Al sur hay sitio

sudtribune_4_recortada_2SERGIO MENÉNDEZ | Neófitos del balompié de celulosa y curiosos en general descubrimos, gracias a Enric González, una ruta por la que sumergirnos en el universo de anécdotas que encierra este once contra once. En su papel de maestro, el autor supo reducir a historias de apenas cuatro párrafos el encanto y particularidad de un deporte genuino, no tanto por el hecho de ser el único de cuantos existen donde la historia se escribe a golpe de metatarso, pues en lo concerniente al modo de hacer las cosas cada cual tiene manías propias, como por su virtud para teñir de color verde la personalidad de quienes lo disfrutan, sin importar que lo hagan en primera o tercera persona, se trate de un individuo concreto o una gran nación.

Hablamos de una exquisita labor de síntesis, puño y letra de un genio con ojos de duende satírico, una idea original de Segurola que muchos hooligans ilustrados consideran hoy un título universal y libro de cabecera. En este sentido, ‘Historias del Calcio’ ocupa en la literatura sobre fútbol un puesto honorífico dentro de su bibliografía básica y constituye un elemento tan inherente a ella como los son para la bella Italia el buen vestir, la cocina, el flirteo o, naturalmente, la realización de un tifo.

Es a este último respecto cuando el transalpino se nos presenta en la introducción de la obra como uno de los más ingeniosos y creativos de entre todas las hinchadas que pueblan los estadios del mundo. Concesión que supone una temeridad flagrante en la medida en que dejan de considerarse potenciales candidatos a compartir semejante privilegio como las barras bravas argentinas, capaces incluso de hacer volar a los cerdos, o el caso de una grada que hoy nos lleva hasta el Signal Iduna Park, estadio del Borussia Dortmund, cuyo fondo sur alberga una de las tribunas más impresionantes de Alemania y el continente entero, donde 25.000 gargantas y otras tantas bufandas tejidas en negro y amarillo se dan cita cada partido para animar a los muchachos de Jürgen Kloop. Da igual lo que pase, la afición se mantendrá siempre en pie. Es la Südtribüne.

Construido cuando todavía era Westfalenstadion, el conocido como Muro Amarillo’ no sólo es un espacio diáfano y sin asientos con el mayor número de localidades de pie que existe en Europa y la grada más vertical del planeta. La Südtribüne constituye el escenario perfecto para dar rienda suelta a la vertiente artística del club, sea cual sea la modalidad: desde cánticos que se suceden uno tras otro de principio a fin del encuentro, hasta mosaicos que harían tragar saliva al mismísimo Joey Barton, que toda calavera o alusión a la muerte es siempre bienvenida para intimidar al adversario.

Fruto de este despliegue surge el espectacular ambiente que pudimos ver en el encuentro de ida de las semifinales de Champions League entre Borussia y Real Madrid, o incluso antes, en la vuelta de cuartos de final contra el Málaga, cuando el conjunto de Manuel Pellegrini fue recibido por la Südtribüne con un impresionante mural que rezaba “Auf den Spuren des verlorenen Henkelpotts”. En castellano: “Tras las huellas de la Copa de Europa perdida”. Para desgracia de nuestra representación, quizá estén a punto de recuperarla.

01/05/2013

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