Sergio García, el último gafe

Sergio-García-Espanyol

DAVID LÓPEZ PALOMO | Muchos recordarán a aquel chico lampiño, con el pelo a lo Bart Simpson y el amarillo de la Senyera tintado en la cabeza el día que debutó con Rijkaard hace ya más de diez años. Espigado, atlético e imaginativo, llegó al primer equipo avalado por los 969 goles que había anotado en las categorías inferiores. No tenía miedo, había crecido entre gitanos en el barrio del Buen Pastor, cerca de la Ciudad Condal, en unas casas fabricadas en los años 30 para acoger a los inmigrantes llegados a Cataluña desde el resto de España. Andaluces, manchegos, extremeños… Hombres de campo que encontraron refugio en la fábrica y criaron a sus hijos al amparo del catalán. En muchos casos, en un entorno poco propicio para que alguno de aquellos ‘locos bajitos‘ acabara siendo un hombre de provecho. Alguno habría, seguro. Pero no fue el caso de Sergio García, que supo antes de la filosofía del balón que de las aurigas de Platón. Ya lo confesó él mismo antes de ir a la Eurocopa de 2008: “No he leído ni los libros del colegio”. No importa, no es ése el tema que nos ocupa. Sí lo hace su fama de gafe y lo que puede ser su cuarto descenso como futbolista.

La situación del Espanyol así lo indica. El conjunto perico tan solo ha conseguido rascar un empate en sus tres últimos partidos. Sin rumbo desde que comenzó la Liga, Aguirre llegó como salvavidas de un barco que, a priori, debería salvarse. Sin embargo, y aunque la cosa empezó bien, la embarcación ha vuelto a resentirse. La marea sigue su curso llevando a un Sergio que yace en la superficie como el náufrago que espera su final: arrodillado y sin fuerzas para cambiar su destino. Mudado en apariencia, arrastra el aspecto de su derrota en una barba que ya no se afeita, un pelo que ya dejó de mirar hacia el cielo y un fútbol que ya se ha olvidado de él. Esta temporada, ha anotado cuatro goles en 15 partidos. Y lo que es más preocupante, no ha dado ninguna asistencia.

No es la primera vez, sin embargo, que el jugador se encuentra en esta tesitura. Es más, siendo exactos, se puede afirmar que es la cuarta vez que vive de cerca lo que parece ser otra crónica de una muerte anunciada más. Como ya lo fue en el Levante, en el Zaragoza y en el Betis. Con una única excepción, su presencia en el equipo que ganó la Eurocopa de 2008. El momento culmen de su carrera, la chispa que parecía devolverle la gloria que perdió al salir de la Ciudad Condal. No obstante, no fue así. La vida le dio otro revés a su carrera al consumar su segundo descenso con los maños y su tercero con los andaluces. Ahora, quizá pueda sortear al destino si el Espanyol vuelve a sumar. Todavía le queda margen de reacción antes de volver a ser catalogado como ‘gafe‘. Y, sobre todo, mucho fútbol que recuperar.

En cualquier caso, no es el primero ni el último. Por la Liga han pasado algunos que otros jugadores que merecen una mención especial. Es el caso de Oliveira, que acompañó a Sergio García en la delantera del Zaragoza y el Betis; el ‘Mono’ Navarro Montoya, que sufrió sendos descensos con Extremadura, Mérida y Tenerife; o Henok Goitom, que vio bajar a Segunda a Murcia y Almería. Eso en lo correspondiente a lo nacional y sin hablar de entrenadores (que merecen un capítulo propio). Internacionalmente, los más gafes serían Ballack, Robben y Barbosa. ¿Quién da más?

11/03/13

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