‘Vi ho purgato ancora’

foto TottiJULIÁN CARPINTERO | “Si se pidiera a cualquiera que determinara el periodo de la Historia del mundo en que la condición humana fue más próspera y feliz mencionaría, sin dudar, la que se extiende entre la muerte de Domiciano hasta el ascenso de Cómodo”. Cuando dejó escrita esta aseveración, Edward Gibbon tenía la suficiente perspectiva que los años le habían dado como para saber que existen personas cuyo recuerdo se adhiere a nuestra mente produciéndonos un sentimiento de extraña alegría. Ésa es la sensación que Francesco Totti aún hoy genera en los aficionados de la Roma cada vez que se enfunda la elástica giallorrosa para jugar un derbi contra la Lazio. Seguridad y confianza. El Imperio está en juego.

Como la mayoría de las cosas de la vida, lo mejor siempre viene al final, de manera que esta última jornada de la Serie A no quería ser la excepción que confirmase la regla. Ni el (pen)último episodio de la comedia que es la vida de Mario Balotelli —cazado fumando en el tren que llevaba al Milan a jugar a Florencia ni la enésima desgracia del Inter —que perdió en el Giuseppe Meazza ante el vecino Atalanta por 3-4, más Beneamata que nunca— osarían a hacer sombra al partido más especial que se puede ver en el Calcio. Algunas voces reclamarán que esa denominación debería corresponder al Juventus-Inter, otras sostendrán que es el clásico de Génova y aún habrá unas terceras que miren hacia Sicilia para encontrarlo. A pesar de todo, cuando este lunes de abril se agitaba con los últimos bostezos del inicio de la semana, la atención de toda Italia se concentraba en el Estadio Olímpico, donde Roma y Lazio estaban a punto de llevar al extremo el tópico de que un partido así es mucho más que tres simples puntos. Con la diferencia de que, en este caso concreto, es verdad.

Enric González afirmaba, con un laconismo inusitado, que “Roma es Roma, para lo bueno y para lo malo”. Porque hasta a un perfecto observador como él le cuesta explicar lo que es derbi de la capital italiana significa para la ciudad. Teatro, exageración, arena, gladiadores y pulgares que miran hacia arriba o hacia abajo en función de si han salido o no victoriosos ante los leones. Y es que el fútbol a orillas del Tíber no tiene ningún sentido sin la figura del bufón más adorado y odiado dependiendo si la sangre del tifosi en cuestión es grana o celeste. Criado en el Trastevere, Francesco Totti (Francé para su círculo íntimo), es la figura que representa todo lo esencial que la grada le reclama a un hombre de honor. Tener colgada la etiqueta de ser un cateto es lo de menos. Para la afición romanista, Totti es una suerte de emperador contemporáneo: le respetan y admiran, le son fieles porque saben que él no ha conocido otro amor y, aunque le envidian por estar casado con la bella Ilary Blasi, saben, por encima de todas las cosas, que él estará ahí para defenderles cuando tengan que enfrentarse a su rival más odiado.

Hace tan solo unos días que se cumplieron 20 años del debut de Francé en la Serie A, el 28 de marzo de 1993. En su DNI nada más que se contaban 16 años, así que varios de sus actuales compañeros de equipo aún no habían nacido. Hoy en día tiene 36 y, a pesar de que sus piernas van despacio, su mente sigue siendo más rápida que la de cualquier futbolista con el que se enfrenta. Las medias bajas y la cabeza alta, inconfundible. Dos décadas dan para vivir muchos derbis, pero cuando se enfrenta a la Lazio siempre es como la primera vez. Por la adrenalina de saltar a un Olímpico encendido, por los tifos en las gradas, por la guerra de pancartas, por saberse el mejor. Y por el recuerdo de aquel gol en 1998.

No fue, ni de lejos, su gol más bonito. Nada que ver con el cucchiaio el día del 1-5 o con la falta por la escuadra que le coló a Peruzzi. Aquella noche de noviembre, también con la Roma de local, Totti marcaba en un rechace el 3-1 que sentenciaba el partido y en la celebración enseñaba un mensaje bajo su camiseta dirigida a la afición laziale: “Vi ho purgato ancora”. Una simple frase en romano que venía a decir algo así como “Os he vuelto a joder”. El 10 romanista se convertía en ese momento en un enemigo irreconciliable al que la hinchada celeste no vendería agua aunque se estuviera muriendo de sed, al tiempo que ponía la primera piedra para subir al Olimpo de héroes giallorrosos.

Ayer la historia se volvió a repetir. El brasileño Hernanes quiso robarle el protagonismo al bueno de Francé al marcar un golazo, fallar un penalti y cometer otro en su propia área que Totti se encargó de transformar. 1-1 final y un mensaje: “Os he vuelto a joder”. Esta vez sin camiseta, pero escrito en la frente. Los de Andreazzoli pueden quedarse sin jugar en Europa después de este tropiezo, pero habrá merecido la pena con tal de que su vecino no llegue a la Champions. Pulgar abajo, el emperador manda y su gente es feliz en las gradas. Ya lo decía Gibbon…

09/04/2013

Anuncios

13 thoughts on “‘Vi ho purgato ancora’

  1. Pingback: La sencillez del fútbol | Falso 9

  2. Pingback: Caput, cannioneri! | Falso 9

  3. Pingback: Toni Padilla: “Son muchos años escuchando que el papel morirá y seguimos sin asistir al entierro” | Falso 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s