowsley, en el condado de Merseyside, el pequeño Joseph Anthony vio cómo sus padres se separaban cuando él sólo tenía 14 años. Un duro golpe para el mayor de cuatro hermanos, que decidió abandonar los estudios una vez terminada la educación secundaria para centrarse en su verdadera pasión y válvula de escape: el deporte. Tras el rugby, descubrió en el fútbol un sueño que no siempre pareció al alcance de sus posibilidades, pues su corta estatura hizo que clubes como el Nottingham Forest le dieran con la puerta en las narices. Pero gracias al esfuerzo y determinación heredados de un padre techador, Joey llamó la atención del Manchester City, el equipo que le brindó su primer contrato como profesional y punto de partida de su historial conflictivo.

Todo comienza en la fiesta en que el club celebraba la Navidad de 2004, cuando Barton descubre al juvenil Jamie Tandy tratando de prender fuego a su camiseta con un puro, hecho que a nuestro protagonista no debió hacerle ninguna gracia, pues no se le ocurrió otra cosa para devolvérsela que coger  el ejemplar que Danny Mills había dejado reposar en un cenicero próximo y apagarlo en el ojo de su pirómano colega. Había nacido The Bad Boy. Desde entonces, ni las multas ni las terapias de control de la ira lograron frenar una escalada de violencia que colmó la paciencia del técnico Stuart Pearce cuando Joey propinó una paliza a su compañero de equipo Ousmane Dabo, con desprendimiento de retina incluido. Tocaba hacer las maletas.

De poco sirvió el cambio de aires. La cosa, en realidad, fue a peor. Parecía como si a la flamante contratación del Newcastle no sólo le resultara difícil controlarse fuera del campo, sino que su temperamento comenzaba a perjudicar al equipo también en lo deportivo. Sirvan de muestra, por ejemplo, la escalofriante entrada de Barton al jugador del Sunderland, Dickson Etuhu, que casi le deja sin descendencia, o el recado a Xabi Alonso en un partido contra el Liverpool por el que se ganó una tarjeta roja. Ambas acciones, sumadas a su paso por la cárcel tras un altercado en las calles de la ciudad de los Beatles en el que hizo perder el conocimiento a una persona y le rompió varios dientes a otra más, provocaron una reacción en Joey. Renovarse o morir.

Fruto de la canalización de su ira nació el provocador que de un tiempo a esta parte se viene manifestando en la figura del jugador que dejó St. James Park para fichar por el Queens Park Rangers y ahora milita en calidad de cedido en las filas del Olympique de Marsella. Un maestro del factor psicológico que descubrió en la red social de los 140 caracteres una nueva forma de dar rienda suelta a su ingenio y gracias a la cual ha podido erigirse, con permiso de Guardiola, en ‘rey filósofo del fútbol‘.

Neymar, a quien comparó primero con Justin Bieber y luego con una micción de gato, o Margaret Tatcher, de quien llegó a decir que “si el cielo existe esa bruja no estará allí”, han sido junto Thiago Silva los últimos destinatarios de sus ataques. Concretamente, el jugador del Paris Saint-Germain fue tildado por Barton de ‘transexual con sobrepeso’, lo que le ha valido para ser sancionado con dos partidos de sanción por la Ligue 1. Declaraciones que dan la medida de un jugador querido y odiado a partes iguales, pero que, le guste a la nariz de Ibrahimovic o no, hace a este juego más entretenido si cabe. Genio y figura.

08/05/2013

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