La culpa la tiene el Torino

Cañizares final Champions Bayern

DAVID LÓPEZ PALOMO | *“Los peores antros, a las peores horas, están llenos de la mejor gente”. Y esos bares son, en muchos casos, los artífices de algo nuevo. Ya sea una página web o el germen de un club de fútbol como el Valencia. Da igual cuál sea la empresa, lo importante es que llegue a concretarse. Como lo hizo en el Freemanson’s, en el Ristorante Orologio o en el Bar Torino, donde el murciélago che empezó a volar. No sabemos si tras una botella de vino, un litro de cerveza o alguna bebida espirituosa. El caso es que hace 94 años, un grupo de aficionados, ebrios de cordura, decidieron crear un equipo de fútbol a orillas del Turia. Soñaron que otro mundo es posible alejados de la marabunta que hoy representan Madrid y Barcelona. Consiguieron que, tirando una moneda al aire, se constituyera la primera Junta Directiva del club en la que Octavio Augusto Milego Díaz ejerció como presidente.

No obstante, quedaba mucho por acometer y muchos herederos a los que nombrar. Nadie logra sobrevivir 94 años sin aspirar a contar batallitas cuando envejece. Máxime cuando la Guerra Civil se cruza en el camino de un club que todavía era primerizo por aquel entonces. Carecía de experiencia cuando su estadio se derrumbó fruto de las bombas y la estupidez de los hombres. El terreno de juego, sin césped que cortar, evitaba florecer ahogado por la pólvora. Fueron tres años de domingos vacuos y goles traicioneros que, finalmente, acabaron de nuevo resurgiendo en los años 40 bajo la presidencia de Luis Casanova.

Hubo alguna que otra piedra en el camino, como la gran riada que desbordó el Turia —causando destrozos en el estadio— o las deudas económicas que han ahogado a la entidad durante algunas décadas. Sin embargo, el resto ha sido todo fútbol y goles en un club exigente por naturaleza, que ha intentado por hombría equiparar sus éxitos con los de Madrid y Barça; pero que, a menudo, ha tenido que conformarse con ser el tercero en la partida. Alumbrado, eso sí, en muchas ocasiones, por jugadores que son historia viva del fútbol. Como aquella delantera eléctrica formada por Epi, Amadeo, Edmundo, Asensi y Gorostiza. Por no hablar del Piojo López, Mendieta, Carboni, Ayala, Marchena, Albelda… ¿Quién no ha querido ser como ellos cuando el recreo aconsejaba pegar patadas a un balón?

Aun así, el capítulo más glorioso de la historia de un club que dentro de poco será centenario queda marcado por las lágrimas de Cañizares en la final de la Champions. Un momento amargo a la par que dulce, mullido por el tiempo y congelado para la posteridad en aquel segundo año de final europea. Forjado prácticamente con el mismo plantel y ejecutado bajo las directrices de Héctor Cúper. No pudo ser. De nuevo, el Valencia tuvo que conformarse con la Liga años después ya con Rafa Benítez en el banquillo.

Hoy, 18 de marzo, el Valencia cumple 94 años de recuerdos y sueños compartidos. Muchos de ellos, forjados en el Bar Torino y seguramente impensables el día en que brindaron por primera vez. Como el de ver a Kempes vestido con la elástica che o a Romário compartiendo la ‘ruta del bakalao‘ con el Mediterráneo de fondo. Toca festejar, en cualquier caso, por todo lo acontecido y por lo que está por venir. No es hora de extenderse innecesariamente cuando de lo que se trata es de celebrar un año más. Felicidades.

*Cita de Ismael Serrano

18/03/13

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13 thoughts on “La culpa la tiene el Torino

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