Una escuela de fútbol entre las bombas

Pedrag PasicÁLVARO MÉNDEZ | El Mundial de 1982 que se celebró en nuestro país será siempre recordado por situar a España en el mapamundi de la normalidad política tras cuatro décadas dictatoriales y siete años de Transición democrática. La fiebre por el deporte rey se contagió hasta los últimos rincones de nuestra geografía gracias a aquel simpático cítrico llamado Naranjito que animaba sin cesar a la Selección. En lo deportivo, eso sí, no hubo sorpresas y España no logró pasar de segunda ronda. Corrían otros tiempos en los que el imberbe balompié patrio seguía intentando conocerse a sí mismo. En el extremo opuesto se encontraba Yugoslavia, un gigante venido a menos que cayó a las primeras de cambio, un país que lloraba la muerte de Tito y que asumía temeroso la incertidumbre de una nueva etapa sin la presencia de su carismático líder. Sin embargo, bajo la camiseta con el dorsal 21 del combinado plavi se escondía un jugador que cambiaría la vida de centenares de niños unos años más tarde, cuando la sinrazón se extendiera por los Balcanes. Ese hombre era Pedrag Pasic.

Después de la cita mundialista, Pasic se consolidó en la delantera del FK Sarajevo como una de las piedras angulares del equipo a principios de los años 80. Caprichos del destino, allí coincidió con un tal Radovan Karadciz, psicólogo del club con quien hizo muy buenas migas. Por aquel entonces era muy complicado imaginar que aquel profesional de la motivación, querido en los vestuarios por sus heroicas apelaciones a la unión y al trabajo compartido, acabaría organizando diez años más tarde la masacre de Srebrenica en la que perecieron más de 8.000 personas.

El buen hacer de Karadciz en Sarajevo no pasó inadvertido para el Estrella Roja de Belgrado, que se hizo con sus servicios en 1983. Pasic perdió entonces la pista del psicólogo, aunque sus enseñanzas quedaron vigentes en una plantilla que supo reponerse tras el adiós de su psicólogo. Tras la campaña 84/85, una temporada de ensueño en la que el conjunto bosnio conquistó la Liga de Yugoslavia, Pasic puso rumbo a Alemania para ingresar en las filas del Stuttgart.

Sin embargo, el sueño teutón duró muy poco para el mediapunta, que decidió regresar en 1987 a su país cuando la inestabilidad comenzó a ser más que preocupante en los Balcanes. En 1991 estalló la que a la postre sería la peor guerra que ha vivido Europa en su historia reciente. Y el mediapunta bosnio no lo dudó. A pesar de las ofertas que tuvo para salir del país, decidió ser fiel a su tierra, a su pasión y a aquello a lo que había dedicado su vida en los últimos 15 años. Con el firme objetivo de hacer de Sarajevo un lugar menos hostil, abrió una escuela de fútbol multiétnica con la filosofía de la unidad y el trabajo en equipo a través del deporte por bandera. Todo un reto para una ciudad sitiada por las bombas y los disparos.

Al día siguiente de anunciar sus planes por la radio, cerca de 300 jóvenes y niños salieron de su escondite para apuntarse a la academia. Sin importar la raza o la religión, los chavales se enfundaban la misma camiseta, la del fútbol, la de la amistad, la del encuentro. Mientras en los alrededores de la escuela reinaba el odio de las ametralladoras, el terreno de juego daba cabida a las ilusiones y esperanzas de un puñado de muchachos que soñaban con jugar al fútbol entre los más grandes tal y como había hecho su mentor. El propio Pasic ha reconocido años más tarde lo que supuso su iniciativa: “Gracias al poder del fútbol, todos conseguíamos jugar en paz en el mismo lugar. Ni siquiera había tensión en el terreno de juego. Los niños no entienden el odio, su visión era que todos éramos parte de lo mismo y no entendían lo que estaba pasando fuera de la escuela. Nos centramos en fortalecer la idea de la filosofía del deporte, que es primar lo colectivo a lo individual”.

Tras permanecer oculta durante lustros, la trascendental decisión de Pedrag Pasic durante la Guerra de los Balcanes ha salido por fin a la luz en un documental que conduce Éric Cantona llamado ‘Football Rebels’. Aunque tardío, es un reconocimiento a la labor de una estrella que renunció a serlo con el propósito de devolver la infancia a todos aquellos niños que, entre la muerte y la desolación, anhelaban un futuro de paz, hermandad y fútbol.

02/05/2013

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