Siniestro total

galegos-2MARIO BECEDAS | Ni ‘Me pica un huevo’ ni ‘Matar jipis en las Cíes’. Ni siquiera la mítica ‘Las tetas de mi novia’. El amplio y para osados gustos repertorio de Siniestro Total se encumbra con el himno a su patria allende Breogán. ‘Minha Terra Galega’ ha sido en los últimos años de chapapote y grelos el latiguillo cancionero más recurrente cuando había que girar la cabeza ahí arriba, a la izquierda, en la esquina, donde hasta hace no mucho se acababa el mundo. Apartando la empanada y sorbiendo delicadamente el albariño, es hora de hablar del venidero derbi gallego, contienda a la que los rapaces llegan con más sombras que gozos, bajo un cielo siempre gris, con permiso, claro está, de la dulce Alabama.

Tuvo que ser un legendario Renault 12 destrozado contra una valla el que bautizara a unos atrevidos guitarreros eléctricos que pusieron patas arriba todos los pazos aledaños allá por los 80 con sus poco elegantes a fuer de sinceras letras. Aparte de costarle el bazo a un amigo y unas pocas brechas a los demás, ¿a quién no le pasa?, el impacto desembocó en esas dos palabras malditas que nunca queremos adivinar en los peritos de Mapfre. La chatarra resultante, siniestro total, hizo exclamar un “¡Joder!” que inscribió a la formación en el libro de familia del siempre macilento rock español. La expresión en sí empezó a cobrar con estos locos tunantes del riff un sentido de sorna, de ironía. Una manera de tomarse a coña el inevitable “¡Qué desastre!”.

Es ahora, cuando los idus de marzo no pueden ni derrocar a la poderosa sombra del Augusto César, nuestro afable Lendoiro, el momento en que se acerca a las costas gallegas otro siniestro con considerables daños que para uno de los autos puede ser total. El choque que se avecina viene a ser una colisión entre dos chatarras andantes que han perdido todo el glamour que antaño guardaron. Tanto el Depor como el Celta llegan a la cita en horas más bajas que las rías. El último y el penúltimo de la tabla comparten casa y mujer, pero por lo demás se odian a morir. Haciendo apología de sus amados rockeros, ambas aficiones comienzan los encuentros entonando mano en el pecho el ‘Minha Terra’ para acabar chapurreando coléricamente otro hit de grada y astracán similar al ‘Bailaré sobre tu tumba’ de la mentada banda.

No hace tanto que ambas huestes se vieron las caras en Segunda, donde puede que se las vuelvan a encontrar el próximo solsticio. Toda vez que el oráculo Tebas no acertase en su pronóstico sobre la desaparición del club de Riazor. Y es que a este Depor de afanadas glorias, el precedente inmediato del Barça que amilanó cuatro veces a los asalariados de Berlusconi, se le ha venido apareciendo la Santa Compaña cada noche que ha saltado al campo. El susto en cada comparecencia de las almas en pena ha sido tan grande que ha dejado la institución convertida en una Sociedad de Ánimas Deportiva.

Algo de esto ha debido propagarse también por la ría de Vigo alcanzando a los vecinos de Citroën. Con una trayectoria regular, a Paco Herrera, que agonizaba de muerte en cada rueda de prensa, lo terminaron de matar. No se sabe si por falta de oxígeno o de resultados. La caída libre hizo que los procelosos hijos de Mouriño, otro distinto al amigo de Ferguson, no honrasen la Cruz de Santiago que llevan bordada en el pecho. En la panoplia no faltó ni el ‘Cierra España’ que le soltaron al patriota Salva.galegos-1

Uno recuerda con añoranza los encuentros pasados entre los vástagos de la diagonal celeste. Quién escribe de fútbol sin haber gozado con el ballet entre el estiloso pero iracundo zar Mostovoi y un desquiciante pero exquisito Djalminha. Eran los años buenos, en los que las redes se llenaban de percebes. ‘O noso derbi’, como lo denominan los parroquianos, era un choque de trenes de lujo. Una lucha de titanes en la que siempre ganaba Mauro Silva. Estos encuentros dejaban heridos pero no estropeaban el vehículo. Nadie ha sido incapaz de mantener las posaderas quietas en el sofá al presenciar a Giovanella haciendo cantar a Manuel Pablo ‘La Traviatta’ con una violencia pernil inusitada que dejó a la tibia del canario bailando ella sola por el tapete la lambada.

En los días presentes, sumergidos tanto el Depor como el Celta en el fango y la suciedad de la cloaca de la Liga, el lance entre ambos tendrá todos los atenuantes propios de los bajos fondos. “Nada. Él sacó un cuchillo y yo le pegué un tiro”, dice Groucho Marx en una de sus más fílmicas sentencias. Y esa parece la tónica de una prometedora y sana rivalidad deportiva que se ha deshinchado como una gaita a la que solo aprietan pero a la que no introducen aire nuevo. Sólo queda por ver si Fernando Vázquez, que ha preparado las queimadas y conxuros tanto en una cocina como en la otra, tiene el secreto para evitar el advenimiento de las meigas. Mientras tanto, hay algo bien seguro, y es que, a todo riesgo, con el alcance del domingo habrá que dar un parte de siniestro. ¿Total?

15/03/2013

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