‘7 vidas’

karimMARIO BECEDAS | Son las que tiene un gato y de las que no sabemos cuántas le quedan al reconocido como felino Karim Benzema, cuya trayectoria vital al margen del balón, amén de ciertos desacuerdos capilares, lleva unas trazas muy similares a la de aquel Javier Cámara con el que nos tronchábamos cada ocaso semanal. Sin embargo, los exabruptos circunstanciales de alguien, a priori, tan tranquilo hace que su personaje titubeé entre el anteriormente citado y el de Toni Cantó, pero no el de la serie, sino el de la política. El actor escandaliza diciendo, el francés haciendo.

El síndrome de futbolista con un mando de PlayStation cosido a la mano que nació con las procelosas minidepresiones de Anelka ha encontrado su continuación espacio-temporal en otro hijo del gallo francés. A diferencia de su también liso predecesor, Karim ha preferido montarse en un bólido de verdad en vez de optar por el sillón relax de casa. Lo demás ha sido todo igual, apretar todo el rato a la X, hasta con la uña, como se hacía en la más tierna adolescencia para ganar la carrera al contrincante de turno. A ver si tu coche corría más que el del otro.

En este modelo tan poco virtual no se incluía la opción de elegir entre Interlagos o Nürburgring, por no hablar de Laguna Seca. El componente castizo y costumbrista lo puso una M-40 con límites de velocidad para carros, carretas y diligencias que arrastren las viandas de provincias a la capital. Escenario idóneo para este sainete en el que Benzema se ajustó los guantes de conducir y aceptó un reto ‘a todo gas’ contra otro Vin Diesel, desconocido, del Real Madrid.

Pudo ser trágico el resultado, si bien es cierto que los ya habituados futbolistas a las colisiones con deportivos tienen un ángel cuando pisan el cuarto pedal, ése que sólo tienen ellos y algún que otro multimillonario. La inercia del nuevo mundo. Antes un buen rico era llevado lentamente con su puro en la mano, como Rajoy en Nueva York, para que el populacho apreciara su posición y su cochazo, además de disponer de un chófer con gorra de plato e impoluto gabán. Pero este estilo señor Burns se lo han saltado las nuevas y musculadas fortunas mediáticas del balompié. Desde Cristiano Ronaldo hasta Tévez, pasando por un acostumbrado Eto’o y obviando el especial de ‘Más que coches’ con el que Banega nos deleita cada trimestre.

Este pequeño affaire de Benzema le pone a los pies de los caballos pero a la jeta de la Justicia, esa que emana del pueblo y reparte igualdad ante la Ley toda vez que no estés forrado de emolumentos dinerarios y tengas que ir convocado a un Clásico en el que tu función de calentar la manta de cuadros en el banquillo es imprescindible para ganar al Barça.

Si en el mundo del fútbol hay un recoveco perfecto para que un futbolista se refugie, éste es la palabra ‘molestias’. La excusa perfecta para desaparecer del tapiz cuando la conexión jugador-míster es la misma que patrón-subalterno, del ordeno y mando al odio. Y en esta sombra ha escondido Benzema su adornado rape cabecero para no tener que vérselas con el domador portugués que convirtió al lyon en gato y que este año a punto está de convertirlo ya en ratón. Si Karim aguanta silencioso es porque parece que rehuye el conflicto. El tipo pacífico y tímido que no ríe sino que sonríe con miedo y al que uno luego no se imagina calentando el Audi hasta los 200 km/h. Tenérselas tiesas con Mourinho es para aquellos que dejan el factor de la acción para el curro. A esto ayuda que ahora mismo el mayor rival suyo en la punta blanca es Higuaín, otro que ha sucumbido al ‘efecto Marcelo’, engrosados y engrosados a raíz de sus lesiones por el brujo luso para comérselos cuando sea menester.

Con estos dos rollizos nueves, es fácil que esa parcela del campo se ensombrezca a la mínima y tenga que venir el protomártir Cristiano a traer algo de luz con el brillo de su dentición y su gomina. Tener la bendición y aval del mecenas Florentino no es suficiente para el robusto micifuz que tiene que liberar su adrenalina entre altas velocidades. No es fácil saberse apto para la partida pero necesitar la confianza y la concienciación de un doctor Frankestein que le hizo renacer y que del mismo modo le reconvirtió en ceniza. Sólo que esta vez no es precisamente la criatura la que se le ha ido de las manos.

El cartel de cartón con la palabra ‘suplente’ que parecía portar Karim en el segundo Clásico, el de la solana y la vergüenza, por lo aburrido que fue, resumió que ahora mismo el gato está sin botas. Su gol nada más comenzar el encuentro resultó ser un isla. Un rechace que dio en el sol y acabó besando la red. Un tropiezo. El resto del partido el francés se dedicó a dar a la pelota con la rodilla para perderla más fácilmente. Una roca blanca inmóvil se quedó clavada en medio del campo. Ante tal despropósito, junto a un Kaká, que parecía un quinto árbitro vestido de blanco, corriendo al lado de la jugada pero sin tocarla jamás, Mourinho tomó cartas para no quemar en exceso al respetable piperío.

Como se dice en alguna familia política, las cosas pueden ser simuladas y en diferido. Lo que ocurrió en el templo al fútbol que fue el partido de Old Trafford. Un Mou acogotado por los coloretes de Ferguson se vio agobiado porque los flashes le culparan a él de la derrota y decidió sacar al minino simulando, pero ya en diferido, que podría darle un vuelco al choque. Viendo que Arbeloa, bendito él, había salvado la eliminatoria, se vio la imagen más dura del pobre Karim en su periplo merengue. Atándose los cordones del pantalón para salir al tapete, recibió el farandulero gesto del míster portugués. Un “no, bonita“. Te has arreglado, pero no sales de fiesta. Esa cara de consternación cabizbaja no se podía borrar ni con toda la velocidad del mundo.

Y es que las buenas pintas de gabacho bonachón e hirsuto de Benzema, como la de un voluntarioso y callado Jean Paul Belmondo en una particular versión de ‘Los Miserables’, no deben hacernos pensar que el joven es ajeno a la situación que vive. Malos tiempos para el adorable micho que ve cómo gasta sus vidas sin llevar la cuenta, porque no sabemos cuántas, pero muchas no le deben quedar ya. La DGT le va a quitar más de una y su míster ya le ha arrancado varias. Mientras lo medita, seguirá sentatido en su banquillo cantando: “Marramamiau, miau, miau”.

07/03/2013

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