Entre ricos, pobres y jeques

Pobres ricos fútbolDAVID LÓPEZ PALOMO | Sorprende que ayer se gritara ‘¡Campeones, campeones!’ en el Camp Nou cuando se podía haber hecho hace semanas. Perdón, quise decir meses. Siendo sinceros, y si hablamos con la franqueza que nos aportan los datos, el Barça lleva desde antes del parón invernal anclado en la primera plaza sin opositor alguno al título. O lo que es lo mismo, disputando partidos de una competición que dejó de tener interés hace tiempo y que se resume en una frase que, esta temporada, junto a la de ‘ponme una caña Manolo’ —siempre a la orden del día— ha sido el trending topic de cualquier bar: ‘Vaya Liga de mierda’. Igual se podría haber descrito con mejores palabras, pero seguramente no hubiera quedado tan claro ni tendría tanta fuerza.

Es verdad que, si nos fijamos en la clasificación, la lucha por ver quién entra en Champions está bonita. Sin embargo, siendo consecuentes, lo que hace emocionante una competición no es ver quién aspira a la cuarta o la decimoséptima plaza, sino quién levanta el trofeo. Y en ese sentido, esta campaña ha confirmado lo que cualquier hijo de vecino venía observando: la fragilidad de una Liga que sólo tiene dos posibles aspirantes al título. Una bipolaridad que, ya sea por el mal reparto de los derechos de televisión o por las deudas de los equipos más humildes, no le beneficia a nadie. Ni a los clubes —que dejan de recaudar dinero de entradas en su mayoría demasiado caras— ni a los aficionados, que ante el constante cambio de horarios y la falta de interés cambian de canal, lo que repercute a su vez en las audiencias.

No obstante, no sería justo hablar sólo de la Liga. En Europa este año ha ocurrido lo mismo. En la Premier League —el espejo en el que España se mira constantemente— el Manchester United se proclamó campeón a falta de cuatro encuentros para el final de temporada y con 16 puntos de ventaja sobre el Manchester City; en Alemania, el Bayern Múnich hizo lo propio a seis jornadas de concluir la Bundesliga rebasando en 20 puntos al Borussia Dortmund; y en Italia la Juventus levantó el Scudetto dejando al Nápoles a 16.

Con estos datos en la mano, se puede afirmar que el problema no sólo se circunscribe a la ‘Madre Patria’. La epidemia, como la crisis, se ha extendido por toda Europa separando a ricos de pobres y sepultando a la clase media. ¿Resultado? Las respectivas competiciones pertenecen a los de siempre, mientras el resto aspiran a dar la campanada y poder clasificarse para la Champions. El fútbol, al igual que la sociedad, está aumentando las diferencias entre los clubes, que, a su vez, se alejan cada vez más de los aficionados. “El fútbol se lo robaron a la gente”, afirmó Menotti el verano pasado, dando por hecho algo que se manifiesta cada vez más en los campos del viejo continente.

No hace mucho que este circo pertenecía a la clase obrera, a la que no le hacía falta multimillonarios fichajes para acudir cada domingo acompañado de los niños a ver a su equipo. Entonces, no había jeques comprando jugadores como si fueran muñecos ni rusos interesados en hacerse con clubes de fútbol. Eran aquellos años en los que el Deportivo podía llegar a semifinales de Champions, el Valencia era capaz de disputarle el título liguero a Madrid y Barça… ¿Mejores o peores? No seremos nosotros quiénes afirmemos ninguna de las dos opciones. Eso sí, ya saben lo que dicen en los bares: ‘Vaya Liga de mierda’. Quizá alguien debería tomar nota y devolver el fútbol a quien corresponde: a la gente. Pues ya saben, los borrachos y los niños nunca mienten.

06/05/13

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