El ‘teenager’ que tenía la visión de Platini

Cesc-Fabregas-Barcelona

DAVID LÓPEZ PALOMO | No es fácil entender los motivos que mueven al corazón, ya sea en el sentido estrictamente amoroso o en el meramente futbolístico. A menudo, uno acaba eligiendo novia y escudo por azar, sin atender a razones de ningún tipo. Da igual que el susodicho o susodicha sea horrible o que en el colegio te masacren con aquello de “os hemos vuelto a ganar”. No importa, todavía hay quien en estos tiempos da pasos en función de pálpitos y no de deducciones. Tal y como le pasó a Cesc Fábregas hace ya más de año y medio al quedar seducido por su primer amor. Tocaba volver a casa aunque, hoy por hoy, en Inglaterra sigan sin entenderlo. “¿Por qué no se quedó en el Arsenal? Aquí era Dios y allí es suplente”, le recriminan todavía algunos entre pinta y pinta.

Y no es de extrañar que lo hagan. Desde que Fàbregas llegara a Barcelona no ha conseguido para sí el papel de protagonista que se le presuponía. Da igual que en su primer año disputara 28 partidos en Liga o que esta temporada lo haya hecho en 27 ocasiones, anotando nueve goles en ambos casos. En este tiempo se le ha cuestionado, como decía el propio Cesc hace poco más de mes y medio: “La afición es más exigente conmigo que con otros jugadores”. Una frase que refleja el estado de ánimo de la parroquia blaugrana, que, a día de hoy, sigue viendo con preocupación la falta de continuidad del que Wenger catalogó como un nuevo Platini: “Tiene la visión de juego del francés”.

No obstante, el alarmismo que tanto gusta a los periodistas debería menguar a poco que se conozca su trayectoria y se recuerden sus apariciones claves, ya sea en el Mundial o en sendas eurocopas. Siempre sobreponiéndose a las circunstancias. Ya sea futbolísticas o, en este caso, culinarias. Como aquella vez que decidió cocinar en Londres y acabó con los bomberos en su casa porque se le había quemado la cena. Momentos de pánico en la vida real que siempre se mezclaron con los que tuvo que vivir en el campo, cuando a los 16 años y 177 días se convirtió en el jugador más joven de la historia en debutar con la camiseta del Arsenal. Lidiando, no en todas las ocasiones, pero casi siempre, con el que considera su padre adoptivo, Arsène Wenger. Un tipo que, como muchos ingleses, tampoco entendía por qué el ídolo de la afición gunner quería volver a Barcelona.

Quizá la respuesta, como bien decíamos al principio, no tenga que ver con la razón, sino más bien con el corazón. Aun así, partidos como el que disputarán Bayern de Múnich y Barcelona en las semifinales de la Champions ayudan a tomar ese tipo de decisiones. Y, aunque no se perfila como titular, su último gol ante el Levante —que acerca más la Liga al Camp Nou— vuelve a poner en aprietos a Tito a la hora de hacer la alineación. No obstante, con él o sin él, el Barça tendrá que sobreponerse a un Bayern que históricamente no se le ha dado bien. En total, ambos equipos se han enfrentado en tres ocasiones con un balance favorable de 2-1 para los alemanes. En la primera de ellas, en 1996, en la extinta Copa de la UEFA, los bávaros se llevaron el gato al agua, tal como hicieron en la Champions de 1999, en la que acabaron siendo subcampeones. Sin embargo, el último precedente es favorable a los culés, que en la 2009 se cobraron la justa venganza en el año del ‘sextete‘.

22/04/2013

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