‘La Vie en Rose’

Bekham-PSG

DAVID LÓPEZ PALOMO | Sus ojos cambiaron hace mucho tiempo su mirada. Más madura ahora, más sosegada, pero siempre dañina para las mujeres, arrebatadora para las cámaras y seductora para las empresas de marketing. Altiva, directa y conquistadora. Nada ni nadie puede cambiar el origen. ‘La mona, aunque se vista de seda, mona se queda’. David, no. Cualquier prenda o atuendo le sienta bien. Ya sea para vender camisetas en China o para promocionar calzoncillos en París. Su presencia guarda ese perfume secreto que huele a triunfo y lleva consigo la fama. Sin querer, pero marcado por la tierra. A menudo polite, encantador y agradable. Nació en el hospital universitario de Whipps Cross, en Londres, donde también dan dos azotes a pesar de conducir por el lado contrario. Un niño normal, como todos al nacer; iguales, aunque los ancianos se empeñen en lo contrario. ¿Guapo? Quizá. Aunque, en realidad, poco importara por aquel entonces.

La vida no le reservaba palacios a la salida de la incubadora. Su padre, ‘Ted’ Beckham, trabajaba en una fábrica de material de cocina; y su madre, Sandra Georgina West, era peluquera. ¿Y el niño? Pues era como todos: le gustaba jugar al fútbol y seguir a Magic Johnson. Su ídolo por aquel entonces. El culpable de que hoy luzca el ’32’ en la elástica del PSG, como ya lo hizo en el Milan. Su seña de identidad, su religión. La misma que profesaba Stuart Underwood, el que dicen fue el primero en apreciar su talento a los nueve años. Como más tarde lo haría Ferguson. Tentado a subir a aquel chico que entró en la Escuela Bobby Charlton como quien entra en la NBA, cegado por los focos, pero con la certeza de ser el mejor.

Sin mayoría de edad, debutó con los red devils, los Bulls de la Premier. Marca inequívoca de la ciudad que le da nombre, imagen del costumbrismo británico, emblema de rectitud y tradición. Un club modélico en las formas y en lo mediático. Acostumbrado a que sus jugadores exhalen la droga del Teatro de los Sueños como método de adicción. El escaparate perfecto. La primera pasarela de un Beckham que aprendió a cambiar de imagen al lado de Victoria. Su otro diablo. El que le trae de un lado a otro. De Manchester a Madrid, de Madrid a Los Ángeles, de Los Ángeles a Milán y de ahí a París. Su último destino, el que le enfrentará al Barcelona. El club con el que hizo una prueba cuando era pequeño y el mismo al que pudo ir con Laporta en la presidencia.

No obstante, Florentino le ofreció formar parte de los Globetrotters. Traicionar a Magic y convertirse en Jordan. Acabar con el ‘7’ que llevaba en el Manchester y heredar el ’23’ que le convertiría en leyenda. Cantos de sirena que sonaban a música celestial: Zidane, Raúl, Figo, Ronado, Beckham. ¿Quién hubiera dicho que no en aquel verano de 2003? Todo aconsejaba tomar aquella decisión. Olvidar el fútbol y abrazar el negocio. El principio del fin del que decían iba a ser el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Capaz de vender en China su imagen con el Real Madrid, pero incapaz de adaptarse a la Liga española, donde sólo consiguió un campeonato en cuatro años.

Abandonó el primer nivel como aquel que pudo ser y que no llegó a ser. Sin embargo, desde entonces nadie le ha negado su casa, ya sea en Los Ángeles o en Milán. En su último destino ha buscado el amor que lleva tiempo sin recibir, el de la Champions. Ahora puede volver a ser candidato a ganar aquellos títulos que se le negaron en su etapa en el Real Madrid. Como aquel chico que se hace mayor antes de tiempo y pocos años después intenta recuperar una porción de su infancia. Beckham busca ahora hacerlo con un equipo de gala, en el que se sabe suplente, pero puede recuperar su esencia. Ya no aspira a ser Jordan, se conforma con ser Magic. No le importa el dinero, lo puede donar, aunque proceda de algún emirato aún por situar en el mapa. “Es buena persona”, dicen algunos en Inglaterra. Igual es el amor, como él mismo tiene tatuado en hebreo: “Yo soy de mi amada, mi amada es mía”. Eso sí, si se llama Copa de Europa primero tendrá que acabar con el Barcelona en el Camp Nou. Quizá los Globetrotters con los que él soñó jugar. El equipo al que pudo ir y no fue. El principio y el final de todo.

01/04/13

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