Sobre la inmortalidad

1283120_FULL-LNDJULIÁN CARPINTERO | “Ser inmortal es baladí. Menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte. Lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal”. Así de vehemente se explicaba Jorge Luis Borges en sus ‘Poemas al alma’ cuando trataba de convencer al hombre de que la muerte no es sino una estación más en el transitar de la existencia. Hasta el pasado fin de semana el mundo del fútbol creía que un hombre conseguiría burlar el destino que los dioses tenían previsto para él, pero un inoportuno chasquido ha hecho que la condición de eterno de Javier Zanetti penda de un hilo.

Una jugada fortuita, un mal gesto de su pie y una sensación tan desconocida como desagradable. Corría el minuto 15 de partido en el Renzo Barbera, donde en una soleada tarde de domingo el Palermo recibía al Inter de Milán. Los locales se jugaban la vida en su intento por permanecer otro año más en la Serie A, mientras que la escuadra nerazzurri buscaba frenar la caída en picado que ha alejado a los de Stramaccioni de las puestos de Champions League. El choque pintaba bien para las aquilas de Gasperini —precisamente ex entrenador interista—, pues el esloveno Ilicic ya había conseguido hacerle un gol a su compatriota Handanovic cuando Aronica y Zanetti pugnaban por un balón, aparentemente, intrascendente. Es en ese momento, con el capitán del Inter tapándose la cara con las manos y desplomado en la banda tras un vacilante intento por seguir en pie, cuando a la ‘Beneamata’ se le para la respiración.

Dicen los que han vivido en primera persona una rotura del tendón de Aquiles que su sonido es perfectamente perceptible y se asemeja al de una cuerda que se parte y choca contra los extremos que la estaban sujetando. Por eso el ‘Pupi’ enseguida se dio cuenta de que lo que le estaba pasando era grave. Precisamente a él, que en sus 20 temporadas en la elite nunca había tenido una lesión de importancia; precisamente a él, que sólo le faltaban cinco partidos para llegar a los 600 en la Serie A; precisamente a él, que es la voz del Amala! en esta ‘pazza’ Inter. “Mi objetivo es volver más fuerte que antes. Tengo fe en esto. Al parecer tenía que cambiar los neumáticos después de tantos kilómetros”, expresaba, con lacónica resignación, después de que las pruebas médicas indicaran que tardará entre seis y ocho meses en volver a pisar el césped.

Los pensadores del fútbol todavía no han conseguido ponerse de acuerdo sobre si los aficionados hacen que los equipos se parezcan a ellos o si, por el contrario, son los jugadores los que acaban por definir a su hinchada. En el caso del Inter se puede decir que ambos —club y afición— son catastrofistas por naturaleza, caóticos por definición y exigentes por la historia que llevan a sus espaldas. Eso y que creen en Zanetti sobre todas las cosas.

Nada quedaba ya en el Giuseppe Meazza del glorioso equipo que armó Helenio Herrera en la década de los 60 —con el que Luis Suárez, Sandrino Mazzola y Fachetti consiguieron dos Copas de Europa—, cuando en el verano de 1995 aterrizó de la mano de Moratti junior un chico imberbe, con los mofletes sonrojados y de apariencia tímida por el que habían pagado una cantidad que con el tiempo sería irrisoria al bonaerense equipo de Banfield. Los tifosi interistas pronto descubrieron en él a un profesional ejemplar, preocupado, única y exclusivamente, por jugar al fútbol y ansioso por crecer en un equipo que siempre aspiraba a todo y a menudo se quedaba en nada. A pesar de acumular decepciones, Zanetti pronto se mimetizó con la ciudad y la gente de Milán, donde abrió un restaurante de temática argentina junto a sus amigos y compañeros Nelson Vivas y Andrés Guglielminpietro. Un punto de encuentro para un hombre familiar.

Los títulos no llegaban —salvo una furtiva UEFA—, y, a pesar de que Lorenzo Sanz y Florentino Pérez intentaron reclutarle para la causa en sus Real Madrid, Javier supo ser paciente. La recompensa a tanta felicidad le llevó a heredar el brazalete de capitán que tantos años había portado una leyenda como Beppe Bergomi. Así, una década después de haber llegado, el ‘Pupi’ levantaba el primero de los 16 trofeos que conseguiría el Inter en el glorioso lustro de que va de 2005 hasta 2010. Para la eternidad queda su instantánea en el palco del Bernabéu con la Champions, reconquistada casi medio siglo después, sobre su cabeza.

Te espero para el próximo Roma-Inter. Sólo cambiaré el banderín contigo”. Italia es un país de contrastes. Puede estar tres meses sin gobierno, pero sabe rendir tributo a sus leyendas como nadie en el mundo. Esa frase la pronunció Francesco Totti cuando supo del alcance de la lesión del eterno ‘4’ neroazzurri, con el que tantas batallas ha librado a lo largo de estas décadas. El próximo 10 de agosto Javier Zanetti cumplirá 40 años, pero se ha propuesto seguir al pie del cañón. No era Borges quien se equivocaba cuando hablaba de la inmortalidad del hombre, sino el resto del planeta al pensar que Zanetti era humano.

*No le importará a (casi) nadie, pero el Inter acabó perdiendo en Palermo.

30/04/2013

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