La memoria del olvido

malaga70FIRMA DE JOSÉ LUIS DUEÑAS | Quienes me conocen saben que soy amigo de las nostalgias, de la tristeza que genera el paso del tiempo y es tal vez ese sentimiento el que me lleva, siempre que puedo, a tocar timbres aleatoriamente en los portales del vecindario, reminiscencia de mi vida infantil; a oler a bodega los domingos por la mañana tras un sábado invadido por el anhelado espíritu universitario; o recordar, gracias al mundo web, las jugadas, los goles y los jugadores que marcaron mi niñez. Es precisamente este último hábito el que, a día de hoy, me sigue produciendo una traicionera sensación de placer y desasogiego. Teletransportado por estas imágenes al patio del colegio, entre gritos y patadas al balón, nace poco a poco en mí una pregunta que últimamente me ciega y obsesiona. ¿Qué jugador sería hoy mi álter ego futbolístico en ese improvisado estadio escolar?

Amigos, llegados a este punto he de confesar que siempre he sido un falso 9…Y un falso 5 y un falso 7 y, por supuesto, como todos, un falso 1, esa posición diseñada para un selecto club de eruditos, privilegiados zagales con una mentalidad ganadora a los que no les afectaban las críticas, personas resistentes al dolor… Está bien, dejaré de andarme  por las ramas. Esa posición estaba reservada para los orondos, los niños de hueso ancho, los rebolondos gusanitodependientes,  y yo, claro, al ser liviano y grácil de cuerpo y espíritu, no tenía mucho que hacer, pero lo que estaba claro es que en cada una de esas falsas posiciones tenía una verdadera leyenda en activo de la que, en mi opinión y con honrosas excepciones, carece el fútbol actual. Un fútbol que ahora regala de forma permanente protagonismo a actores importantes en el desarrollo del ejercicio pero que en ningún caso debería eclipsar la labor de las estrellas del balompié. Hablo, damas y caballeros, de los entrenadores. Y es que los hay de muchos tipos. Guapos, feos, altos, bajos, jóvenes, viejos y hasta eternos. Pero aparece en escena la figura del preparador que critica, amenaza, etiqueta y, lo peor, adoctrina aprovechando su posición.

Vivimos en el tiempo de las sistemáticas declaraciones cruzadas, de los piques insanos , de los dardos envenenados  y de los programas de saltos de trampolín. Y un servidor, que no tiene malicia alguna, se preocupa por lo que considera un retroceso en el espectáculo y el entusiasmo infantil que generaba este apasionante deporte. Ojo, que me refiero al fútbol.

Llamadme populista, demagogo, político o tesorero, pero creo que la idiosincrasia del deporte rey debe alejarse, en la medida de lo posible, de este tipo de actitudes que fomentan la aparición de comportamientos incendiarios que, curiosamente, cuentan a partes iguales con la aprobación y reprobación de las aficiones. Creo que la ‘chispa del fútbol’ no se debe confundir con el ‘cortocircuito futbolístico’, como tampoco se debe confundir el ron de marca blanca con un buen ron. Con esto, y sin pretender ser dogmático, hay un equipo, entrenador incluido, que consigue echar por tierra estas teorías a base de sacrificio, humildad y buen juego. Un equipo que no sólo consigue sacarme al lechón que llevo dentro sino que  debería ser espejo y ejemplo, al menos en lo estrictamente deportivo, para el resto de clubes y al que ahora veremos doctorarse en Europa. ¡Qué extraño!  Todavía no es hora de comer y ya me están apeteciendo unos boquerones.

Quienes busquen una explicación a este maremágnum indeciso, amigas y amigos, que repasen las letras que preceden a esta última frase, que vuelvan a leer el título de este humilde artículo. Y recen, aprovechando esta santa semana (que no Semana Santa) un Ave María por la suerte del entrenador y del equipo al que elogio en secreto y del que  recuerdo geniales centrocampistas como Viberti , Zamoras como el inolvidable Deusto, defensas correosos como Fernando Sanz, mitos del gol como Catanha o leyendas maravillosas como la de Juanito, que todavía hoy recorre los campos de nuestra geografía.

17/03/2013

José Luis Dueñas es periodista con una gran voz, soñador y bohemio.

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2 thoughts on “La memoria del olvido

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