Petón: “No habría entendido la vida y la muerte sin el fútbol”

Petón Fernando Torres

ENTREVISTA A PETÓN | Un amplio despacho con vistas a la madrileña Plaza de Colón es el lugar donde más horas pasa José Antonio Martín. Cuando no está viajando o impartiendo lecciones de fútbol en los medios, claro está. Orgulloso, presume de la camiseta con la que su amigo Fernando Torres ganó el campeonato de Europa sub-16 en Middlesbrough. Las fotos, botas y balones que decoran su escritorio no le ayudan a quitarse el mono de marcar goles. Y es que el Consejero Delegado de Bahía Internacional no concibe la vida sin verse vestido de corto, así que crea partituras cuando habla de lo que más le gusta. Pasen y escuchen.

PREGUNTA: ¿Cómo pasa José Antonio Martín de ser un fino estilista sobre el césped a convertirse en una de las voces autorizadas del periodismo deportivo?

RESPUESTA: Por un azar llego a la representación futbolística. Estuve en Antena 3 TV, pero ya había trabajado en emisoras de la Cadena SER mientras lo compatibilizaba con el fútbol. Yo era profesional y no creo conocer más casos de alguien que haya estado jugando como profesional en Segunda división y, al mismo tiempo, esté en los medios y dirija una emisora. Me fichó Antena 3 TV, donde empecé a dirigir productoras y, al final, derivamos en que una de ellas se iba a dedicar al fútbol. Más tarde se la compramos a Antonio Asensio y nos quedamos los trabajadores, con Joaquín Martorell como máximo accionista y presidente. Yo ya no me dedicaba a esto, pero me conocían de tiempos atrás.

Un día me cruzo con Paco García Caridad y él me dice: “¿No te gustaría hacer algo para nosotros? Que acabamos de empezar en Radio MARCA”. Y le digo: “Bueno, lo que vamos a hacer es quedar para comer y hablamos de todo un poco”. Y en esa comida le dije: “Sí, voy a hacer algo con vosotros, pero totalmente distinto”. Y así nació ‘El fútbol tiene música’, que era un programa un poquito diferente, porque no hablaba de lo habitual, sino de historias que iban más allá, y eso nos interrelacionaba con una serie de seguidores que se contaban con los dedos. Era el programa menos escuchado de la radio española, como decía en su introducción, y así un día me llamó Paco González para ir a ‘Maracaná’, porque se le había caído no sé quién. Ya al salir del programa me dijo: “Tú te tienes que venir a Carrusel”. Y así hasta ahora.

P: ¿En que ámbito te sientes más cómodo: delante de las cámaras, en el estudio o a las teclas?

R: Seguramente la radio es el medio que más me gusta y creo que es mi hábitat natural. Ante las cámaras intento no hacer numeritos y no entrar en esas tempestuosidades en que se mueve ahora el fútbol tertuliano, que me parece una exageración. Creo que hay que mantener cierta sensatez. Y luego escribir me encanta, pero me gusta más todavía cuando estoy en racha, cuando estás preparando algo, con un asunto que te apasiona. Entonces las horas se te pasan volando en la Biblioteca Nacional. O por la noche, que es cuando más escribo y se te hacen las 5 de la mañana y ni te enteras. Los tres medios tienen su atractivo. Pero, como beber agua, el que me resulta más natural es la radio. Es diferente.

P: En ese sentido, ¿debe ser la polivalencia la clave para todo buen periodista?

R: No. A mí me parece que hay extraordinarios periodistas para el papel, brillantes, que decrecen en la radio y disminuyen hasta cotas ínfimas en la televisión. Y lo mismo si intercambiamos las piezas. Luego hay algunos que somos regulares en las tres. Pero brillantes en todas ellas es bastante complicado que encuentres gente. No es fácil.

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P: En relación a las redes sociales se te puede considerar un ‘rara avis’ puesto que no tienes cuenta de Twitter. ¿Crees que intoxican más que democratizan?

R: Para empezar, estoy bastante de acuerdo con la tesis que está sacando la hermana de Mark Zuckerberg cuando dice que hay que acabar con los seudónimos porque eso permitiría, además del derecho a opinar, la libertad de respuesta de quien se siente agredido por un comentario. Las redes sociales son un pozo de inmundicia. Todas ellas, sumadas, mucho más, pero no creo que esa inmundicia sea mayoría. Adelantan mucho, comunican y están bien en sí mismas, pero le veo el problema de las personas que se meten para soltar sus miserias. Hay gente muy mala en Twitter. El otro día me contaban que había grupos que se dedicaban a hacer daño y gabinetes, pagados y preparados, para hacer este tipo de cosas. Pese a todo, son una minoría.

De todas formas, mi razón no va por ahí. Si yo tuviera Twitter me sentiría obligado a responder a las personas que, correctamente, me interpelan o a los que me dan una opinión con la que yo pueda debatir y hacer de frontón y crecer. Me sentiría obligado a contestar por una cuestión de educación y de generosidad por su parte. Y entonces no escribiría, no podría estar estudiando. Prefiero no empezar. Es una buena solución lo que hace Forges, que twittea una vez al día y no responde. Pero él tiene una categoría que le permite hacer eso.

P: Martí Perarnau sostiene que la objetividad no existe. ¿Es la honestidad la forma de ver el fútbol sin dejarse llevar por las pasiones?

R: Sin duda. Yo puedo morir por el Atlético de Madrid, como es sabido, pero no voy a decir que ha jugado mejor si el rival le ha superado, aunque sea el Real Madrid (risas). Ahora en serio, cuando el Madrid le ha ganado al Atlético en los últimos años y a mí me ha tocado hacer un análisis, lo primero que he dicho es: “Felicito al rival, porque ha sido mejor”. Es así. Yo estoy ahí para dar mi opinión sobre algo que conozco bien, como es el juego del fútbol. Entonces, es difícil que a mí me engañe un jugador en cuanto a cosas que aportan al juego y al equipo. Hay que afirmar las cosas con cierta mesura. No se puede decir que Cristiano es malo, pero tampoco puedes decir que Messi lo es. Yo he oído decir barbaridades del uno y del otro dentro del papel de tertuliano estúpido de niego al otro para reafirmarme a mí.

P: ¿Es el’ bufandismo’ el principal lastre del periodismo deportivo en España?

R: Sin duda quien acuñó el término de ‘bufandismo’ estuvo muy acertado. El otro día oí un debate tremendo entre Miguel Ángel Méndez y Antonio Sanz, que a uno de ellos le costó un desayuno, sobre el ‘periodismo de bufanda’. Yo creo que el ‘bufandismo’ es malo y, a veces, muy malo porque arrastra multitudes. El periodista ha suplantado la figura del conductor de masa del futbolista, del héroe en el campo, para ser él el que transmite el mensaje. Antes, el espejo del Madrid era Alfredo Di Stéfano o Santiago Bernabéu; el del Barcelona era Kubala; y en el Atlético Adelardo o Vicente Calderón. Ahora tienen que ser Roncero o Carme Barceló. Arrastran multitudes y eso es una suplantación. Y he mencionado a esas dos personas, precisamente, por el afecto que les tengo.

P: Jugaste en el Alcorcón hasta los 37 años, cuando compaginaste el fútbol con tu trabajo como directivo en Antena 3. ¿Crees que los futbolistas actuales han perdido esa pasión que nace en la infancia y que en tu caso todavía sigue viva?

R: Eso no se le puede decir a Valerón, por ejemplo. Te das cuenta que él ama al fútbol más que a sí mismo, como me pasa a mí. Yo tengo una esteniosis, que es un acortamiento de la vía medular en la espalda y, para jugar, me tengo que tomar medio Voltarén porque tengo siempre una afección al ciático que me pilla la parte de atrás y es una tortura. Pero si me tomo el medio Voltarén estoy varias horas sin dolor, aun sabiendo que si juego ese rato luego me va a doler bastante más. Pues caen tres medios Voltarén a la semana porque juego tres partidos. Y si no juego esos tres partidos soy una fiera… (risas).

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P: ¿Y si se exceptúan casos como el de Valerón?

R: Yo creo que antes el futbolista amaba más el fútbol. Le gustaba más el juego, las carteras en lugar de postes, el balón de cuero pelado que bota mucho, los raspones en el muslo y llegar a casi la bronca, aunque tuvieras 40 o 50 años. Mi amigo Pantaleón, tristemente afectado por el mal de Alzheimer, fue jugador del Real Madrid y su hermano del Atleti. Era un tipo entrañable que, con 62 años, ya no podía jugar porque tenía una artrosis en el tobillo que lo tenía cuatro veces del tamaño del otro, una barbaridad…Pero él organizaba los partidos, era el árbitro, el entrenador, lo sufría y lo vivía por el afán de estar en el fútbol. Y me dijo algo que no se me olvidará nunca. Yo le dije: “Panta, es que los ex futbolistas como nosotros…”. Y me dijo: “Petoncito, los futbolistas como nosotros morimos futbolistas, amamos el fútbol. Luego hay ex futbolistas es verdad, pero nosotros somos futbolistas”. Tenía razón.

P: José Manuel Díaz nos ha chivado que solías llegar de corto y con las espinilleras a comentar la Premier…

R: (Risas) ¡Qué cabrón! Es verdad, venía de jugar y él me cubría porque la retransmisión empezaba a las 17.00 horas. Entonces yo le avisaba: “Niño, que voy a llegar pelao”. Pero me decía: “No te preocupes”. Y hacía una introducción de tres minutos: “Tarde de lluvia en Stamford Bridge…” Con ese estilo tan maravilloso y tan característico que él tiene y que le ha convertido, para mí, en el mejor.

P: ¿Es el fútbol una cuestión más importante que la vida o la muerte o lo más importante de lo menos importante? ¿Shankly o Valdano?

R: Estoy más con Shankly. Para empezar, la vida es un azar. Nosotros estamos aquí porque se juntó la decisión divina con el cruce constelar. Y nuestros padres fueron el instrumento para que llegáramos. Tuvimos suerte porque podíamos haber sido un tulipán, un lápiz o un trozo de feldespato. Podríamos haber sido cualquier cosa, pero fuimos seres humanos. Y la muerte es un paso más dentro de la vida. Cuando eliges algo, en la vida hay alguna cosa más y, a lo mejor, la otra persona es más importante que la vida y la muerte. Desde luego, el fútbol en mi caso lo es. Yo no hubiera entendido la vida y la muerte sin el fútbol.

P: ¿Piensas que en el fútbol moderno el talento ha perdido la batalla contra el físico? ¿Tendría el Petón jugador algún hueco en un equipo de Primera?

R: El otro día, en la Televisión de Aragón, Luis Costa, que fue mi entrenador, hablaba de mí como jugador y de cómo, precisamente, opté por decidir compatibilizar el fútbol con la radio. Elegí no jugar diez años en Primera como él quería. Yo creo que cualquier futbolista de otra época, cualquiera con talento hubiera tenido hueco en el fútbol actual, porque el entrenamiento es lo que te hace fuerte. Un futbolista de ahora, llevado 25 años atrás, hubiera sido un súper clase. Eso sí, no habría sido un jugador con un ritmo como el de aquellos, porque el ritmo no te lo da tu constitución. Hombre, si eres una bestia como Cristiano Ronaldo vas a destacar ahora y siempre. Pero el ritmo es colectivo siempre y el futbolista que entiende ese ritmo y sabe jugar lo hace suyo.

Yo tuve un entrenador, ‘Chato’ González, que lo definía muy bien. Él había jugado una final de Copa de Europa con el Real Madrid contra el Manchester United. Me decía: “Yo te pongo mañana en Primera división y en dos meses estás disfrutando y jugando bien”. Vale para cualquiera que juegue bien al fútbol y que pase esos exámenes de la Tercera y la Segunda B. Le pones en una categoría más arriba y, si tiene talento, va a funcionar.

P: Durante el Mundial de 2010, Del Bosque afirmó que si todavía siguiera en activo le gustaría parecerse a Busquets. ¿A quién te gustaría parecerte a ti?

R: A Xavi. Creo que es el mejor futbolista español que yo he visto. Adoro a Iniesta y, entre los dos, está Valerón.

Xavi-Barcelona

P: He leído que llegaste a ser representante por puro azar y gracias a Antonio Asensio. ¿Es tan oscuro y turbio el mundo de la negociación como se pinta o las cenas, reuniones de madrugada y viajes son sólo un mito exagerado?

R: Se puede resumir en una anécdota. Cuando empezamos con Bahía uno de los primeros jugadores a los que llevamos fue ‘Rambo’ Petkovic, que jugó en el Real Madrid. Aquí no conseguía entrar en el equipo y a mí se me ocurrió algo revolucionario: llevar a un serbio a Brasil. El Madrid se ahorraba la ficha y era una operación redonda. El caso es que en el Vitoria despuntó y le fichó el Venezia. Pero Petkovic era un serbio muy brasileño, y sólo jugaba bien en Brasil, así que decidieron venderle al Flamengo. ‘Beppe’ Marotta (que hoy es directivo del Inter) me llamó y me dijo que tenía que ir ese mismo día a cerrar la operación, que iba a ser muy sencillo porque el acuerdo entre las partes era total.

Las cosas se fueron torciendo por unos problemas burocráticos con el permiso de trabajo con Brasil y tuve que coger otro avión para entregar en mano los contratos. Yo, que había ido a Venecia para una tarde estuve 42 días sin volver a Madrid haciendo gestiones en Río de Janeiro. Me compraba la ropa en los aeropuertos. Eso sí, la de Petkovic es la mejor operación que ha hecho el ‘Fla’ en su historia (risas).

P: Representación, intermediación, asesoría de clubes, imagen y comunicación. ¿Es la multifuncionalidad el secreto del éxito de Bahía Internacional? En 2011 era la cuarta agencia más importante del mundo y la primera de España…

R: Y la segunda de Europa, sólo por detrás de Gestifute… Aparte de los todos esos servicios corporativos nuestro aspecto diferencial es que únicamente llevamos futbolistas españoles. Hubo una época, que parece que ya le gente no se acuerda, en la que España no ganaba mundiales y eurocopas. Nosotros arrancamos en 2003 y veíamos que en los torneos de las categorías inferiores arrasábamos. Decíamos: “Estos chavales son buenísimos, en el futuro se los van a rifar”. Apostamos por ellos y, como se ha podido comprobar, fue un acierto.

P: ¿Es posible sobrevivir al tsunami Jorge Mendes?

R: Sí, claro que es posible. Nuestros focos se centran, como he dicho, en los jugadores españoles. Pero ojo, la agencia es Gestifute, no Jorge Mendes, lo que pasa es que él tiene un magnetismo fortísimo y su figura aparece en todas las fotos. En Bahía Internacional no nos vinculamos a fondos de inversión.

Vicente Valcarce Málaga

P: De semidesconocidos como Javier Artero o Vicente Valcarce a campeones del mundo de la talla de Jesús Navas o Pedro. ¿Cuál recuerdas con más cariño?

R: Javier Artero es mi hermano. Fue el primer futbolista al que representamos y eso es algo que no se olvida. Además, su situación personal también hace que sea así, porque, por desgracia, Javi tuvo que abandonar el fútbol en el mejor momento de su carrera al sufrir una esclerosis múltiple, que le afectó al sistema nervioso con 26 años. Le había conocido cuando él jugaba en el Moscardó y, en el momento en que le diagnostican la enfermedad, estaba triunfando en el Dundee. Estoy convencido de que su destino era el Celtic de Glasgow porque en Escocia ya se lo rifaban. Nosotros fuimos los que empezamos a sacar de España los primeros futbolistas, casi todos a Escocia, como Sánchez Broto o David, que jugaron en el Livingston y el Saint Johnstone.

Y Vicente Valcarce es mi segundo hermano, pero también la fatalidad se cebó con él. Estaba haciendo unas temporadas increíbles en aquel Málaga que llegó a jugar la UEFA y recibimos una llamada del Real Madrid en nombre de Vicente Del Bosque, que se había quedado impresionado después de un gol que metió, precisamente, en el Bernabéu. Imagínate, el Real Madrid. Querían ficharle para ser el sustituto de Roberto Carlos, para que pudiera darle descanso, y había una oferta en firme. Además, estaba decidido que fuera a la siguiente convocatoria de la Selección, pero en uno de los primeros partidos de la temporada se rompió el cruzado y adiós a todo. En Málaga sigue siendo un hombre muy querido y, de hecho, actualmente es el delegado del equipo.

P: Pero, sin duda, la joya de la corona fue y sigue siendo Fernando Torres. ¿Cómo fue negociar su marcha del Atlético de Madrid?

R: Él es mi hermano pequeño (risas). Aunque representamos a grandísimos futbolistas, es inevitable que él sea esa especie de cabeza de cartel. Con Fernando he vivido cosas increíbles. Con 15 años tuvo una lesión grave en la parte anterior de la rodilla y le habían dicho que estaría unos seis meses fuera. Yo entré al quirófano de la mano con él y me decía: “En cuatro meses estoy listo”. Y yo: “Tranquilo, Fer, seis meses. No hay prisa”. Y él me repetía: “Cuatro meses, ya lo verás”. Me prometió que me regalaría las primeras botas con las que marcara su primer gol. Volvió a los cuatro meses, como él había dicho, y en el primer partido que jugó después de la lesión, marcó. Al día siguiente se presentó aquí con las botas de la mano y ahí están (las señala encima de su escritorio).

Tenemos una foto muy bonita de esa época, en la grada del Calderón, que nos hicieron al entrenador del juvenil, a él y a mí. Y yo les decía a los niños que estaban alrededor: “Pedidle un autógrafo a éste, que dentro de años valdrá mucho dinero”. Y mira.

Sin embargo, la venta de Torres fue la primera operación que yo ya no hice, porque consideré que era el momento de dejar de salir en las fotos. El protagonista tiene que ser el jugador, nunca el agente. Por suerte, desde entonces tenemos a Margarita Garay a la cabeza de las operaciones, que es una profesional fantástica. Pero fue duro, es evidente.

Fernando-Torres-Chelsea

P: ¿Quién ha sido el mayor hueso con el que te has encontrado a la hora de intentar cerrar un acuerdo?

R: Probablemente Lendoiro. La fama que tiene es merecida. Trabajamos con él durante mucho tiempo y, cuando tuvimos que sentarnos en frente, fue bastante complicado. Pero, en general, todos los clubes defienden sus intereses hasta el extremo. También lo he pasado muy mal cuando he tenido que asesorar a gente que quiero, al Huesca, que es mi casa, porque se enrocan y se cierran en banda y no ven que lo que les estás tratando de explicar va a ser beneficioso para ellos.

P: Personalmente viviste un episodio muy desagradable en el que un determinado medio te acusaba de apología del fascismo. ¿Es indisoluble el binomio fútbol-política?

R: En ese sentido agradezco al diario Público que, automáticamente, publicara mi carta de rectificación al lado de la información que habían publicado, aunque es evidente que no la contrastaron. Podían haberme llamado antes, pero en el Consejo de Redacción debieron pensar que no les interesaba que el tema trascendiera.

Lo cierto es que creo que el fútbol es una vía de expresión de la sociedad, y los estadios se ven como un circo en el que reivindicar lo que cada uno quiere. Pienso que es inevitable, porque tanto el fútbol como la política abarcan muchos aspectos de la vida, pero muchas veces se lleva al límite. Hay que marcar una frontera.

P: Desde tu perspectiva, ¿cómo ves las polémicas que han surgido alrededor de los Salva Ballesta, Paolo Di Canio o el legendario Sócrates?

R: Lo de Salva Ballesta me parece un atentado contra el derecho al trabajo. Es increíble que, por tener unos ideales, no haya podido ser el segundo de Abel en el Celta. Yo no comparto la concepción que tiene Salva de España. A mí España me duele, como a todo el mundo, porque veo la situación que estamos atravesando en estos momentos y no me gusta. Pero el mismo caso me vale para Oleguer, por ejemplo. No comulgo, ni mucho menos, con sus ideales. Yo amo a España, pero defendería con mi vida el derecho a trabajar de Oleguer independientemente de sus ideales.

Pero es extrapolable a todos. No me gustan los numeritos que montaba Di Canio con los hinchas del Lazio, que son para echarles de comer aparte, pero, ¿por qué no va a poder trabajar? Lo de Sócrates es distinto, porque coincidió en el Corinthians con un grupo de futbolistas muy cultos y comprometidos y juntos consiguieron cambiar el rumbo de la política en Brasil en los años 80.

No me entra en la cabeza que estos grupos de aficionados puedan ejercer una presión tan decisiva en las decisiones de un club. Pasa un poco lo mismo con los homosexuales. Yo conozco futbolistas homosexuales que, por miedo a ser rechazados, viven su vida en secreto cuando lo que importa es cómo jueguen.

Di-Canio-Sunderland

P: ¿Cuándo descubriste la música del fútbol?

R: Hace ya muchos años que entendí que las dos disciplinas están muy relacionadas. Veías jugar a Zidane y era como un ballet; Pelé sonaba a samba; Rivelino a bossa nova; los alemanes eran una ópera… Y también al revés, porque las canciones que se escuchan en los estadios son maravillosas.

P: ¿Qué tiene para ti de especial San Lorenzo de Almagro? No vale que ahora se suban al carro del Ciclón los devotos del Papa Francisco…

R: (Risas). A ver si el Papa interviene con el Altísimo y consigue que no bajen a la B… Desgraciadamente, está difícil que tanto San Lorenzo como Independiente no desciendan. San Lorenzo es un equipo muy entrañable, tiene una historia preciosa con el Padre Massa, que descubrió el poder del fútbol para ganarse a los chavales, para que pudieran ir a catequesis y le echaran una mano como monaguillos. Los chicos querían que el club llevara el nombre del cura, pero éste era muy humilde y sólo admitió que le pusieran el nombre de San Lorenzo. Allí jugaron leyendas españolas como Lángara o Iraragorri, que con aquella gira durante la II República cambiaron el fútbol en España. Tiene personajes como Osvaldo Soriano. El estadio…Todo.

P: Gigi Meroni, el Grande Toro, los Busby Babes, John White. ¿Qué magnetismo tienen las tragedias que tanto nos enganchan?

R: La línea que separa la vida y la muerte es muy estrecha y los futbolistas son, somos, personas como otra cualquiera. Si ya cuesta imaginar que el mejor jugador del mundo, en el mejor momento de su carrera, pierda la vida, no quiero ni hablar de un equipo entero… Hubo aficionados que, de la noche a la mañana, se encontraron con que su equipo había desaparecido. Me parece tremendo y por eso se hacen leyendas.

P: ¿Cuál ha sido la historia de la que más orgulloso te sientes? ¿Y tu personaje favorito?

R: Suena a tópico, pero es imposible quedarme sólo con una, pero voy a decir la del Zaragoza-Chelsea y el ‘Peace and love‘. Resulta, cuando menos, llamativo cómo un personaje como Bilardo sirvió para apaciguar un conato de pelea en las gradas de La Romareda entre la policía y los hoolingans ingleses. ¡Hasta el comentarista de la BBC creyó que lo que gritaban era “peace and love” en lugar del célebre “písalo” (risas).

En cuanto a personajes Gigi Meroni me parece sobrecogedor. Cuando estaba descubriendo la historia no me podía creer lo que leía. El mejor equipo de Europa se estrella en Superga y, cuando lo están reconstruyendo, su mejor jugador muere en un accidente. Pero, por si fuera poco, la persona que mata, fortuitamente, a esta nueva estrella, ¡llega a ser presidente del club! Si tú pretendes hacer un guión de una película de ficción no se te ocurren estos ingredientes.

P: ¿Puede ser la buena literatura la receta para combatir el fútbol mediocre?

R: La buena literatura sólo puede ser la receta a la mala literatura. No hay más.

P: ¿A qué te suena el fútbol de hoy en día?

R: Me suena a que va a haber muchos cambios. Si, finalmente, Javier Tebas acaba siendo Presidente de la Liga de Fútbol Profesional van a cambiar muchas cosas. Yo, particularmente, no estoy de acuerdo con su opinión sobre los repartos de los derechos televisivos, que tanto favorecen a Real Madrid y Barcelona, pero creo que puede aportar cosas muy interesantes. Habrá que esperar para ver qué pasa.

P: 15 de junio de 2012. Francia-Ucrania de la pasada Eurocopa. Comienza a diluviar en Donetsk y el partido se interrumpe durante 57 minutos… ¿Cómo se reacciona en una situación como esa?

R: ¿57 minutos? No sabía que había sido tanto (risas). Lo que muy poca gente sabe es que durante aquella tormenta hubo un momento en que la audiencia registró un pico máximo, porque la gente estaba esperando a que se reanudara el partido y se enganchó a lo que contamos. Quizá el fallo fue que la cámara se quedó en un plano fijo y no sabíamos qué hacer. Fue cuando hablamos de ‘Fantasma White’. Con los compañeros de Mediapro teníamos muy buen rollo, apostábamos en los partidos y hablábamos mucho, y eso facilitó el trabajo aquella tarde.

P: ¿Cuál es el mejor falso 9 que has visto nunca?

R: Messi. Aquí no hay discusión.

P: ¿Y un falso 9 de tu cosecha?

R: Sin haberle visto jugar de forma muy consciente podría decir Di Stéfano. El tío debía ser increíble, moviéndose por todo el ataque, generando espacios, bajando a construir. Tengo el recuerdo de que, con tres años, mi padre me llevó al Metropolitano y allí le cantaban una tonadilla que se me quedó a mí grabada y que decía algo del pelo que le faltaba a Bernabéu y le sobraba al propio Di Stefano…

No obstante, me voy a quedar con un chico de la casa, que los clubes españoles no quisieron fichar el pasado verano por dos míseros millones de euros, que es Michu. Antes de llegar al Rayo ya vimos su potencial. Les decíamos a los directores técnicos: “Tú pones a este chaval con dos bandas muy abiertas y entrando a rematar y te va a hacer un montón de goles”. Y el año pasado con el Rayo marcó 15 goles en Liga y dos en Copa.

21/04/2013

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