Bocatto di Cardinale

suarez_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | De poco le sirvieron a Michael sus apariciones junto a Bradley Cooper, Galifianakis y compañía tratando de sepultar la resaca bajo la arena de los desiertos de Nevada. Tampoco fructificaron los intentos de Animal Planet por explotar su faceta más humana mediante el noble arte de la cría de palomas. Alrededor de 100 kilos de peso concentrados en cerca de 180 centímetros de férrea musculatura que, si ya de por sí resultaba intimidatoria, lograba infligir mayor miedo si cabe gracias al tatuaje maorí de su pómulo izquierdo y unos incisivos bañados en oro de 18 quilates. ¿Cómo pensar, entonces, que semejante individuo pudiese albergar en su interior tamaña afición por las aves, sabedores todos de su famosa herencia? Nada en absoluto tiene que ver el tocino con la velocidad, es cierto, lo que no quita para que siga extrañándonos ver a nuestro fortachón haciendo las veces de estrella de cine u ornitólogo aficionado. Cría fama y échate a dormir, que se suele decir en estos casos.

Verano de 1997. 28 de junio, para ser exactos. Mike Tyson y Evander Holyfield se citan en el casino MGM Grand Las Vegas para disputar la revancha por el título unificado de los pesos pesados, honor que el segundo le había ganado al primero en un combate celebrado el año anterior. Restaban cuarenta segundos para el final del tercer asalto cuando ‘Iron Mike’, espoleado tanto por el auditorio que allí se congregaba como por los continuos cabezazos que su rival venía regalándole en cada abrazo, decide aprovechar la ocasión y lanzar a Holyfield una dentellada directa al pabellón auditivo. Tras varios momentos de confusión, Mills Lane, juez de la contienda, se ve obligado a descalificar a Tyson y otorgar la victoria a ‘Real Deal’, mientras Joaquín Reyes se frotaba las manos a este lado del charco visualizando un nuevo testimonio para La Hora Chanante. Una vergüenza, en definitiva, que pesa sobre los hombros del púgil nacido en Nueva York más que todos los fajines de campeón de su carrera juntos, pues no todos los días se tiene la oportunidad de protagonizar el mordisco más famoso de la historia del deporte. O quizá sí.

Fue Michael Owen quien nos enseñó que todo puede suceder en la Premier League. El gol de un veterano al que ya se le daba por muerto, infidelidades que llegan al césped de manos que se esquivan, la resurrección de Muamba. Incluso casos de racismo, tema tabú por antonomasia allí en las Islas. No obstante, lo que pudimos presenciar el pasado domingo en el partido que enfrentaba en Anfield a Liverpool y Chelsea merece un capítulo aparte, pues supera con creces cualquier escena que los realizadores de Sky Sport hubieran soñado jamás de cara a sus resúmenes de final de temporada.

Que los encuentros entre reds y blues son algo especial está fuera de toda duda. Más todavía si se disputan a orillas del río Mersey. Hasta tal punto es así que no faltan los entrenadores que siguen responsabilizando a la grada local de haberles arrebatado el pase a la final de la Champions League de Estambul tras celebrar un tanto de Luis García que nunca terminó de cruzar la línea de gol. El partido de este fin de semana suponía, además, la vuelta de Rafa Benítez al campo que mejores recuerdos le trae de cuantos ha pisado como técnico. El ambiente, por tanto, era de excepción. Luis Suárez, como era de esperar, no se lo podía perder.

Tan polémico como talentoso, el delantero uruguayo es un jugador pegajoso, que gusta de estar en permanente contacto con la defensa rival, se siente cómodo de espaldas a la portería. Por serbio que sea el central o Branislav Ivanović  que se llame, tarde o temprano ‘El ratón Luisito’ hallará el modo de zafarse. De lo contrario, prepárate para sufrir en tus carnes y de la forma más textual el porqué de su otro apodo: ‘El Caníbal’. Así, como lo leen. 1-2 en el marcador y minuto 73 de juego. El ataque del Liverpool concluye con un tiro de Steven Gerrard que sale a córner después de rebotar en Ryan Bertrand. Todo listo para el saque de esquina salvo Ivanovic, sentado en el suelo mientras enseña su brazo al árbitro, que parece no creerse lo que le están contando. La moviola, sin embargo, delata al charrúa, cuya imagen es congelada en los monitores de televisión al tiempo que hinca los dientes en el codo de su marcador. Un gesto que, si bien no pasa de anécdota entre el común de los profesionales del fútbol, para Suárez supone un ejemplo de reincidencia, pues ya protagonizó un episodio parecido durante su etapa en el Ajax, en un partido contra el PSV Eindhoven en el que mordió a Ottman Bakkal cerca del cuello.

Las reacciones se suceden ahora con Luis Suárez ocupando los carteles de películas como ‘Tiburón’ (‘Jaws’ en inglés, cuya traducción literal al castellano es ‘Mandíbulas’), o la serie ‘The Walking Dead’ y caracterizado con la máscara de Hannibal Lecter o al más puro estilo Nosferatu. Incluso el discreto Patrice Evra se ha acordado de él en la celebración del título de liga recientemente conseguido por el Manchester United, sonriendo a cámara junto a un brazo de pega. Mike Tyson, por su parte, tampoco se ha hecho esperar y ya sigue, a través de Twitter, al nuevo peso pesado de las dentelladas viendo cómo la historia se repite. El alumno vuelve a superar al maestro.

24/04/2013

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One thought on “Bocatto di Cardinale

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