Erdoğan, la guerrera

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SERGIO MENÉNDEZ | No fue bendecido Aitor Karanka con el don de la oportunidad. Al menos en lo que a su faceta como segundo de a bordo de la bancada merengue toca, que en su etapa al otro lado de la línea de cal supo siempre hacerse valer como central solvente y de garantías. Primero en el Athletic de Bilbao y luego en el Real Madrid. Curiosamente, los dos equipos que hace tres días rendían tributo al estadio de San Mamés jugando el último de sus choques antes de que ‘La Catedral’ se convierta en pasto de especuladores. Circunstancia que, unida a las dudas que el cuadro local viene arrastrando desde principio de temporada y lo paradójico de que una bandera blanca siembre tanta animadversión entre las filas rivales, máxime cuando sus portadores juegan fuera de casa, hacía presagiar un recibimiento de lo más hostil. Y no fallaron los pronósticos.

Por eso cuando a Karanka se le preguntó sobre la dureza con que Mikel San José se había empleado en despeinar a Cristiano Ronaldo, confiado el periodista de que Lezama quedaría ya lejos en el recuerdo del preparador vitoriano, lo suficiente al menos para que entrara en su juego y arrancarle algún titular, el bueno de Aitor quiso quitarle hierro al asunto refiriendo la virilidad que a este deporte caracteriza. “El fútbol es para hombres y en San Mamés todavía más”, afirmó. Craso error. Parecido casi a dejar de fumar, beber, los tranquilizantes o esnifar pegamento. Al igual que le sucediera al mítico Steve McCroskey, el controlador aéreo que Lloyd Bridges, padre de Jeff, encarnaba en ‘Aterriza como puedas’, casi se diría que Karanka eligió un mal día para salir a rueda de prensa.

Tan a pecho deben tomarse en la disciplina las concentraciones que no hay lugar en su aislamiento para otro menester salvo el encuentro venidero. Por extraordinario que sea, concerniente al fútbol o no. Da igual. ¿Cómo entonces se atrevía la mano derecha de José Mourinho a realizar semejantes declaraciones? Precisamente al cierre de una jornada que comenzaba con Turquía abriéndose paso entre las rondas informativas de los carruseles. El motivo: Duygu Erdogan podría dirigir al Galatasaray lo que resta de Süper Lig y los tres primeros choques de la siguiente campaña. Lo particular de este caso y el hecho que lo convierte en noticia no es, como cabría pensar, que la persona en cuestión guarde parentesco con el Primer Ministro del país, Recep Tayyip Erdoğan. Los apellidos son mera coincidencia. Importa más la cuestión de que Duygu se trate, en efecto, de una mujer.

La oportunidad se le presentaba después de que el carismático entrenador de los ‘Aslanlar’ y Lucifer de los infiernos del Bósforo, Fatih Terim, fuese expulsado durante el partido que enfrentaba a Didier Drogba, Wesley Sneijder y compañía contra el Mersin Idman Yurdu, debido a su airada reacción y el posterior careo que mantuvo con el árbitro por señalar una falta de Hamit Altintop. Era ya el segundo de los hombres del Galatasaray que el árbitro apuntaba en el reverso de su tarjeta roja tras la expulsión del defensa camerunés Dany Nounkeu, a los que luego se sumarían también los de los asistentes Hasan Şaş y Ümit Davala. “Comportamiento antideportivo” y nueve partidos de suspensión para Terim, que ya se puede ir despidiendo de lo que queda de competición.

Así las cosas, al club de Estambul se le presentaban dos opciones de cara  a su próximo partido contra el Kardemir Karabükspor: confiar la dirección del equipo al actual preparador de porteros y campeón del mundo con Brasil en 1994, Cláudio Taffarel, o apostar por la diligente Duygu Erdogan, miembro del cuerpo técnico que lidera Terim y poseedora de la licencia que la máxima categoría del fútbol turco exige para sentarse al frente de un banquillo, convirtiéndola de este modo en una pionera, una versión moderna de Juana de Arco a la que la oportunidad de hacer campeón al Galatasaray le llegó como caída del cielo, un susurro divino. Una Pitita Ridruejo, si se prefiere, que la medida de lo épico se deja siempre a disposición del lector.

Por el momento, todo ha quedado en aparición mariana, pues el finalmente designado para dar las órdenes desde la banda fue el antiguo meta brasileño. En cualquier caso, y a la espera de lo que pase este fin de semana, el reconocimiento a Duydu Erdogan supone un verdadero hito para el país. Una excusa que nos lleva a cantar aquel estribillo que Coz hizo eterno en los 80 al grito de “¡Uh, ah!” y hoy se deja escuchar nuevamente al otro lado del continente. ‘Las chicas son guerreras’.

17/04/2013

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