Hillsborough, ‘hooligans’ y Thatcher

Liverpool fans hold up banners before their English League Cup semi-final soccer match against Manchester City at Anfield in LiverpoolÁLVARO MÉNDEZ | Suena a tópico. Es cierto. Pero ningún artículo que se digne a hablar sobre la vida de una personalidad de la talla de Margaret Thatcher debería verse desprovisto de la manida frase “amada y odiada a partes iguales”. La Dama de Hierro era así, una mujer de extremos. Liberal a ultranza, némesis de las Trade Unions, eficaz gestora, firme opositora al progreso de la Unión Europea, belicista sin fronteras y azote de la URSS. Su fuerte personalidad y su determinación la llevaron incluso a intervenir en esa burbuja no siempre independiente del poder que es el fútbol. Generar indiferencia es de débiles. Y más aún desde el 10 de Downing Street.

La extrema polarización que vivió el Reino Unido durante sus más de once años al frente del país es fácilmente extrapolable al terreno de juego. Cuando Thatcher accedió al poder, el fenómeno hooligan se encontraba en pleno apogeo. Tras una década marcada por la incertidumbre económica, la brecha social entre pobres y ricos se había ampliado drásticamente debido a los daños colaterales causados por una industrialización voraz. Las luchas de clase se agravaron y encontraron en los estadios de fútbol su particular campo de batalla. Así, las gradas se llenaron de miles de vándalos borrachos con una única consigna: la violencia por la violencia.

En el resto del continente, el auge del radicalismo se veía con pánico. Y con razón. Los hinchas ingleses que viajaban para apoyar a sus respectivos equipos en las distintas competiciones europeas dejaban un rastro de desolación inaudito en cada una de las ciudades que visitaban. La culminación de esa deriva de salvajismo y destrucción llegó en la primavera de 1985. El 29 de mayo se celebraba en el bruselense Estadio de Heysel la final de la Copa de Europa entre JuventusLiverpool, un duelo de alta tensión que reflejaba la rivalidad entre el dominador fútbol inglés y el emergente italiano. En los prolegómenos del encuentro, los hooligans marcharon sobre el sector en que se concentraban los seguidores bianconeri, provocando una espeluznante avalancha en uno de los fondos. Carreras, agresiones, caídas… Las dramáticas imágenes hablan por sí solas. Cientos de aficionados quedaron aprisionados contra las vallas protectoras y los muros que separaban el graderío del terreno de juego. La sinrazón del radicalismo se cobró la vida de 39 personas.

Thatcher no actuó entonces, pero sí lo hizo la UEFA, que sancionó a los clubes ingleses sin poder disputar competiciones europeas durante cinco años con el firme objetivo de cortar de raíz el fenómeno de la barbarie en el fútbol. Hubo que esperar cuatro años para que La Dama de Hierro hiciera honor a su apodo. Aquel trágico 15 de abril de 1989 el destino juzgó con la Ley del Talión bajo el brazo lo acontecido en Heysel y se cebó cruelmente con la afición red. Una brutal avalancha provocó aquella tarde la muerte de 96 hinchas del Liverpool en el Estadio de Hillsborough. Instantáneamente, Margaret Thatcher acusó a los hooligans de haber provocado el suceso y dictó la Football Spectators Act y el Informe Taylor para mejorar la seguridad en los campos. Las tradicionales localidades de pie y las vallas de seguridad alambradas quedaron prohibidas, así como la venta de alcohol en los recintos. Además se mejoraron los accesos de evacuación y se instalaron cámaras de vídeo. Pero lo que más dolió a orillas del Mersey fue el sentimiento de culpabilidad.

Sin embargo, el año pasado una comisión independiente publicó una resolución en la que se señalaba que la avalancha se produjo de forma accidental y que la policía, responsable directa de la seguridad del estadio aquel día, había alterado las pruebas para buscar un chivo expiatorio: la afición red. Asimismo, se revelaba que 41 de los fallecidos podrían haber sido reanimados si hubieran recibido la atención adecuada. Al Primer Ministro David Cameron no le quedó otra que ofrecer sus disculpas a la Cámara de los Comunes y a toda la afición del Liverpool. ¿Hubo entonces afán de ocultación por parte de Thatcher? En la ciudad de los Beatles lo deben tener bastante claro. Lo cierto es que al fin se hizo justicia con lo que durante años se ha reclamado en Anfield Road: “Expose the lies before Thatcher dies” (Traducido, “que las mentiras salgan a la luz antes de que Thatcher muera”). Conseguido.

Aunque sólo sea brevemente, merece la pena remontarnos al pasado. Si algo caracterizó a la líder conservadora fue la omnipresencia. Para el recuerdo quedará la instantánea que protagonizaron Margaret Thatcher y Paul Gascoigne a comienzos de los años 90. Poco antes de que se oxidase por completo, La Dama de Hierro invitó al célebre todocampista a pasarse por Downing Street. ¿Un último intento de simpatizar con la Gran Bretaña profunda? Quién sabe. Lo cierto es que pocos ingleses ha habido en la historia tan auténticos como ellos dos. “Thatcher es como yo, simpática y adorable”, declaró Gazza tras el bizarro encuentro. Evidentemente, la imagen de la extraña pareja apenas repercutió en una opinión pública cansada ya de la baronesa.

Unas semanas después, Thatcher renunciaba al cargo de Primera Ministra. Había nacido un ejemplo a seguir, un modelo nuevo de hacer política. Un mito. Para bien o para mal.

11/4/2013

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3 thoughts on “Hillsborough, ‘hooligans’ y Thatcher

  1. no disculpa el equivocado era yo.. ya lei completo un abrazo muy buen post, saludos desde barranquilla- colombia

  2. disculpa pero no se si estoy equivocado pero tengo entendido que el partido se jugo entre el liverpool vs nottingham forest…..no la juventus

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