Tartufo

tartufo-costaMARIO BECEDAS | Aviso para la desaforada juventud del foro, valga la redundancia, que el título no hace referencia a la por noches muy transitada a más de cool discoteca madrileña ni a ninguna correría del futbolista que sobre estas líneas posa en su cuadrilátero central o divanes adyacentes. Se lo robamos a Molière para hacer una semblanza justa del aquí protagonista. Y es que, en la dificultad de abstraerse de los bocinazos de la España rampante en torno al Clásico, es ardua labor para todo plumilla futbolero sacarse tema y unas líneas adecuadas tocando actualidad pero sin rozar la pierna del agotador e interminable duelo entre los ricos del centro y los del noreste.

Repasando la tabla de los primeros de Tebas, nos encontramos que fuera del puente aéreo este año sólo queda en liza un tercero que se acerca a la decencia en este vals suelto de dos. A la orilla del Manzanares, Peineta en el horizonte —no la de Bárcenas, calma— el robusto pero muy elegante Simeone pugna cada semana por apuntalar al Glorioso en la parte noble de la cima nacional haciendo verdaderos trucos que se mueven entre el milagro y la nigromancia.

Tras eliminar a un Sevilla que todos los años es equipo revelación, pero que ya ha revelado todo lo que puede dar de sí, el Atleti se encamina hacia una final de Copa en la que le espera un Madrid al que lleva más de una década sin hacer un rasguño. No es éste el mejor puerto de montaña para un pelotón que conducía una escapada imparable desde que empezase a ganar Europa Leagues como churros y vengase al karma humillando a un truculento e incapaz Chelsea. Juez y parte de este milagro ha sido, desde luego, el coloso Falcao. ¿’Kun’ qué? Pero el análisis de la obra del Cholo no se puede quedar ahí. A comienzos del curso, el conjunto colchonero se parecía al suelo patrio que nos vio nacer, donde uno trabajaba, el Tigre, y el resto, los otros 10, miraban. Pero el otrora catorce argentino aprovechó el ritmo impuesto para cambiar la tendencia para cuando al colombiano se le torciera la bota o el sueldo.

Analizando la trayectoria europea de este año, es fácil encontrar vestigios de las Sagradas Escrituras en el “levántate y anda” de Simeone a Raúl García. Si bien a veces los panes y los peces se atragantan, véase el affaire Asenjo ante el Rubin. Pero la labor colosal del entrenador ha resultado ser la rehabilitación para el fútbol de Diego Costa. Una bala perdida que ha hallado puntería. Este joven que en lo físico, y quizá en algún aspecto más, se acerca a una mezcla entre Alves y Caminero, es harto conocido en los resúmenes de la Liga por su afición a los esputos, tanto propios como ajenos. Un polémico jugador que ha sido clave en la defensa que hace el Atleti por mantener viva la llama de ‘los otros’ en el balompié que nos rodea.

Cuando ya había vestido todos los cromos posibles de la geografía hispana al ser el descarte oficial en cada limpia colchonera, el brasileño oriundo de Lagarto retornó a casa por Navidad —bueno, no, un poco después— reclamado por su legítimo dueño tras demostrar al otro lado de la M-30 su buen hacer en Vallecas. Rescatado para la inmortalidad, el travieso de Diego se puso un poco nervioso y nos dejó momentos para la mayor gloria de ‘El día después’. Su tragicómica actuación frente al Real Madrid, focalizada contra Ramos, imprimió la imagen de villano para todo y para todos. El que agarra en los saques de esquina, el que empuja, el que finge ante las patadas al esférico. Pero el Cholo le enmendó la plana. Lo ha reconvertido en voluntarioso y entregado acompañante de Falcao. En pieza clave. La eliminatoria contra los hispalenses fue cosa suya. La dinámica ha cambiado. Contra el Betis se pudo apreciar cómo ahora es él el destinatario único de los buenos garzos, pues si él quiere, lo suyo ya es escupir goles o asistencias. Hasta los rivales caen en su cálida trampa, díganselo al iracundo Medel cuando partió una silla frente a la Policía Nacional o al tuitstar revelación con teclado inquieto Kondogbia, de quien habrá que comprobar la veracidad de sus 140 caracteres. La provocación hecha hombre, de costa a Costa.

Pero retornando a la atávica moviola, quedan detalles como la expulsión ante el Plzen por ese inusitado testarazo al rival en plena ‘zona Cesarini’, dejando en un compromiso a sus compañeros para el ulterior encuentro. Asperezas a limar, Simeone va alcanzando cotas. Consigue retener al toro tras el portón para que salga al albero con toda su fuerza, pero no descuidando que el respetable vea unas buenas verónicas. Aún queda que pulir. La técnica se va depurando, pero la cabeza sigue alborotada. Con razón se quería calzar el siempre a punto Del Nido la elástica de Nervión para detener al brasileiro. Tuvo que conformarse con el traje y la corbata del palco. Desde que se fue Laporta este hombre ya no es lo mismo.

Así que sí, éste es el mito de Tartufo, pero a la inversa. El libreto nos dejó al listillo que iba de bufón ignorante para engañar a todos. Ahora en el Calderón nos encontramos al que era un bufón maleducado que pretendía ir de listillo y al que el devenir del fútbol ha otorgado inteligencia. Quizá en la obra de Molière hubiera más mala fe de impostor en el personaje principal que en esta representación atlética. La cosa es que Diego Costa deje de abrazar cual oso la chanza en el córner y haga lo propio con el madroño, porque las barras rojiblancas le necesitan. Es la disputa del héroe y del villano. Fuera de casa, su reputación es otra historia. ¿Se estará  saliendo al fin el personaje de su papel? Sólo se puede decir que, de momento, los domingos no aburrirán.

01/03/2013

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2 thoughts on “Tartufo

  1. Costa es un cerdo. Lo lleva dentro. Si no hubiera sido futbolista estaria en cualquier carcel en Brasil. Si vais a defender a este tramposo, marrullero, piscinero….mal enmpezais. El articulo es un churro lleno de mentiras.

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