Ni Champions, ni Papa

Milan PapaÁLVARO MÉNDEZ | “Habemus papam”, anuncio el cardenal francés Jean-Louis Tauran ante el expectante alboroto de las decenas de miles de fieles que abarrotaban la Plaza de San Pedro. Cuando todas las quinielas apuntaban al mediático Angelo Scola, milanista de los pies a la mitra, apareció un hombre de complexión débil, sencillo, con gafas y cruz de madera. Sin ostentaciones. Un inesperado cardenal bonaerense, al que ni siquiera los mejores vaticanistas auguraban un mísero pase a cuartos de esta particular competición que es el Cónclave, se asomó temeroso al balcón de las bendiciones para darse a conocer entre sus seguidores. Ni rastro del rossoneri.

En sólo dos días, los devotos de San Siro han visto cómo el destino les ha expulsado cruelmente de la gloriosa senda de la Champions League y una fumata blanca ha calcinado por imperativo divino sus expectativas papales. Y en ambos casos, con el juego de toque como arma letal y un menudo argentino azulgrana al frente. Si el pasado martes el verdugo fue el ‘triste’ Messi, ayer fue un tal Jorge Mario Bergoglio, en adelante Francisco.

Fiel hincha de San Lorenzo de Almagro —club fundado precisamente por un sacerdote con los colores del manto de la Virgen María Auxiliadora—, el nuevo Papa ha confesado en varias ocasiones que una de sus grandes pasiones era acudir al Viejo Gasómetro para animar a su equipo como un ‘cuervo‘ más. De hecho, tuvo la suerte de disfrutar de la mítica escuadra del Terceto de Oro formado por Farro, Pontoni y Martino que se hizo con el título liguero en 1946. La foto con el banderín del Ciclón ya ha dado la vuelta al mundo. La felicitación oficial vía Twitter por parte del club, también. Dichosos colores.

Pero es que, además, los 115 cardenales enclaustrados bajo los ojos del Adán de Miguel Ángel bien podrían haber optado por la alternativa sensata, continuista, que ofrecía el cielino Scola. Su elección habría supuesto una etapa papal conservadora bajo las maneras de un cardenal de principios similares a los de Benedicto XVI cuando asumió el timón de la Barca de Pedro. Un blindaje de la tradición cristiana ante los retos que presenta el siglo XXI. Un pontífice, al fin y al cabo, de catenaccio. Cerrojazo y a la contra. Pero con la eficacia como bandera. Sin embargo, decidieron apostar por un juego más creativo, más arriesgado, por el tiki-taka, por una concepción más romántica y vistosa de la religión. Por un jesuita. Salvando las distancias religiosas, por un idealista Bielsa en contraposición a un defensivo Allegri.

Aun con excepciones, el catenaccio se ha caracterizado siempre por amarrar resultados. La imaginación y el toque, por enganchar a la afición. ¿Responde a ello la elección de un pontíficice moderado como Francisco? Quizás la respuesta escape al razonamiento humano. Lo que sí sabemos es que, de nuevo, la historia ha vuelto a repetirse. Quien llegó favorito —como el Milan—, quedó eliminado. En terminología vaticana, quien entró de Papa al cónclave —caso de Scola— salió cardenal. O es que, a lo mejor, sencillamente la mano de Dios tenía que ser argentina.

14/3/2013

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