La Naranja Mecánica se pone en hora

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SERGIO MENÉNDEZ | Casi siempre certero, si algo nos ha enseñado el amplísimo refranero español en cuestión de gustos es que nada hay escrito sobre ellos. De no ser así, ¿a santo de qué se inventarían entonces los colores sino para proporcionar un lugar dentro de la gama pantone donde nuestras preferencias quedasen de algún modo cobijadas, por extrañas que parezcan? Pero hasta la sabiduría popular tiene sus imperfecciones, de modo que cualquier sujeto disconforme con la rotundidad y grandilocuencia de unos proverbios que muchas veces tratan de disimular la vergüenza, el miedo ante la posibilidad de que alguien arroje una sombra de duda o atrofia sobre nuestra forma de apreciar las cosas, puede rebatirnos con cierta facilidad haciendo uso de las mismas armas. Cabría sugerir, en efecto, que entre tan grande y variado catálogo de aficiones no faltan las que bien se merecen un palo.

He ahí la magia que encierran estas píldoras de casta llamadas refranes, en su poder de confrontar dos ideas antagónicas a través de un sólo código. Un toma y daca donde la experiencia constituye un grado y el intercambio de golpes se prolonga hasta el infinito en los barrios con más solera.

Nuevamente inmersos en la búsqueda del buen gusto y alguna prueba de su existencia, hay supuestos que no admiten discusión. Artes y ciencias suelen verse afectadas por la presencia de este tipo de salvedades, impepinables, ajenas a todo cuestionamiento, enigmáticas, ante las que sólo se puede asentir. En el séptimo de los escalafones en los que suelen dividirse el primero de estos dos grupos, son más bien pocos los autores considerados por la crítica ejemplos de perfección absoluta, directores que han sabido convertir todos y cada uno de sus trabajos en verdaderas obras maestras; genios, en definitiva, para quienes el concepto ‘película de transición’ carece de significado.

Hitchcock aparte, sólo Stanley Kubrick goza de un privilegio semejante. Una carrera labrada a golpe de talento que ni la afilada pluma del Carlos Boyero de turno se ha visto nunca en condiciones de desmerecer, cuando menos, los dichos coloquiales. Sin ser demasiado prolífico, pues sólo un total de 13 largometrajes llevan su firma en el apartado de dirección, este judío nacido en el Bronx padeció desde bien pronto una enfermiza obsesión por el detalle. Gracias a su combinación de meticulosidad y prodigio, Kubrick transformó sus películas en algo universal, verdaderos iconos de la historia del siglo XX. Dejando2001: Una odisea en el espacio’,El Resplandor’ y ‘La Chaqueta Metálica’ a un lado, quizá su título más conocido, el que mayor fama le reportó entre el gran público, sea ‘La Naranja Mecánica’, la novela de Anthony Burgess que plasmó sobre el celuloide en 1971: un canto a la ultraviolencia que hoy traemos a colación para delicia de los futboleros a propósito de Holanda. Y es que la selección de Van Gaal, al margen de sobrenombres, está haciendo de su clasificación para el Mundial 2014 una labor modélica, sólo comparable al que Stanley realizó en el pasado con su carrera.

Tras su triunfo de ayer frente al combinado de Rumanía por 4-0, la Oranje confirma su buen momento de forma, pues son el único equipo de la zona Europa que cuenta todos sus partidos por victorias y representa, junto a Inglaterra, la selección con mejor diferencia de goles a favor y en contra con un balance positivo de 18 tantos. A ello ha contribuido el papel estelar de Van Persie, la recuperación de activos tan importantes como Arjen Robben o Rafael Van der Vaart y el aporte de los jóvenes Kevin Strootman y Daryl Janmaat, pero sobre todo la labor del seleccionador. ¿Quién sino Van Gaal, un auténtico especialista en la gestión de vestuarios, podría haber acabado con la lucha de egos que Bert van Marwijk había dejado a su salida hasta convertirlo en una especie de Korova? Sólo que aquí la leche fresca se sustituye por bebidas isotónicas y la imagen de Nigel de Jong untándole a Xabi Alonso el Vicks Vaporub a base de taco ha dejado paso al mismo carácter pero con un juego más elaborado.

De momento, parece que el guión de Kubrick le está viniendo bien a Holanda. A falta de cuatro jornadas para que finalice esta fasede clasificación, y salvo catástrofe, ‘La Naranja Mecánica‘ tiene ya un billete reservado para cruzar el charco el próximo verano y  presentar su firme candidatura a la estrella por la que tanto tiempo lleva suspirando, la que España se trajo de Sudáfrica. ‘Videa bien, hermanito, videa bien. Holanda puede volver a ocasionarnos algún dolor de quijotera que otro‘.

27/03/2013

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2 thoughts on “La Naranja Mecánica se pone en hora

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