Support Stan

article-2123518-126A4D81000005DC-147_634x397JULIÁN CARPINTERO | Fueron grandes. Tanto como para alzar una Copa de Europa cuando la irreverente década de los 80 aún se estaba desperezando. Sin embargo, las vacas gordas hace tiempo que abandonaron las West Midlands, donde sólo queda un reducto de jóvenes que intenta mantener, un año más, el orgullo de un Aston Villa que lucha no sólo por seguir en la elite del fútbol inglés sino también para que su capitán se sienta orgulloso en la distancia.

Enfermedad neoplásica de los órganos formadores de células sanguíneas, caracterizada por la proliferación maligna de leucocitos’. Así define el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la leucemia, una sombra tenebrosa que, como todas las formas de cáncer, se cierne sin avisar sobre cualquier persona, poniendo a prueba tanto sus cuerpos como sus cabezas y los de las familias que les arropan. Un brote febril, aparentemente inofensivo, cambió para siempre la vida de Stiliyan Petrov. El búlgaro, sacrificado centrocampista del Aston Villa, comenzó a sentirse mal después de un partido que su equipo había perdido 3-0 en el feudo del Arsenal, aunque esa sensación ni mucho menos tenía que ver con que el fantasma del descenso amenazara a un equipo cuyo único ‘villano’ de verdad se sentaba en el banquillo, era —y sigue siendo— el protegido de Alex Ferguson y acabaría marchándose para no volver más.

Días después de lo que, a priori, había quedado en una anécdota, el club de Birmingham emitía un comunicado en el que informaba del estado de salud de Petrov al tiempo que pedía respeto para él y su entorno más cercano. La plantilla del Aston Villa debía sacar fuerzas de flaqueza para conseguir driblar al descenso sin una pieza tan fundamental como su capitán y con la mente puesta en la médula ósea de su compañero y amigo. En la última jornada se cumplió el primer objetivo: a pesar de perder frente al Norwich, los ‘villanos‘ salvaban la categoría y jugarían una temporada más en la Premier League. La segunda meta era salvar otra vida, la de Petrov y, aunque no dependiera de ellos, estaban decididos a poner todas sus fuerzas en intentarlo.

El primer reto que tenía el Aston Villa, una institución plebeya más acostumbrada a comer las sobras —pero a comer, al fin y al cabo— que la nobleza inglesa deja cada cierto tiempo cuando ya está empachada, era buscar un líder capaz de levantar el ánimo en un vestuario joven y emocionalmente frágil. Toda vez que se prescindió del infame Alex McCleish, quien, aparte de haber sacado un resultado pírrico a una plantilla talentosa, tenía grabada a fuego la marca imborrable de haber entrenado al Birmingham, el vecino rival, la directiva del Aston Villa otorgó a Paul Lambert el timón del barco. Al técnico escocés le avalaba una gran campaña con el Norwich, al que consiguió mantener con solvencia en el año de su vuelta a la máxima competición del balompié inglés. Fútbol de toque —que tanto gusta ahora en las Islas— para sudar menos y disfrutar más.

No obstante, muchas de las actitudes entendidas como vicios en el fútbol español también son extrapolables a la considerada ‘NBA del fútbol’. En la ciudad que vio nacer a los Judas Priest también se nota la crisis, económica e institucional, la cual ha obligado al Aston Villa a vender en los últimos años a jugadores de la talla de Ashley Young, Downing, Barry o Gary Cahill, todos ellos titulares en los mejores conjuntos de Inglaterra, que, como en la Liga BBVA, también fagocitan cualquier talento que asome fuera de su círculo de influencia.

Los elegidos para defender el escudo del león rampante amarillo eran unos semidesconocidos Weimann, Guzan, Lowton o Benteke. A saber: un equipo ‘low cost’, sin experiencia al más alto nivel y descabezado por estar su capitán enfermo. Pero, cosas del fútbol, el corazón iguala al presupuesto, que diría Diego Pablo Simeone, y gracias a esta máxima el cuadro de Birmingham ya roza con la punta de los dedos, a falta de dos jornadas, mantenerse un año más en la Premier League. ¿Un ‘pero’? Haber sido eliminados por el modesto Bradford, de cuarta división, en las semifinales de una Capital One Cup que acabó ganando el Swansea de Michu.

Rimmer; Swain, Evans, McNaught, Williams; Bremner, Cowans, Mortimer, Shaw; Morley, White. Los niños de Birmingham no sabrán que estos once nombres pertenecen a los campeones que hace 31 años birlaron una Copa de Europa al Bayern de Breitner, Augenthaler y Rummenigge. Lo que sí que es seguro es que, sin haber ganado ni un solo trofeo, recordarán de por vida el de Stiliyan Petrov, que se recupera de las sesiones de quimioterapia que le han evitado recurrir a un trasplante —al contrario que Abidal— y que ya acude a Villa Park para animar a sus compañeros. ‘La memoria es caprichosa’ pensarán los héroes de Rotterdam. A fin de cuentas, ¿qué vale una mierda de Champions comparada con la posibilidad de seguir viviendo?

07/05/2013

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